Lionel Messi se merecía otra despedida

Hay despedidas que quedan grabadas para siempre. Y hay otras que, aun siendo emotivas, dejan una sensación difícil de explicar: faltó algo.

La despedida de Lionel Messi tuvo momentos hermosos, pero también dejó un sabor amargo. O, mejor dicho, una sensación de que un jugador que le dio tanto a la Selección Argentina, que atravesó momentos difíciles, que volvió a intentarlo una y otra vez y que finalmente consiguió todo, merecía mucho más.

Messi no es solamente un futbolista extraordinario. También construyó, a lo largo de los años, una imagen ligada a su familia, a su manera de vivir, a determinados valores y a una relación muy particular con la camiseta argentina.

Por eso, quizás esperábamos una despedida a la altura de semejante historia.

Un discurso que dejó preguntas

Su discurso, atravesado por el cansancio y por la necesidad de aclarar algunas cuestiones, también dejó una sensación particular.

Messi quiso explicar, aclarar, dejar algunas cosas en su lugar. Pero hay una vieja frase que vuelve a aparecer en estos casos: a veces, cuando uno intenta aclarar demasiado, termina oscureciendo algunas cosas.

Y queda también la pregunta inevitable sobre aquella final frente a España: ¿por qué determinados jugadores de enorme jerarquía, como Lautaro Martínez y otros, no tuvieron la oportunidad de ingresar?

Quizás algún día aparezcan las explicaciones. Quizás no.

Pero el fútbol también está hecho de esas preguntas que quedan flotando.

Una despedida que pudo ser mucho más

La participación de La Sole fue uno de los momentos más emotivos. Brindis es una canción hermosa y su interpretación tuvo sensibilidad.

Pero también es cierto que esa misma canción ya había sido utilizada en homenaje a Diego Maradona y al propio Messi en otra oportunidad.

¿No hubiera sido posible elegir otra canción que representara exclusivamente este momento?

Una canción popular cantada por todos. Un homenaje musical construido especialmente para él. Algo que quedara asociado para siempre a la despedida de Messi.

También faltaron, quizás, algunos detalles simbólicos: una fotografía especialmente elegida, un video que recorriera toda su historia desde sus comienzos, imágenes de sus primeros pasos, de sus triunfos, de sus momentos más difíciles y, por supuesto, de cada una de las Copas que ayudó a conseguir.

No hacía falta hacer algo gigantesco.

Hacía falta hacerlo inolvidable.

Cuando el sponsor ocupó demasiado espacio

Y aquí aparece otro punto.

Que un evento tenga sponsors no tiene absolutamente nada de malo. Al contrario: detrás de un espectáculo de estas características hay enormes costos y es lógico que las empresas acompañen.

Pero hay una diferencia entre acompañar y ocupar el centro de la escena.

La imagen de una empresa de seguros apareciendo en enormes dimensiones en el cielo, mediante drones, antes de dar paso a imágenes de la Copa, del escudo de AFA y finalmente a la figura de Lionel Messi, generó una pregunta inevitable:

¿Era necesario que la marca apareciera de semejante manera antes que el homenajeado?

El sponsor es importante.

Pero esa noche, el protagonista tenía nombre y apellido.

Lionel Messi.

Y entonces apareció la familia

Quizás uno de los momentos más fuertes no estuvo en una pantalla gigante ni en un espectáculo de drones.

Estuvo en la familia.

Celia, con esa humildad que tantas veces mostró, permaneció en un segundo plano. No se la vio buscando protagonismo, ni intentando ocupar un lugar que no le correspondía.

Y uno inevitablemente piensa: ¿cuántas imágenes habrán pasado por su cabeza en ese momento?

Ella quizás no haya intervenido directamente en las decisiones deportivas de su hijo. O quizás sí lo haya hecho en determinados momentos. Pero hay algo que seguramente hizo junto a su marido: transmitir valores.

Los valores no siempre se enseñan hablando.

Muchas veces se enseñan viviendo.

Y algo de eso parece haber quedado reflejado en la familia que Messi construyó.

En otro momento de la ceremonia, Messi llamó a su familia. Sus hijos y su esposa se acercaron para abrazarlo. Su hijo mayor no podía contener las lágrimas mientras abrazaba a su padre.

Fue una imagen mucho más poderosa que cualquier puesta en escena.

Después, Messi recorrió por última vez la cancha para saludar al público.

Y su familia hizo algo que también llamó la atención: le cedió el protagonismo.

Se quedaron atrás.

Lo dejaron caminar solo.

Lo dejaron despedirse.

A veces la grandeza también se demuestra sabiendo cuándo dar un paso atrás.

El ritmo de una despedida

También hubo pequeños momentos que llamaron la atención.

Por momentos, algunas miradas entre los jugadores parecían preguntarse simplemente qué seguía, como si el homenaje todavía buscara su ritmo.

Quizás sea apenas una percepción de quien observaba desde afuera. Pero en una despedida tan importante, esos pequeños detalles también forman parte de la escena.

La camiseta y una última coincidencia

Seguramente no tardará demasiado en aparecer oficialmente, o no tanto, aquella camiseta que Messi lució en su despedida.

Y hay que decirlo: es realmente hermosa.

Porque tiene algo que ninguna marca puede inventar.

Tiene los colores de nuestra bandera.

Celeste y blanco.

Los mismos colores que llevaron a Messi desde aquel chico que soñaba con jugar para la Argentina hasta convertirse en uno de los futbolistas más reconocidos de la historia.

Messi, gracias

Quizás por todo esto la despedida haya dejado sabor a poco.

Porque cuando se despide alguien que dio tanto, uno espera que el homenaje esté a la altura de lo que esa persona significó.

Messi fue, es y seguirá siendo un ídolo para la Argentina.

Lo admiraron los niños que hoy sueñan con ser futbolistas.

Lo acompañaron los jóvenes que crecieron viéndolo jugar.

Y también lo disfrutaron los adultos que atravesaron generaciones enteras de fútbol.

Nos hizo visibles en el mundo.

Nos hizo llorar.

Nos hizo gritar.

Nos hizo abrazarnos con desconocidos.

Y, sobre todo, hubo algo que durante mucho tiempo pareció imposible:

nos hizo sentir que los argentinos podíamos estar juntos detrás de una misma camiseta.

Ojalá algún día aprendamos de eso.

Que un país puede unirse cuando quienes tienen responsabilidades de conducción entienden que el protagonista no siempre tiene que ser quien dirige, sino aquello que nos une.

Esta vez, el protagonista tenía que ser él.

Gracias, Lionel.

Por las alegrías, por las lágrimas, por las vueltas, por las derrotas y por las Copas.

Gracias por haber llevado nuestra camiseta hasta lo más alto.

Te vamos a extrañar.

Desde los niños que recién empiezan a descubrirte hasta quienes te vimos crecer, caer, levantarte y finalmente convertirte en leyenda.

GRACIAS, MESSI