Una tarde con Silvina Ocampo: literatura, teatro y encuentros en La Casa del Balcón

Los Pipis Teatro propusieron una experiencia diferente alrededor de la obra de Silvina Ocampo, combinando literatura, actuación, música en vivo y café de especialidad. La Casa del Balcón sumó una cuidada propuesta gastronómica, supervisada en cada detalle por Natalia y Sasha.

Hay propuestas culturales que se limitan a presentar una obra y otras que consiguen construir una experiencia“Una tarde con Silvina Ocampo”, realizada en La Casa del Balcón, estuvo más cerca de las segundas.

La iniciativa de Los Pipis Teatro propuso acercarse a la literatura de Silvina Ocampo desde un lugar diferente: no solamente leer sus cuentos, sino hacerlos vivir a través de la interpretación, generando una particular relación entre los textos, los actores y el público.

La selección estuvo centrada en cuentos de Cornelia frente al espejo, publicado en 1988 y considerado el último libro que Ocampo entregó a la imprenta en vida. Una obra en la que la escritora despliega buena parte de su universo particular, donde lo cotidiano puede transformarse en extraño, inquietante o inesperado.

El gran mérito de la propuesta teatral estuvo precisamente en no intentar explicar demasiado a Ocampo. Los Pipis dejaron que su literatura sucediera.

Las voces, las pausas, los gestos y especialmente los silencios fueron construyendo una atmósfera que permitió que los relatos trascendieran la página. El público no solamente escuchaba: por momentos parecía ingresar en el mundo de los personajes.

Y hubo un elemento que merece destacarse especialmente: la capacidad de generar silencio.

En una época atravesada por la velocidad y la permanente necesidad de estímulos, conseguir que un grupo de personas permanezca atento y en silencio escuchando literatura constituye casi un acontecimiento en sí mismo. Los Pipis lo consiguieron desde una propuesta teatral diferente, interesante y despojada de artificios innecesarios.

Detrás de esa búsqueda estuvo Diego, director de teatro, supervisando la propuesta escénica y cuidando que cada elemento tuviera su razón de ser. La dirección se percibió justamente en ese equilibrio entre teatro y literatura, sin que uno terminara desplazando al otro.

Pero la experiencia no se agotó en la escena.

La Casa del Balcón aportó un espacio confortable y cálido, ideal para una tarde pensada también como encuentro. El café de especialidad, la música en vivo y la posibilidad de conversar y compartir con amigas completaron una propuesta que buscó recuperar algo tan simple como sentarse alrededor de una mesa y disfrutar del momento.

Parte de las asistentes al evento en la Casa del Balcón

En ese aspecto, merece una mención especial el servicio gastronómico de La Casa del Balcón, con Natalia y Sasha supervisando personalmente cada detalle. La atención, la presentación y el cuidado puesto en la propuesta acompañaron la experiencia sin competir con ella. Gastronomía y cultura encontraron así un punto de equilibrio que permitió que el público pudiera disfrutar de la tarde desde diferentes sentidos.

Porque hubo café, sabores, música, teatro y literatura, pero también hubo algo menos tangible: el encuentro.

Amigas que se reúnen, personas que llegan atraídas por la literatura, conversaciones que aparecen antes y después de las lecturas y un espacio que funciona como punto de reunión. Todo eso terminó formando parte de la propuesta.

Quizás allí esté uno de los mayores aciertos de “Una tarde con Silvina Ocampo”: no plantearse como un homenaje solemne, sino como una experiencia viva.

Silvina Ocampo murió en 1993, pero su literatura continúa teniendo la capacidad de sorprender. Sus personajes, sus situaciones y esa permanente frontera entre lo real y lo fantástico siguen encontrando nuevas maneras de llegar a los lectores.

En La Casa del Balcón, esa llegada tuvo una particularidad: fue colectiva.

Los Pipis Teatro pusieron el cuerpo y la voz; Diego supervisó una propuesta escénica diferenteNatalia y Sasha cuidaron desde la gastronomía cada detalle de la experiencia; la música aportó otra dimensión y el público hizo el resto: escuchar, imaginar, compartir.

Al final, quizá el mejor homenaje a Silvina Ocampo no sea hablar demasiado sobre ella, sino permitir que sus palabras vuelvan a producir aquello que la buena literatura siempre provoca: atención, sorpresa, silencio y ganas de seguir escuchando.

Y esa tarde, en La Casa del Balcón, sucedió.

Por Sandra Robbiani