CREDE sostiene su Mercadillo número 20 pese al ajuste al sector de discapacidad

La feria de productos artesanales elaborados por jóvenes con discapacidad intelectual realizó frente a la Catedral, en una edición marcada por la caída en la participación de instituciones y el esfuerzo por sostener los talleres.

El Centro con orientación Deportiva y Artística (CREDE) de Mar del Plata realizó la 20ª edición del Mercadillo, una feria de exposición y venta de productos artesanales elaborados por jóvenes con discapacidad intelectual de la institución y de otros espacios. La actividad se desarrolló entre las 10 y las 16 en una carpa instalada frente a la Catedral de San Martín y Mitre. Se trata de una edición atravesada por las dificultades económicas que golpean al sector de la discapacidad, con menos instituciones sumadas que en años anteriores.

Productos y propuesta

La propuesta incluyó una amplia variedad de producciones gastronómicas de elaboración propia, como budines, mermeladas y conservas, además del espacio “Cómo te quiero, cafetería”, destinado a la venta y degustación de café.

También se ofrecen piezas de cerámica, como tazas, mates y objetos decorativos, junto con velas artesanales, productos de jardinería, plantines, aromáticas y suculentas.

Menos instituciones, mismo esfuerzo

Julieta Martínez, terapista ocupacional de CREDE, explicó en diálogo con el Retrato el contexto de esta edición: “CREDE es una institución que trabaja con personas con discapacidad intelectual, y todos los años organizamos esta feria frente a la catedral. Esta es la veinteava edición: hace muchos años que venimos con este proyecto. Este año, al igual que el anterior, toda la población con discapacidad se encuentra bastante afectada por la situación actual, y hacemos un gran esfuerzo para sostener proyectos como el de la feria.”

Entrenamiento y autonomía

Más allá de la venta, la feria funcionó como una instancia de formación. “El principal objetivo de la feria es que los jóvenes que participan durante todo el año de los talleres tengan un espacio más para contarles a sus familias o a la comunidad el proceso que llevó hacer ese producto. También es una instancia de entrenamiento en el manejo del dinero: cuánto sale, qué billete corresponde o de qué modo se puede pagar, si es en efectivo o por transferencia.” detalló Martínez.

Para los propios participantes, el valor pasa por completar un proceso propio. Martínez lo resumió así: “Ellos siempre están muy dispuestos a participar. Cada uno de los profesores los va anotando en los diferentes stands, y todos quieren sumarse porque ven la importancia de completar el ciclo de producción: participar del taller y después llegar a la instancia de exponerlo a la sociedad, ya sea contando en qué consiste el producto o, en su mejor versión, vendiéndolo.”

La comercialización a precios accesibles buscó, además, sostener la continuidad de las actividades del centro y consolidar el vínculo con la comunidad marplatense.