Este jueves, alrededor de las 11.30, una imagen llamó la atención en la esquina de Juan B. Justo y Echeverría (continuación de lca calle Buenos Aires), en las puertas mismas de la parroquia San Carlos Borromeo. Una persona se encontraba durmiendo en el ingreso mismo del templo, ocupando con su cuerpo buena parte de la entrada y rodeada de sus pertenencias, convertidas en un improvisado refugio.
La escena, más allá de quién sea esa persona y de las circunstancias que la llevaron a esa situación, representa una postal que Mar del Plata ya no puede naturalizar. Porque lo que durante mucho tiempo podía observarse fundamentalmente durante la noche, en alguna recova, un banco, un porche o la entrada de un comercio, hoy aparece a cualquier hora del día.
Al mediodía, por la tarde o durante la noche, cada vez resulta más frecuente encontrar personas durmiendo en la vía pública. El fenómeno se observa en el centro y el microcentro, pero también en distintos barrios de la ciudad, donde algunas viviendas abandonadas o espacios públicos terminan transformándose en lugares de refugio.
No se trata de buscar culpables individuales ni de reducir una problemática tan compleja a una sola explicación. La situación social que atraviesa Mar del Plata es consecuencia de años de dificultades económicas, falta de empleo, pérdida del poder adquisitivo y ausencia de respuestas sostenidas para quienes quedaron al margen del sistema.
También es cierto que las actual políticas económica del Gobierno Nacional , con el objetivo de alcanzar el superávit fiscal, modificaron o eliminaron programas de asistencia que durante años funcionaron como sostén para muchas familias. En algunos casos, además, se trata de personas que nunca lograron incorporarse plenamente al mercado laboral y que hoy quedaron literalmente afuera de cualquier estructura de contención.
Pero Mar del Plata no es una isla. Lo que ocurre en otras ciudades del país también llega a nuestra puerta. Y justamente por eso es necesario mirar primero el patio interno de nuestra propia casa y preguntarnos qué estamos haciendo frente a esta realidad.
La solución no es sencilla, pero tampoco debería considerarse imposible. Existen especialistas, organizaciones sociales, instituciones religiosas y organismos públicos que conocen la problemática y pueden aportar herramientas para abordarla.
La responsabilidad es colectiva. El Municipio debe actuar, pero también deben involucrarse las instituciones, las organizaciones sociales y la propia comunidad. La Iglesia, en este caso, también puede ser parte de una red de contención que permita encontrar respuestas.
Mientras tanto, la función del periodismo es mostrar estas escenas, ponerlas frente a los ojos de todos y evitar que se conviertan en parte del paisaje cotidiano.
Porque detrás de cada persona que duerme en una vereda hay una historia. Y detrás de esta postal de la puerta de una iglesia hay una realidad social que duele y que reclama, con urgencia, una respuesta.
