Pablo Malfante sostuvo que los problemas del sistema sanitario argentino no son nuevos y que se explican por la fragmentación y la accesibilidad. Desde la Fundación Médica de Mar del Plata describió una apertura hacia el sector público, con trabajo conjunto en la Red Municipal de ACV, la iniciativa de ciudad neurocardioprotegida y la Facultad de Medicina de la UNMdP. Sobre las guardias, advirtió que la demora no se resuelve solo con más médicos.
En diálogo con el Retrato el director del Hospital Privado de Comunidad (HPC), Pablo Malfante, opinó sobre la situación del sistema de salud de la ciudad. No adhirió a la idea de un colapso reciente, sino que aclaró que “nuestro sistema de salud no es nuevo, pero desde siempre tiene problemas profundos“. Explicó además que “mucho está relacionado con la fragmentación, y otro está relacionado con la accesibilidad”, sostuvo.
Ese punto de partida ordena la posición institucional del hospital. El HPC depende de la Fundación Médica de Mar del Plata, cuyo Consejo de Administración preside Fernando Santomil, y forma parte del sector privado de atención. Según Malfante, la conducción actual decidió ampliar ese perímetro.
Articular con el Estado y con la universidad
“Con la decisión de este Consejo de Administración se ha realizado una apertura mucho mayor de nuestra Fundación, y la Fundación acompaña procesos de atención que también articulan no solamente con el sector privado, sino también con el sector público”, afirmó Malfante.
El ejemplo más concreto es el trabajo sobre el accidente cerebrovascular. “Se ha trabajado muchísimo en todo lo que tiene que ver con la Ciudad Neurocardioprotegida, se han trabajado varios proyectos que articulan entre lo público y lo privado y eso creo que siempre termina en beneficio para las personas”, describió. La iniciativa se materializó en la Red Municipal de ACV, que realizó su segundo Diálogo Deliberativo en el marco de la jornada “Mar del Plata, ciudad neurocardioprotegida”, organizada por la Fundación Médica junto al hospital y con participación del Centro Médico local.
El otro eje es la formación. “Hemos colaborado mucho también con la Facultad de Medicina”, señaló Malfante, en referencia a la unidad académica de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
La definición institucional del director es que el hospital busca salir del rol de prestador. “Nosotros tratamos de ser protagonistas y de colaborar con que el sistema, por lo menos localmente, funcione mejor. La posición hoy de nuestro hospital y de nuestra fundación es esa”, resumió, y trascendió esa definición al ámbito general de la medicina: “Participamos en campañas, en formación, en capacitación. Nos parece que no solamente las personas que se atienden en el hospital, sino también toda la comunidad, necesita de lo que uno pueda brindar”.
La guardia y el círculo vicioso de la demanda
El segundo bloque es sobre las guardas, que, operativamente, es el punto más sensible de cualquier sistema.
“Las guardias de los hospitales, clínicas y sanatorios a nivel mundial tienen demora”, afirmó. El ordenamiento de la demanda se hace con los criterios de Manchester, el sistema de triage que clasifica a los pacientes en rojos, amarillos y verdes y que se aplica internacionalmente, con la clasificación a cargo del equipo de enfermería. “Esto lo hacemos nosotros, lo hace Latinoamérica y lo hace el mundo. No es algo que se nos haya ocurrido a nosotros. Y esto es así porque obviamente los recursos son finitos”, explicó.
“Por más que uno ponga 20, 30, 40 médicos más, va a haber demora” afirma. Mejorar procesos implica, efectivamente, una baja en el tiempo de espera según Malfante, pero temporaria. La gente al no haber demora consulta más, aumentando así el tiempo de espera. “Es un círculo vicioso que nadie lo tiene resuelto a nivel mundial”, describió.
Dentro de ese margen, el hospital trabajó sobre la infraestructura. El Shock Room, el área destinada a la emergencia más crítica, estaba dispuesto de una manera que obligaba a la camilla a realizar varios giros antes de ingresar. “Hoy nuestro Shock Room está puesto en un lugar donde la camilla solo hace un ingreso y entra”, contó. El cambio redujo entre 15 y 20 segundos el tiempo de atención.
Malfante defendió el valor de ese margen. Por más de que a simple vista sea insignificante, en un paciente en paro cardiorrespiratorio, cada minuto que pasa eleva la mortalidad alrededor de un 10%, según estimó. “Uno diría, bueno, pero 20 segundos es nada. Si yo reduzco 20 segundos la atención, aumento la posibilidad de recuperación de ese paciente un montón, aunque parezca muy poquito”, resumió.
