Casi la mitad de los vecinos de General Pueyrredon sufrió al menos un delito durante el último año, según la Encuesta de Percepción de Seguridad 2026, realizada por el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales junto con la red Mar del Plata Entre Todos. El relevamiento, hecho entre el 20 de abril y el 30 de junio sobre 1.470 respuestas de mayores de 18 años del partido, midió tanto la experiencia de los vecinos con el delito como su percepción sobre la inseguridad y la confianza en las instituciones encargadas de combatirla.
Quién sufrió qué delito
El 44,4% de los encuestados, cerca de 650 de las 1.470 personas consultadas, declaró haber sufrido personalmente, en los últimos doce meses, al menos uno de los cuatro delitos relevados: robo con violencia, robo sin violencia o hurto, lesiones o amenazas. Los robos y hurtos en conjunto alcanzaron al 35,6% de los participantes, mientras que el 20,4% sufrió lesiones o amenazas. El hecho más frecuente fue el robo sin violencia (27,6%), seguido por el robo con violencia (18,4%), las amenazas (17,1%) y las lesiones (7,8%). Pese a estos números, la denuncia no es la respuesta mayoritaria: entre quienes fueron víctimas, solo el 46,7% puso en conocimiento de la Policía al menos uno de los hechos sufridos.
Una sensación de inseguridad
El 96,5% de los vecinos considera que la inseguridad es un problema grave o muy grave, y el 88,8% cree que la delincuencia aumentó respecto del año anterior. Esa sensación varía según el lugar: el 53,7% dijo sentirse inseguro al quedarse solo de noche en su vivienda, un porcentaje que sube al 77,5% al caminar cerca del domicilio y trepa al 87,1% en plazas o parques y al 88,8% en las paradas de colectivo. El propio estudio lo resume así: “el espacio privado aparece así como relativamente más protegido”, mientras la inseguridad crece en los espacios públicos y de circulación.
Rutinas modificadas por miedo
El temor al delito también cambió los hábitos cotidianos. El 68,8% evita dejar su vivienda sola, el 66,6% empezó a usar taxis, remises o aplicaciones por razones de seguridad, el 64,9% dejó de salir de noche y el 63,9% dejó de circular con objetos de valor. A eso se suma que el 45,8% dejó de usar el transporte público y el 43,6% abandonó actividades al aire libre. La protección también se trasladó a los hogares: el 91,6% de quienes respondieron con información completa declaró contar con al menos una medida de protección residencial, algo que el estudio vincula directamente con el tipo de vivienda y los recursos económicos de cada hogar.
Desconfianza generalizada en las instituciones
La confianza institucional es baja en toda la línea. Las fuerzas federales son las únicas que superan el 50%, con un 55,1%; muy por debajo aparecen la Patrulla Municipal (25,5%), la Policía Bonaerense (20,4%) y el Poder Judicial, con apenas 16,5%. La evaluación del desempeño también es negativa: el 79% calificó mal la capacidad de la Policía para controlar el delito en su zona de residencia. El estudio encontró además que la confianza en las fuerzas de seguridad aumenta con la edad de los encuestados, mientras que la confianza en la Justicia disminuye a medida que sube su nivel educativo.
Sin una salida única
Consultados sobre qué políticas deberían priorizarse, el 28,4% eligió la prevención social y la reducción de desigualdades, el 27,4% se inclinó por el endurecimiento penal, el 20% pidió reformas institucionales para reducir la corrupción y el 15,7% priorizó fortalecer la presencia y las capacidades policiales. “No existe una propuesta de solución predominante”, señala el estudio, que además detectó que haber sido víctima de un delito genera un desplazamiento moderado hacia posiciones más punitivas, sobre todo por una menor preferencia por las soluciones centradas en la prevención social.
