De la cosechadora al rizoma: la historia detrás de las peonías de Flowery Hills en las sierras de Tandil

Cristián Bonadeo era ingeniero agrónomo y contratista rural cuando tres accidentes de tránsito lo empujaron a abandonar la vida sobre las rutas. Hoy, junto a su esposa Dolores “Lola” Bravo, conduce Flowery Hills, un emprendimiento que combina floricultura de exportación y turismo botánico en las sierras bonaerenses.

El establecimiento La Rinconada, ubicado en el paraje El Gallo, a orillas del arroyo Tandileofú, se transforma cada primavera durante apenas un mes. Entre fines de octubre y mediados de noviembre, dos hectáreas de peonías estallan en color y perfume antes de replegarse bajo tierra por otros once meses. Ese ciclo breve y exigente es el corazón de Flowery Hills, el proyecto que Cristián Bonadeo construyó junto a su esposa Lola, luego de dejar atrás una carrera dedicada a la agricultura extensiva.

El accidente que viró la vocación

Bonadeo llevaba años trabajando como ingeniero agrónomo y, más tarde, como contratista rural. Sembraba, cosechaba y asesoraba campos en distintos puntos del país al frente de una flota de maquinaria agrícola.

La idea de dedicarse a un cultivo intensivo, sin embargo, lo acompañaba desde la infancia, cuando junto a su padre había explorado sin éxito la posibilidad de cultivar frambuesas. Esa inquietud permaneció latente durante años, hasta que una sucesión de siniestros viales terminó de definir un cambio de rumbo. “Yo viajaba mucho. Me pegué tres piñas, rompí tres camionetas y ahí dije bueno, basta, empecemos a parar la moto porque esta, la próxima, no la cuento”, relató el productor.

En medio de una campaña de siembra en el norte de la provincia de Corrientes, al cruzar una tranquera se topó con un lote de treinta hectáreas de gladiolos que lo dejó “en shock total”. “Dije, mirá lo que es esto. Esto es lo que tengo que hacer, esto es lo que quiero hacer”, recordó. El desafío, a partir de entonces, fue encontrar el lugar y el cultivo adecuados para materializar ese giro.

Por qué peonías

La decisión de trabajar específicamente con peonías no formaba parte del plan original. Bonadeo había buscado orientación entre productores de tulipanes de la Patagonia, hasta que llegó al contacto de Marcelo Sasaki, un referente de la floricultura nacional. La recomendación de Sasaki fue inmediata apenas conoció el terreno: “Acá tenés que hacer peonías.”

El aprendizaje, sin embargo, no estuvo exento de contratiempos. Bonadeo debió aguardar tres años antes de obtener su primera cosecha comercial, en 2019, apenas antes de que la pandemia paralizara por completo la actividad en 2020. En 2021, tras separarse de su socio original, adquirió un campo propio, trasladó la plantación, que hasta entonces contaba con 2.500 ejemplares, y la amplió mediante la división de rizomas hasta las 6.000 plantas.

Un año después incorporó un nuevo cargamento proveniente de Holanda que llevó el total a cerca de 20.000 ejemplares. Una vez replantados, los rizomas requieren nuevamente entre dos y tres años antes de producir flor comercial, un ciclo que llevó la plantación a su segunda cosecha recién en 2024.

Una floración de treinta días

Todo el trabajo de un año se concentra en una ventana de apenas tres a cuatro semanas, con fecha de inicio y cierre casi cronométricas. La floración arranca en la última semana de octubre y se agota, salvo variaciones climáticas, alrededor del 20 de noviembre.

La temperatura es la variable que define el éxito o el fracaso de la temporada. “Si hace mucho calor a fines de octubre empiezan a abrir todas juntas y no te da tiempo a nada”, explicó Bonadeo.

En ese contexto, la temporada 2026 presenta, según el productor, un comportamiento dividido. La mitad de la plantación, proveniente de Holanda y de ciclo más corto, ya brotó en tiempo y forma, mientras que las variedades más tardías registran un atraso de varias semanas producto de las bajas temperaturas recientes. Lejos de representar un problema, Bonadeo interpreta esa asincronía como una ventaja operativa que le permite distribuir mejor la carga de trabajo durante la cosecha.

Un mercado nacional minusculo 

Según describió Bonadeo, la escala del consumo de flores en la Argentina es marcadamente reducida. El mercado de Buenos Aires no absorbe, en el mejor de los casos, más de 9.000 o 10.000 unidades por temporada, una cifra ínfima frente a una producción que en Flowery Hills ronda las 300.000 a 400.000 flores anuales. Esa brecha estructural empujó al emprendimiento hacia la exportación

El turismo, la alternativa ganadora

Lo que comenzó como una curiosidad, en la que algunos visitantes que cruzaban la tranquera para observar el cultivo, se fue transformando en un pilar estructural del negocio. Bonadeo relató que, ante jornadas de hasta trescientas personas, la actividad turística pasó a organizarse formalmente mediante el cobro de una entrada, que incluye el obsequio de flores a cada visitante. Esa reconversión no solo diversificó los ingresos, sino que redujo la exposición del emprendimiento a un riesgo climático que resulta, según el productor, imposible de asegurar. “Yo ya he querido averiguar seguros, nadie te asegura dos hectáreas de peonías”, admitió, en referencia a la amenaza permanente del granizo y las heladas tardías, capaces de arruinar en minutos una temporada completa de trabajo.

La brevedad de la floración de las peonías impulsó a la pareja a diversificar la propuesta paisajística del predio. El proyecto contempla hoy un sector con especies patagónicas como alerces, coihues, arrayanes y abetos, además de rododendros, lavandas y rosales, con el objetivo de sostener el atractivo turístico durante todo el año. Además, se encuentra entre uno de los proyectos la construcción de una casa de té

Bonadeo anticipó que el pico de floración se concentrará, como en años anteriores, entre el 25 de octubre y el 15 de noviembre. La entrada de esta temporada tiene un valor de 35.000 pesos e incluye el obsequio de flores para cada visitante. El establecimiento incorporará este año horarios fijos de recorridas guiadas y prevé la instalación de food trucks los fines de semana para quienes deseen permanecer toda la jornada en el predio.