Mariel Fornoni: “El Gobierno conserva un núcleo. La mayoría sigue en disputa”

“El Gobierno conserva un núcleo. La mayoría sigue en disputa” afirma Mariel Fornoni, Socia Directora de Management & Fit en un análisis de la actual situación política y económica que viven los argentinos.

La estabilidad de los indicadores políticos oculta cambios en la composición del apoyo. Mientras se alarga la espera por una mejora económica, el malestar todavía no encuentra una alternativa capaz de representarlo.

Un gobierno puede mantener su nivel de aprobación y, al mismo tiempo, cambiar su relación con la sociedad. Puede consolidar a quienes más lo defienden mientras pierde a quienes lo acompañaban con reservas. El promedio registra estabilidad, pero debajo de ese número se modifica la coalición que sostiene al poder.

La última medición nacional de Management & Fit permite observar ese movimiento. En septiembre, la aprobación de la gestión de Javier Milei alcanzó el 36,6%, prácticamente el mismo nivel que en julio. Sin embargo, al preguntar por la confianza en el Gobierno, creció tres puntos la confianza plena y retrocedió 3,5 puntos la moderada. El núcleo más convencido se fortalece mientras se achica el acompañamiento condicional.

Para un oficialismo que busca proyectarse hacia 2027, esa diferencia importa. Un núcleo firme puede sostener una gestión durante momentos difíciles. Ampliar una mayoría exige convencer también a quienes esperan resultados antes de comprometer su apoyo.

La pregunta por el rumbo deseado muestra esa frontera. Un 17,4% elegiría una continuidad total y un 20,8%, una continuidad con modificaciones. En conjunto representan el 38,2%. Del otro lado, el 57,5% dice que votaría pensando en un cambio total. Estos porcentajes expresan preferencias sobre el rumbo, no intención de voto por candidatos. Pero muestran que el espacio de la continuidad depende más de sus apoyos condicionados que de sus defensores incondicionales.

Ahí aparece el desafío económico. La estabilización necesita traducirse en una experiencia reconocible dentro de los hogares. En la encuesta, el 52,4% declara dificultades para cubrir los gastos del mes y apenas el 11,8% señala que puede ahorrar. Son percepciones sobre la economía familiar que ayudan a entender por qué el reconocimiento de un ordenamiento puede convivir con la insatisfacción cotidiana.

También cambia la agenda. La desocupación aparece como principal problema para el 19,8%, prácticamente empatada con precios y tarifas, que reúnen el 18,9%. Esa cercanía sugiere un desplazamiento en las demandas: el trabajo y los ingresos disputan el centro de una conversación durante mucho tiempo dominada por los precios.

La consecuencia política es relevante. A medida que cambia la preocupación, cambia también el criterio con el que se evalúa al Gobierno. La capacidad de contener la inflación debe empezar a convivir con respuestas sobre empleo y oportunidades.

Mientras tanto, la sociedad acomoda sus expectativas. El 59,1% cree que la economía puede mejorar, pero solo el 13,3% espera que ocurra en un año o menos. En julio, ese último grupo representaba el 18,8%.

La promesa de mejora conserva alcance, aunque se aleja en el tiempo. Ese aplazamiento admite dos lecturas: puede expresar una disposición a esperar o una pérdida de confianza en la cercanía de los resultados. La encuesta registra la extensión del plazo. Su significado político dependerá de lo que ocurra durante esa espera.

La oposición enfrenta su propia dificultad. La demanda de cambio supera ampliamente la confianza que despierta su principal propuesta de articulación. La unidad del peronismo genera confianza en el 40% y desconfianza en el 54,3%. Consigue una adhesión muy alta entre quienes votaron a Sergio Massa en 2023, pero encuentra mayores resistencias fuera de ese espacio.

El rechazo al Gobierno, por lo tanto, no constituye una coalición disponible para cualquier alternativa. Para transformarse en mayoría necesita una oferta que reúna expectativas diferentes y genere confianza propia.

Buenos Aires ofrece una expresión concreta de esa dificultad. Allí, alrededor del 23% desaprueba simultáneamente la gestión nacional y la provincial. Ese doble rechazo describe una distancia respecto de las dos administraciones. No permite asignarle automáticamente una identidad electoral.

Se configura así una competencia entre un oficialismo con capacidad de conservar lealtades y una oposición que todavía debe demostrar capacidad de ampliar las propias. La debilidad de uno no resuelve la del otro.

Incluso una victoria presidencial dejaría abierta otra discusión: con qué apoyos gobernar. Los escenarios legislativos de la presentación, sujetos a supuestos electorales y de alianzas, muestran que ganar la Presidencia puede coexistir con la necesidad de negociar mayorías en el Congreso.

El recorrido hacia 2027 reúne, entonces, dos tareas distintas: conseguir votos para continuar y construir acuerdos para transformar. La economía influirá sobre ambas, pero difícilmente resuelva por sí sola la representación política.

La pregunta decisiva es qué puede ofrecer cada espacio a quienes hoy acompañan con reservas, esperan con incertidumbre o rechazan sin encontrar una alternativa. En esa franja se juega la posibilidad de convertir un núcleo resistente en una mayoría duradera.