La inseguridad parece haber cruzado un límite en Mar del Plata. Tres asesinatos en pocos días, cuatro personas heridas en distintos episodios violentos en las últimas horas y una sociedad que salió a la calle para reclamar respuestas configuran un escenario que ya no admite explicaciones ni promesas. En ese contexto, Guillermo Montenegro estaría analizando seriamente la posibilidad de regresar a la intendencia, un movimiento que hasta hace poco parecía lejano y que ahora comienza a tomar fuerza en su entorno.
Las versiones sobre un eventual retorno del actual senador provincial fueron desmentidas durante meses. Sin embargo, quienes conocen los movimientos del exintendente reconocen ahora, puertas adentro, que la posibilidad existe. Y la inseguridad habría sido la gota que rebalsó el vaso.
El escenario político tampoco ayuda. Desde que Agustín Neme asumió interinamente la conducción municipal, comenzaron a hacerse visibles diferencias y tensiones que hasta entonces permanecían bajo la superficie. La paradoja es evidente: la seguridad, que fue una de las principales banderas de la gestión Montenegro, aparece hoy como uno de los puntos más cuestionados del gobierno municipal.
Neme, mientras tanto, avanzó en un acercamiento con sectores libertarios y les otorgó espacios estratégicos dentro de la estructura municipal. Paralelamente, comenzó a construir un perfil propio pensando en 2027, con el respaldo de sectores del PRO local vinculados al empresario Emiliano Giri (hoy de paseo por España).
Pero ese camino tiene límites. Lo cierto y real es que Montenegro no parece tener hoy a Neme como su elegido para continuar el proyecto municipal desde el 2027. Algunos allegados no descartan una Lista de Unidad con el sector del abadismo marplatense, algo que hasta ahora ha funcionado mas allá de algunas diferencias.
A esa disputa se suma otro elemento: la relación de Neme con Florencio Aldrey Iglesias. En el entorno de Montenegro observan con preocupación un eventual acercamiento mayor entre el interino y uno de los empresarios más influyentes de la ciudad. Es un vínculo que, según esas mismas fuentes, no contaría con la aprobación del exintendente.
Pero las diferencias políticas pueden esperar. La inseguridad, no.
Los asesinatos de Alberto Rodríguez, chofer de Uber; del ferretero Ricardo Ruiz; y el femicidio de Mailén Antonich provocaron conmoción y encendieron una alarma social que excede cualquier interna partidaria. La marcha contra la inseguridad que llegó hasta las puertas del Palacio Municipal fue una señal contundente: una parte importante de la sociedad siente que el Estado está llegando tarde, o que directamente le importa un carajo.
Mar del Plata parece estar reclamando un cambio de rumbo. Y Montenegro podría interpretar que no alcanza con observar desde una banca del Senado cómo se deteriora una ciudad que gobernó durante años.
A eso se suma otro argumento: la escasa actividad legislativa bonaerense. “El Senado no funciona y no puede dejar que se prenda fuego la ciudad”, dicen dirigentes cercanos al exintendente.
Si Montenegro finalmente regresa, no será simplemente un movimiento político. Será la consecuencia de una crisis que obliga a tomar decisiones urgentes, porque una ciudad atravesada por el miedo necesita respuestas concretas, conducción y, sobre todo, resultados.
