La sífilis alcanzó en 2025 su cifra más alta en años a nivel nacional y Mar del Plata no escapa a la tendencia. El infectólogo Alexis Manzo advierte, además, que hace años no hay una campaña de prevención local.
La Argentina cerró 2025 con el número más alto de casos de sífilis desde que existe el sistema de vigilancia epidemiológica. Hay 46.779 diagnósticos según el Boletín Epidemiológico Nacional, un 75,6% más que en 2022. Mar del Plata no es una excepción a esa curva, aunque el dato local parezca contradecirla.
Un dato que engaña
En el sistema público local, los casos notificados de sífilis bajaron de alrededor de 940 en 2024 a 723 en 2025. Sin embargo, el infectólogo Alexis Manzo, en diálogo con el Retrato, pidió no leer esa baja como una mejora: “Eso igual es relativo. Tiene que ver con la notificación. Ese número del que vos hablás es en el sistema público y de notificación. Después hay que sumar el sistema privado, las fundaciones que hacen diagnóstico y tratamiento de las ITS, que también manejan números elevados”. Según el médico, lo más probable es que la ciudad esté en una meseta alta, no en un descenso real.
Una infección fácil de curar que sigue creciendo
La sífilis se diagnostica con un análisis de sangre (VDRL) o un test rápido con resultado en diez minutos, y se cura con un tratamiento accesible. Aun así sigue creciendo. La causa principal indica que el uso correcto del preservativo no supera el 30% según las últimas encuestas. El Manzo remarcó tambien que buena parte de los contagios de sífilis, gonorrea y clamidia ocurre por sexo oral. “En esos casos la realidad es que en el sexo oral, el uso del preservativo es nulo, por eso las altas tasas que tenemos de sífilis tienen que ver con esto”, sostuvo. La población más afectada tiene entre 15 y 39 años, aunque Manzo atendió casos de 15 a 75 años, y remarcó el riesgo particular durante el embarazo, donde la ley obliga a testear a toda mujer gestante por el riesgo de sífilis congénita.
El prejuicio que retrasa un diagnóstico años
En el sistema público marplatense se registran entre 80 y 100 diagnósticos de VIH por año, y entre el 30% y el 40% llega tarde, años después del contagio. Manzo lo atribuyó, en parte, a un sesgo médico. “Nos ha pasado de una anemia estudiada cuatro años y al cuarto año a alguien se le ocurre pedirle un VIH. Eso tiene que ver también con un prejuicio de alguna forma de muchos profesionales de la salud, de no pedir el VIH a las personas que, entre comillas, no pertenecen a los grupos de riesgo”, explicó. Su recomendación es que cualquier persona sexualmente activa debería pedir un test de VIH y sífilis una vez al año, aunque el médico no se lo indique de forma espontánea.
Sin ESI y sin campañas
Consultado sobre la Educación Sexual Integral en las escuelas, Manzo explicó que “la ESI es totalmente inadecuada en la mayoría de los casos (…) claramente el sistema educativo dejó de ser un jugador importante en lo que es la prevención de las infecciones de transmisión sexual”.
El dato no es una percepción aislada, el presupuesto nacional para la ley de ESI cayó a $30 millones en 2026, cien veces menos que en 2022, según un pedido de informe presentado en el Congreso. A eso se suma, según el infectólogo, la ausencia de campañas de prevención masivas desde la Secretaría de Salud local desde hace varios años, más allá de testeos puntuales en barrios y organizaciones como Fundación Huésped o AHF.
Lo que cambió con la PrEP
Manzo también describió un fenómeno más nuevo. En ciertos grupos, sobre todo entre hombres que tienen sexo con hombres, perdió peso el miedo al VIH gracias al acceso a la PrEP (profilaxis pre-exposición), una pastilla diaria que previene el contagio. El problema, advirtió, es que muchas veces reemplaza al preservativo en lugar de complementarlo: “Por eso vemos en esos grupos de población un aumento de las tasas muy importantes de sífilis, gonorrea, clamidia, y está invisibilizado el tema del VIH”.
Con la temporada de verano, cuando la ciudad triplica su población, las consultas por ITS suben todavía más. El sistema, según Manzo, tiene tests y tratamientos disponibles, pero la respuesta sigue siendo reactiva. Se espera a que la persona consulte por un síntoma, no se sale a buscarla. Frente a ese panorama, la recomendación del infectólogo es la más simple: un test de VIH y sífilis, una vez al año, para cualquier persona sexualmente activa.
