La muerte de un comerciante durante un violento asalto volvió a sacudir a Mar del Plata y reavivó el debate sobre una inseguridad que, según denuncian vecinos y comerciantes, parece haberse convertido en una constante cotidiana. El crimen de Ricardo Raúl Ruiz, de 48 años, no solo generó conmoción en el barrio Malvinas Argentinas, sino que también profundizó el sentimiento de impotencia de una comunidad que reclama respuestas urgentes frente al avance del delito.
Ricardo Raúl Ruiz fue ejecutado de un disparo en el pecho durante un asalto perpetrado por dos motochorros que ingresaron armados a la ferretería Bener, ubicada sobre la avenida Libertad al 7700, casi Luciano Arrué. La brutalidad del ataque volvió a poner en evidencia el dramático escenario de inseguridad que atraviesa Mar del Plata, mientras vecinos sostienen que las autoridades provinciales y municipales parecen vivir una realidad completamente distinta a la que enfrentan diariamente miles de marplatenses.
Tras el ataque, Ruiz fue trasladado de urgencia hacia el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA), distante a unos tres kilómetros del comercio. Aunque ingresó con signos vitales y el personal médico realizó todos los esfuerzos posibles para salvarle la vida, el comerciante falleció pocos minutos después como consecuencia de la gravedad de la herida sufrida.
La rápida intervención de efectivos de la comisaría sexta permitió desplegar un operativo cerrojo en la periferia oeste de la ciudad. Como resultado fueron detenidos dos sospechosos: Alan Alberto Ovejero, de 25 años, y Tomás Hoste, de 23.
Uno de los acusados, considerado por los investigadores como el presunto autor del disparo fatal, fue capturado en Brandsen y calle 186. El segundo intentó escapar desplazándose por los techos de las viviendas de la zona, aunque finalmente fue reducido en la intersección de Berutti y 186. Durante el procedimiento, los policías secuestraron un revólver calibre 32 que ahora será sometido a distintas pericias.
El fiscal Carlos Russo convalidó la detención de ambos imputados y quedó al frente de la investigación. Mientras tanto, especialistas de la Policía Científica realizaron los peritajes correspondientes dentro de la ferretería para recolectar pruebas que permitan reconstruir con precisión la mecánica del homicidio.
El asesinato de Ruiz no aparece como un episodio aislado. Por el contrario, representa un nuevo capítulo de una preocupante escalada de violencia que golpea a distintos barrios de Mar del Plata. La periferia oeste, integrada por sectores como Malvinas Argentinas, Libertad, Bernardino Rivadavia, Regional y Las Américas, figura desde hace tiempo entre las zonas con mayor concentración de robos, asaltos armados y hechos de extrema violencia.
La sensación de abandono crece entre comerciantes y vecinos, quienes sostienen que salir a trabajar o regresar al hogar se convirtió en una verdadera incertidumbre. El miedo dejó de ser una excepción para transformarse en una rutina que condiciona la vida cotidiana de miles de familias.
El hartazgo social quedó reflejado días atrás en un cacerolazo convocado por redes sociales. Desde balcones, ventanas y veredas de distintos barrios , desde el macrocentro hasta Playa Grande y la zona sur, cientos de vecinos hicieron sonar cacerolas y activaron alarmas domiciliarias para reclamar medidas concretas frente a la ola de robos, entraderas y ataques violentos que se multiplican en toda la ciudad.
Los reclamos apuntan principalmente a la falta de prevención. Integrantes de distintos foros de seguridad advierten que varias dependencias policiales sufrieron una importante reducción de personal operativo debido a traslados y falta de recursos, situación que habría debilitado considerablemente los patrullajes, especialmente durante la noche.
Mientras la inseguridad continúa cobrando víctimas y el temor se instala en cada barrio, crece la percepción de que las respuestas oficiales siguen siendo insuficientes. Para numerosos vecinos, tanto el gobierno provincial como el municipal parecen observar una ciudad distinta a la que viven quienes todos los días abren un comercio, salen a trabajar o simplemente intentan caminar por las calles de Mar del Plata sin convertirse en una nueva víctima del delito.
