La inseguridad volvió a golpear con una violencia estremecedora a Mar del Plata. En apenas horas, la ciudad pasó de conmoverse por el asesinato de un conocido ferretero durante un asalto a quedar paralizada por un nuevo crimen que expone una realidad cada vez más alarmante: el brutal femicidio de Johana Mailén Antonich, una joven madre de 24 años que había salido de su casa para asistir a una supuesta entrevista laboral y terminó siendo asesinada de la manera más salvaje.
La sucesión de hechos violentos profundizó el clima de angustia y temor que atraviesan los marplatenses, quienes reclaman no solo mayor presencia policial en las calles, sino también una respuesta firme de la Justicia para que los responsables de estos delitos reciban todo el peso de la ley.
Johana Mailén Antonich era madre de dos pequeñas hijas y buscaba desesperadamente un empleo para poder sostener a su familia. Según reconstruyeron los investigadores, el sábado acudió a un balneario de la zona sur de Mar del Plata tras recibir una propuesta laboral difundida a través de redes sociales. Lo que parecía representar una oportunidad para mejorar su situación terminó convirtiéndose en una trampa mortal.
El cuerpo de la joven fue hallado tras varios días de intensa búsqueda en un predio del balneario Punta Cantera, en cercanías de Waikiki. Presentaba golpes, heridas de arma blanca, tenía las manos y los pies atados y estaba envuelto en una frazada. La escena conmovió incluso a los investigadores por el grado de violencia con el que actuaron los agresores.
La familia había iniciado una desesperada búsqueda luego de perder contacto con ella. De acuerdo con el relato de sus allegados, una amiga logró ingresar a la cuenta de Facebook de Johana y encontró la conversación mantenida con quien se había presentado como el supuesto empleador. Esa información permitió reconstruir los últimos movimientos de la víctima y orientar la búsqueda hacia la zona donde finalmente ocurrió el hallazgo.
El dolor de la familia se transformó rápidamente en indignación al denunciar que la Policía no habría tomado inicialmente la denuncia por la desaparición en la Comisaría 16. Según afirmaron, fueron ellos mismos quienes debieron encabezar la búsqueda mientras pasaban las horas decisivas. La madre de la joven fue contundente: “Mi hijo encontró a su hermana. La policía no hizo absolutamente nada”.
El hallazgo del cuerpo se produjo cuando familiares y efectivos policiales llegaron al predio de Punta Cantera. Allí observaron a dos hombres quemando prendas de vestir dentro de un tambor. Al advertir la presencia policial, ambos intentaron escapar, pero fueron perseguidos y finalmente detenidos mientras procuraban ocultarse debajo del parador Waikiki.
Los sospechosos fueron identificados como Agustín Bartolomé Díaz, de 26 años, y José Luis Aquino, de 27, quienes se desempeñarían como serenos en el predio. Uno de ellos tenía manchas de sangre en su ropa y ambos presentaban rasguños en el rostro, circunstancias que reforzaron las sospechas de los investigadores.
Durante la inspección realizada en el lugar, los efectivos localizaron una motocicleta perteneciente a uno de los detenidos y, a pocos metros, el cuerpo de Johana Antonich, semienterrado y oculto debajo de un contenedor. El fiscal Carlos Russo dispuso la inmediata detención de ambos acusados, quienes quedaron imputados provisoriamente por el crimen.
El caso volvió a instalar el debate sobre la inseguridad que atraviesa Mar del Plata. Comerciantes, trabajadores y vecinos aseguran vivir con miedo en una ciudad donde los hechos violentos parecen multiplicarse sin encontrar respuestas suficientes por parte del Estado.
El asesinato del ferretero ocurrido el sábado y el femicidio de Johana Antonich configuran un escenario que preocupa profundamente a la comunidad. La sensación de desprotección crece mientras familiares de víctimas y ciudadanos reclaman políticas de prevención eficaces, mayor presencia policial y una Justicia que actúe con rapidez y firmeza para evitar que estos crímenes queden impunes.
Mar del Plata atraviesa horas de profundo dolor. La muerte de una joven madre que solo buscaba una oportunidad laboral y el reciente homicidio de un comerciante vuelven a encender todas las alarmas sobre una problemática que ya no distingue barrios ni horarios. El reclamo ciudadano es cada vez más contundente: recuperar la seguridad y garantizar que quienes cometan delitos de semejante gravedad sean juzgados y condenados con todo el rigor que establece la ley.
