Alberto Baldino un ejemplo de trabajo que dignifica a los italianos que hicieron grande a Mar del Plata

No todas las notas son de actualidad, de economía, de política. Ni todas hablan de inseguridad, de cosas por hacer o cosas que deberían ser hechas. Hay notas que hablan de vida y en esa vida, también se habla del pasado. Un pasado de valores distintos, de sensaciones diferentes y de nostalgia.

Alberto Baldino, es un hombre que acaba de cumplir 91 años. Con 30 años de pescador, colectivero y camionero. Nacido en Ischia, Italia, en diálogo con “el Retrato…” afirma: “Llegué a Argentina en 1949, a los 19 años. Acá ya estaba un hermano mío. Él fue quien me pagó el pasaje y luego se lo devolví. Y si bien allá trabajaba en el campo, era agricultor, apenas desembarqué en Buenos Aires agarré el tren y un viernes me vine a Mar del Plata. Al otro día, el sábado, entré a pescar. Me estaba esperando la lancha. Una de las lanchas amarillas”.Alegre y simpático, rememora: “Me acuerdo que fuimos a pescar anchoítas. Qué lindo era. Pescamos cornalitos, pejerrey, magrullo o caballa. Estuve también en barcos medianos, fui Primer Pescador. Enseguida me dieron la libreta, pero tuve que rendir pruebas. La primera lancha donde estuve cinco años se llamaba Isla Ischia. Justo del lugar donde nací. Recuerdo que tirábamos las redes a mano. Trabajábamos seis y a veces siete, según qué lancha era. Siempre íbamos adelantados nosotros”. Y sonríe.

No pudo escapar de la pregunta de rigor. Cómo fue el peor temporal que recuerda. Y ahí, continúa su relato: “En aquel entonces me llevaban a bordo para mirar los cardúmenes. Yo tenía visión lejana, éramos baquianos de pesca. Nos fuimos cerca del Uruguay con viento norte bastante intenso. Cuando llegamos había una marejada larga y lleno de pescado arriba. Atún. Y yo no quería largar la red porque no la íbamos a poder meter adentro. Estaba por venir el viento del sur, teníamos que irnos.  Entonces me fui a dormir pero se movía demasiado. Me levanté y salí. Yo escuchaba que el timón no andaba bien y se peleaban entre ellos. Y me di cuenta que el timón estaba normal, tenía aceite. Pero nos dimos cuenta que algo estaba pasando. Lo único que podíamos hacer era ir a la bodega a ver. Y el motorista que teníamos era muy nuevo. Ahí vimos lo que pasaba. Abajo estaba todo lleno de agua. Teníamos que abandonar el barco. Y teníamos una balsa con un zuncho de plástico y no sabíamos cómo hacer. Con el viento teníamos que actuar con cuidado. Tiramos la balsa y todos se subieron. Yo fui el último. Y atrás nomas venia otro barco que nos encontró. Fue muy difícil porque era tan grande la tormenta que nos no nos veían. Subíamos y bajábamos. Hasta que nos rescataron uno por uno. Nos pusimos a bordo y nos salvaron. Y barco no se salvó y se fue a pique. Eso fue el 19 de marzo de 1979. Ahí nací de nuevo”.

Consultado respecto a las lanchas amarillas y su visión del puerto, dice: “Ahora quedan 10, 12 lanchitas amarillas. Quieren hacer barcos como las lanchas pero de fierro. Ahora no nos dejan entrar más a la banquina, es todo privado. Creo que van a desaparecer las lanchitas amarillas. También se comenta que van a hacer una escollera para atracar los barcos. Que van a venir barcos a controlar la pesca. Y que la Escollera Sur la van a hacer más larga, pero hay que ver si se cumplen. He visto muchas propuestas y no se cumplen. El puerto tiene que ser administrado por la Nación. Los barcos no caminan con agua, hay que invertir.”

El cumpleañero de 91 años, lleva 66 de casado con Teresa Abate, con quien tuvo tres hijos y que les dieron cinco nietos. Es el único que queda de 9 hermanos. Ocho de ellos hicieron sus vidas en Argentina. Solo el mayor se fue a Francia. Volvió dos veces a Italia, una de ellas fue por un año, donde regresó a trabajar para conseguir una pequeña pensión que nunca le dieron.

En los viajes a su madre Patria legustó recorrer Italia en el auto que uno de sus hermanos le prestó. Si bien le gustaría volver a Italia, entiende que el momento, por la pandemia, no se puede ir. Y si bien casi todos sus amigos ya han partido, conserva la sonrisa y la esperanza. Sobre todo cuando afirma, muy seguro: “Me gusta todo de Mar del Plata. La volvería a elegir. Fui y soy muy feliz acá.”

 

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