Una apuesta a la música sinfónica, coral y formación de nuevos artistas

“Una banda sinfónica, sostiene, puede tocar en cualquier lugar. Incluso en la Peatonal”

 

José María Ulla lo reconoce con una frase que resume buena parte de su recorrido: “Toda la vida” sintió que estaba luchando contra molinos de viento. En Mar del Plata, asegura, esa pelea se vuelve todavía más difícil porque la ciudad tiene una fuerte tradición futbolera y una oferta cultural enorme, pero cuesta generar nuevos públicos para determinados espectáculos.

Sin embargo, lejos de resignarse, el director continúa apostando a la música sinfónica, coral y a la formación de nuevos artistas.

Su diagnóstico es claro. En Mar del Plata existe un público cautivo que acompaña los espectáculos de los organismos oficiales, pero muchas veces son siempre las mismas personas.

El desafío, entonces, es conseguir que otros sectores de la sociedad se acerquen. Especialmente los jóvenes.

Para Ulla, no se trata de simplificar las propuestas para intentar atraer espectadores. Su postura es exactamente la contraria: hay que exigir.

Yo cuando dirijo, cuando estoy al frente de algo, mi exigencia es extrema”, afirma con crudeza. Y enseguida explica el motivo: “La mejor manera de respetar a la gente es exigiéndoles” remarca ante el Retrato.

En esa definición aparece una concepción de la cultura que atraviesa toda su trayectoria. La música no debe ser pensada como un entretenimiento menor ni como una actividad reservada para unos pocos especialistas.

“Una banda sinfónica, sostiene, puede tocar en cualquier lugar. Incluso en la peatonal San Martín”. Y está convencido de que, si eso ocurre, cientos de personas se detendrán a escuchar.

Ars Peregrinae y la formación de nuevos talentos

La preocupación por el futuro también aparece en su trabajo con jóvenes músicos.

Ulla tiene expectativas depositadas en Ars Peregrinae Vocem, un grupo al que define como una experiencia extraordinaria por la cantidad de talentos que logró reunir.

En apenas un año y algunos meses, el grupo incorporó más de 60 obras a su repertorio y realizó presentaciones en distintos escenarios, desde espacios religiosos hasta el Teatro Colón, Chauvin y el Náutico.

El proyecto busca seguir creciendo y encontrar un espacio donde pueda desarrollar una temporada estable.

Para Ulla, formar músicos no significa solamente enseñarles una determinada cantidad de obras. También implica generar oportunidades para quienes hasta hace poco no tenían posibilidades de desarrollar plenamente su talento.

La propuesta pretende, además, salir de los espacios tradicionales.

El director no dudó resaltar ante el Retrato que “una de las claves para acercar la cultura a nuevos públicos consiste en llevar los espectáculos hacia donde está la gente”

Esa filosofía dio lugar a Ars Peregrinae Solidario.

El grupo visita lugares donde las personas no tienen posibilidades económicas de acceder habitualmente a este tipo de propuestas. Salones parroquiales, organizaciones no gubernamentales, capillas y espacios comunitarios se convierten en escenarios.

“La respuesta, cuenta Ulla, suele ser contundente”.

En una de esas presentaciones descubrieron que un público que quizás nunca había tenido contacto con una propuesta de ese tipo podía reaccionar con entusiasmo.

Para el director, esa reacción demuestra que el problema no necesariamente está en la falta de interés. Muchas veces, sostiene, el público simplemente necesita que la cultura llegue hasta él.

Del Colón a los barrios: despertar a la ciudad

La experiencia también se trasladó a proyectos que combinan diferentes expresiones artísticas.

Ulla habla de espectáculos en los que el coro se alterna con solos y textos de escritores como Borges y Cortázar. El objetivo es generar una experiencia diferente y “despertar un poco” a la ciudad.

Esa palabra aparece como una síntesis de su pensamiento: despertar.

Porque, en su mirada, la cultura marplatense existe. “Hay músicos, cantantes, coros, directores, compositores y públicos. Lo que falta es generar una circulación mayor y conseguir que más personas se involucren”.

Las experiencias con la Banda Sinfónica demostraron que es posible.

La participación de artistas populares y agrupaciones de distintos géneros permitió que espectadores que no necesariamente concurren a conciertos sinfónicos se acercaran a la institución.

Uno de los ejemplos que recuerda es el homenaje a Pappo . La respuesta del público fue tan importante que el espacio quedó chico y debieron trasladar el espectáculo al Radio City.

Ese tipo de experiencias confirma para Ulla que “la música puede derribar fronteras entre géneros, generaciones y públicos”.

La llegada de Johan de Meij y Hans de Jong, se inscribe en esa misma búsqueda, aunque con una dimensión internacional.

“No se trata solamente de traer a un director y aun saxofonista de prestigio. Se trata de aprovechar sus presencias para ampliar las redes, generar nuevos vínculos y mostrar que Mar del Plata tiene instituciones capaces de asumir desafíos de alto nivel” afirma en su charla con el Retrato.

Ulla lleva décadas recorriendo ese camino. Estudió en la Argentina, se formó en Suiza, profundizó sus conocimientos en Europa, vivió en Hungría, dirigió en distintos lugares del mundo y regresó al país para continuar su carrera.

Hoy, desde Mar del Plata, vuelve a mirar hacia afuera.

Pero su batalla también mira hacia adentro.

Quiere que los jóvenes se acerquen, que los barrios tengan acceso a la cultura, que los músicos puedan crecer y que una institución como la Banda Sinfónica sea reconocida por su verdadero valor.

En definitiva, su lucha contra los “molinos de viento” no parece tener fecha de finalización. Porque para José María Ulla la cultura no se defiende solamente desde un escenario: se construye formando, exigiendo, acercándose a la gente y generando nuevas oportunidades.

Y esa tarea, después de más de cinco décadas junto a la música, sigue siendo su pasión.