El presidente de la Cámara Textil de Mar del Plata, Guillermo Fasano, sostuvo que las ventas de sweaters se redujeron 50% respecto de 2023, aclaró que la cifra compara un período más largo que el informe nacional del sector y advirtió que las empresas recortan personal ante la falta de demanda. Aun así, defendió la competitividad del pulóver marplatense.
La venta de sweaters en Mar del Plata cayó 50% en relación con 2023, según estimó el presidente de la Cámara Textil local, Guillermo Fasano, en diálogo con el Retrato. “Estamos trabajando la mitad que hace cuatro años atrás”, afirmó, y agregó que esa percepción es “aceptada por todos los colegas”.
Fasano advirtió que el recorte de la actividad ya tiene consecuencias sobre el empleo. “Todos están reduciendo personal, un par de empresas cerraron. No hay demanda”, sostuvo. Como ejemplo, mencionó a Mauro Sergio, que redujo su plantilla de 350 a 180 trabajadores.
Una “capital del pulóver” que resiste mejor, pero también cae
El titular de la Cámara rechazó la idea de que Mar del Plata haya dejado de ser la “capital del pulóver”. “Seguimos siéndolo”, afirmó, y lo atribuyó a años de fabricación, innovación y mejora de la calidad.
También aclaró que la ciudad no cae más que el resto del país. El pulóver, sostuvo, es un producto competitivo, no hay sweaters chinos de calidad comparable en las casas que importan ropa, y las grandes marcas que sí los traen no tienen las diferencias de precio que se ven en otras prendas. “Se defiende mejor, pero hay un cambio en los últimos tres años”, indicó. Según contó, hay fábricas que ya exportan, entre ellas Mauro Sergio, que trabajó con Paraguay, Raffaeli Giardino, que vende a Europa y evalúa sumar Brasil y Swepper, que también exportó a Paraguay.
El problema, explicó, es la escala. De los aproximadamente 180 emprendimientos del sector, 170 son micropymes, para las que exportar implica costos logísticos y de atención al cliente difíciles de afrontar.
Cierres de empresas históricas
La Cámara estimó anteriormente que en los últimos dos años cerraron al menos 20 fábricas y talleres. Entre ellas figuran firmas centenarias en su rubro, como Ramacci Sweaters, con más de cincuenta años y cerrada en febrero, y Textil Torreón, que operó durante más de cuatro décadas. En su mejor momento, la ciudad llegó a producir 6 millones de pulóveres por año con unas 180 fábricas. Hoy son cerca de 100 y producen unos 2 millones.
Consultado sobre si esta crisis es peor que las de la hiperinflación o de 2001, Fasano evitó comparar y marcó una diferencia con los años 90: entonces el comercio era físico y la cadena de comercialización, con mayoristas, distribuidores y comerciantes, quedaba en el país. “Hoy de la fábrica a China va directamente a tu casa”, describió. En casos como los de Ramacci y Torreón, agregó, influye además la falta de continuidad generacional.
El empresario precisó que, a diferencia de la confección de jeans o camisas, el pulóver depende de empresas con maquinaria de tejido costosa. “Cuando hablamos de caídas, caen empresas”, dijo, y aclaró que si baja el pedido de tejido también se resienten los talleres periféricos que arman las prendas.
Importaciones, tasas y consumo
Ante el aumento del 65% en el volumen de importaciones de ropa, Fasano reconoció el fenómeno, pero planteó que muchos consumidores se desencantan con la calidad y que el comercio electrónico todavía no es tan masivo en indumentaria. Enumeró tres factores que, a su juicio, favorecen la importación: un dólar retrasado, una baja de impuestos para las plataformas chinas que hace que vendan con menos carga que los fabricantes locales, y el encarecimiento del crédito.
Sobre este último punto, sostuvo que las tasas de las tarjetas de crédito pasaron de 4% a 20% mensual, lo que equivale a un 240% anual. “No hay una crisis de endeudamiento, hay una crisis de usura”, definió. Y agregó que cada vez se usan menos las tarjetas. También afirmó que el peso de los servicios sobre los salarios pasó de 5% a 15%, lo que reduce el dinero disponible para consumo. En ese contexto, señaló que “la ropa es un producto prescindible”, por lo que la indumentaria es de los primeros rubros en resentirse.
La temporada, una ayuda limitada
De cara al verano, Fasano consideró que la temporada ayuda, pero no cambia el panorama de fondo. Según estimó, solo 20% de la producción de sweaters se vende en los mostradores de Mar del Plata, por lo que una temporada mala o muy buena mueve ese porcentaje cinco puntos hacia abajo o hacia arriba, sin alterar el total de la producción. Los grandes volúmenes, explicó, se definen pensando en el próximo invierno y en las compras de locales multimarca de todo el país.
Aun así, anticipó una temporada “floja”, con menos turistas, aunque hay empresas, aclaró, que venden mucho en sus propios locales y para las que el verano sigue siendo una oportunidad.
