En tiempo de crisis e invasión de productos importados, una empresa marplatense con más de 25 años en el comercio de la ciudad su apuesta está centrada en en proveedores y productos nacionales. Yamila Barraza destacó la importancia de mantener precios competitivos, ofrecer descuentos por pago en efectivo y construir una relación de confianza con los compradores. Ubicada sobre la ruta 226, la firma lleva 25 años vinculada al rubro y apuesta a sostener su actividad en un contexto económico complejo.
En el kilómetro 20 de la ruta 226, justo en la bajada del puente peatonal, funciona Mueblería El Paraíso, un comercio que en sus seis años de presencia en la zona logró consolidar una clientela propia, con vecinos de los barrios cercanos, trabajadores y familias que encuentran allí una alternativa para equipar sus hogares sin necesidad de trasladarse hasta el centro de Mar del Plata.
Yamila Barraza, referente de la empresa, contó que la historia del emprendimiento tiene raíces mucho más profundas. La actividad comenzó hace aproximadamente 25 años, inicialmente vinculada a la venta de colchones, y fue creciendo con el tiempo hasta incorporar muebles, electrodomésticos y otros artículos para el hogar.
“Empezamos con colchones. Tuvimos una colchonería en Santiago del Estero y Belgrano. Mi papá era representante legal de la marca Piero en toda la costa y empezamos a trabajar con ellos. Después nos fuimos abriendo, expandiendo y sumando más marcas”, recordó la empresaria en diálogo con el Retrato.
La apertura del local sobre la ruta 226 coincidió con la pandemia. Sin embargo, la amplitud del establecimiento permitió mantener la actividad bajo las restricciones de aquel momento, atendiendo a pocas personas por vez y ofreciendo una alternativa comercial para quienes vivían en las inmediaciones.
El nombre del negocio no es casual: está relacionado con el barrio en el que se encuentra emplazado. Allí, la empresa fue construyendo una identidad propia, con una propuesta que combina productos nuevos, muebles de fabricación nacional y piezas antiguas que llegan a través de remates.
Una oferta variada y precios para sostener las ventas
La mueblería se caracteriza por ofrecer una amplia variedad de productos para equipar una vivienda. Desde placares, camas, somieres, colchones y almohadas hasta heladeras, cocinas y pequeños electrodomésticos, la propuesta apunta a resolver distintas necesidades de los hogares.
En materia de muebles, Barraza explicó que una parte del trabajo está vinculada con los remates, donde encuentran antigüedades y piezas que no suelen conseguirse en los comercios tradicionales. También trabajan con marcas como Mosconi, especializada en muebles de melamina y productos armables. “Acá sale de todo. La gente viene a armar su casa y busca el placard, la cama, la heladera o lo que necesite”, señaló.

La disponibilidad inmediata de algunos artículos puede ser limitada, ya que el comercio no mantiene grandes cantidades de cada producto. Sin embargo, esa situación se resuelve mediante pedidos a proveedores. “Cuando un cliente busca algo que no está en el local, procuramos conseguirlo en dos o tres días, con la intención de responder a la necesidad concreta de cada comprador” afirma Yamila ante el Retrato.
El desafío más importante pasa por sostener las ventas en un escenario económico difícil, en el que el poder adquisitivo condiciona las decisiones de consumo y obliga a los comercios a buscar alternativas para mantener precios accesibles.
En ese sentido, la empresaria destacó la política de descuentos por pago en efectivo. “Tenemos muy buenas ofertas de contado. Hay casi un 30% de descuento en efectivo”, explicó.
La empresa acepta tarjetas de crédito, aunque no trabaja con promociones bancarias. Los clientes pueden financiar sus compras en tres o seis cuotas, según las condiciones que ofrezca la entidad bancaria y el sistema de pago utilizado, pero con los intereses correspondientes.
La estrategia comercial se completa con acciones especiales en determinadas fechas del calendario. Para el Día de la Madre, por ejemplo, preparan sorteos entre quienes realizan compras. En Dormimar suelen entregar almohadas de obsequio, mientras que en la mueblería proyectan sortear un juego de sillones. También organizan propuestas para Navidad y fin de año.
Respecto de la competencia de los productos importados, Barraza aclaró que no trabajan con mercadería traída del exterior y que su apuesta está centrada en proveedores y productos nacionales. La intención es ofrecer artículos que respondan a las necesidades de los compradores y sostener una relación comercial a largo plazo.
La comunidad y el valor de la confianza
Uno de los aspectos que distingue al comercio es la relación construida con los vecinos de la zona y, particularmente, con integrantes de la comunidad boliviana, que representa una parte importante de su clientela.
“Son nuestros fieles”, afirmó Barraza al referirse a esos compradores, a quienes describió como trabajadores que, con esfuerzo, van equipando sus viviendas de manera progresiva.
Según explicó, muchas familias realizan las compras a medida que pueden, incorporando primero los elementos indispensables y sumando después otros muebles y electrodomésticos. En ese proceso, el comercio se convierte en un lugar al que regresan cuando necesitan completar el equipamiento de sus casas o reemplazar algún artículo.
Mas adelante recordó que aquella comunidad tiene una costumbre que todavía se mantiene en algunas celebraciones de quince años organizadas en la zona. “En lugar de limitarse a entregar dinero como regalo, familiares y allegados compran muebles u otros productos y coordinan con el comercio su traslado hasta el salón donde se realiza la fiesta.Vienen, compran el placard o la cama y nosotros lo llevamos al salón. Después, de a poco, van armando sus casas”, relató.
La clientela también llega desde otros puntos de la región. Barraza mencionó a compradores de Batán, Balcarce y Tandil, entre ellos camioneros que se acercan a la zona para buscar verduras y aprovechan la visita para recorrer el negocio.
La fidelización es uno de los pilares de la empresa. La atención personalizada, el cumplimiento de las entregas y la búsqueda de soluciones cuando un producto presenta algún inconveniente forman parte de una política que prioriza la confianza por encima de una venta ocasional. “Puede pasar que algún producto salga malo. El cliente viene, nos lo dice y buscamos una solución. La idea es mantenerlo, que vuelva a elegirnos y que nos recomiende. No es un número más”, sostuvo.
Una empresa familiar que busca mantenerse
Entre Mueblería El Paraíso y Dormimar, la empresa cuenta con alrededor de 15 trabajadores. Barraza describió al equipo como una gran familia, integrada por personas que llevan muchos años vinculadas con la actividad y que conocen tanto el funcionamiento de los locales como las necesidades de los clientes
El carácter familiar no se limita a los vínculos de sangre. También incluye a quienes, a lo largo de los años, construyeron una relación de pertenencia con el emprendimiento. El chofer encargado de las entregas, que vive en la zona, es parte de esa dinámica cotidiana y colabora también con el cuidado del establecimiento.
Frente a la incertidumbre económica, las expectativas son prudentes. La prioridad no pasa por una expansión acelerada, sino por conservar el trabajo, sostener la estructura y continuar atendiendo a una clientela que se fue consolidando con el tiempo.
“Como expectativa, la idea es seguir manteniéndonos como estamos”, resumió Barraza.
Con 25 años de trayectoria en el rubro y seis años en su actual ubicación, Mueblería El Paraíso y Dormimar apuestan a una fórmula basada en el trato directo, los descuentos por pago en efectivo, la variedad de productos y la confianza construida con los compradores. En un mercado atravesado por las dificultades económicas, la empresa busca sostener su lugar a partir de una premisa sencilla: acompañar a las familias en el proceso de equipar sus hogares, respetando sus tiempos y posibilidades.
