La senadora provincial Fernanda Raverta difundió una carta abierta dirigida a los vecinos de Mar del Plata y Batán, en la que cuestionó el regreso de Guillermo Montenegro a la Intendencia y vinculó su decisión con sus intereses políticos.
Raverta recordó que Montenegro dejó el Ejecutivo municipal para intentar incorporarse al gobierno nacional de Javier Milei, aunque “no renunció a la Intendencia. Pidió licencia y se guardó una carta ‘por si las cosas no salían de acuerdo al plan’”, sostuvo.
En ese sentido, cuestionó el argumento de que el regreso del exintendente responde al fracaso de la gestión de Agustín Neme. “No podemos aceptar el relato del ‘bombero’ que ahora busca instalar, cuando es él el responsable del incendio”, afirmó la legisladora, al señalar que Neme formó parte de su equipo y continuó con el mismo proyecto político.
La inseguridad y las razones del regreso
La senadora también sostuvo que los problemas de inseguridad no comenzaron durante el interinato. “La inseguridad no apareció ahora. Los indicadores ya venían empeorando cuando Montenegro decidió irse”, expresó, y consideró que esa situación no alcanza para explicar su regreso.
A partir de allí, Raverta planteó su propia interpretación: “Entonces, ¿por qué vuelve? Por las mismas razones que lo llevaron a ‘borrarse’: sus intereses políticos personales”.
La dirigente peronista también hizo referencia a las disputas entre el PRO, la UCR y La Libertad Avanza por el armado político de cara al próximo año. Según sostuvo, en esa discusión “quedan los vecinos de Mar del Plata y Batán, que sufren una ciudad que no merece estar tan mal”.
Finalmente, Raverta cuestionó que Montenegro haya solicitado licencia también en el Senado provincial y marcó una contradicción entre sus decisiones políticas y las necesidades de la ciudad.
“Mar del Plata es demasiado importante para quedar atada a los planes personales de Montenegro. Él decidió cuándo irse y ahora también decide cuándo volver”, señaló.
Y cerró con una definición que sintetiza el eje de su carta: “Gobernar Mar del Plata no puede ser un plan B”.
