José María Ulla, una vida atravesada por la música y los escenarios del mundo

José María Ulla tiene 64 años y lleva más de cinco décadas ligado a la música. No se trata simplemente de una profesión ni de una actividad elegida en algún momento de la vida: para él, la música es una forma de entender el mundo. Comenzó a estudiarla cuando tenía apenas ocho años y, desde entonces, nunca hizo otra cosa. Su recorrido lo llevó desde Santa Fe hacia distintos escenarios y ciudades del mundo, con una formación que incluyó Suiza, Italia, Viena y Hungría.

Nacido en Santa Fe, Ulla no tuvo una residencia fija durante buena parte de su vida. Su carrera profesional lo llevó a vivir en distintos lugares, aunque siempre con una misma compañera: la música. Primero estudió en el Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral, donde egresó como Profesor Nacional de Música.

A los 23 años tomó una decisión que cambiaría definitivamente su trayectoria: se fue a vivir a Suiza. Allí ingresó al Conservatorio de la ciudad de Berna y realizó sus estudios para convertirse en director de coro. Aquella experiencia fue determinante.

La formación no terminó con la obtención de un diploma. Para Ulla, convertirse en director implica mucho más que completar una carrera académica. “Tenés que recorrer y tenés que estudiar. Tenés que hacer ambas cosas”, resume en entrevista con el Retrato  al explicar que la experiencia es tan importante como la preparación técnica.

Durante su permanencia en Europa aprovechó distintas oportunidades para continuar perfeccionándose. Realizó cursos con maestros en Italia y Viena y tuvo, además, una experiencia particularmente significativa en Hungría.

En 1984 residió durante un tiempo en ese país y estudió en el Instituto Zoltán Kodály, en una tierra profundamente vinculada con la tradición coral. Allí, explica, la actividad coral tenía una enorme difusión y constituía una escuela especialmente importante para quienes querían formarse en esa disciplina.

Diez años en Bahía Blanca y el regreso a la Argentina

Ulla permaneció alrededor de siete u ocho años en Suiza. Durante ese período también desarrolló actividad como director invitado en distintos lugares del mundo. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a aparecer una pregunta inevitable: dónde continuar su vida profesional.

Su relación con la Argentina nunca había desaparecido. Aunque se había marchado siendo muy joven, reconoce que conservaba un fuerte arraigo con el país.

Su experiencia en Suiza también le había permitido conocer las dificultades de vivir lejos del lugar de origen. Incluso teniendo la documentación en regla y ciudadanía italiana, existía una sensación que no desaparecía: la de no pertenecer completamente.

La oportunidad de regresar llegó de la mano de una propuesta profesional. Graciela Giannettasio, entonces directora general de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, le ofreció hacerse cargo de la Orquesta Sinfónica de Bahía Blanca.

La propuesta significaba ponerse al frente de un organismo estatal importante, integrado por decenas de músicos profesionales, en una ciudad considerada estratégica por su ubicación. Ulla aceptó.

Llegó a Bahía Blanca y permaneció allí diez años. Durante ese período llevó la orquesta a Italia y protagonizó conciertos multitudinarios. La experiencia terminó convirtiéndose en otra etapa fundamental de su carrera.

Pero Mar del Plata estaba esperando.

Mar del Plata, la Banda Sinfónica y una nueva etapa

Para Ulla, llegar a Mar del Plata significó dar un nuevo paso profesional. “Es una ciudad de nombre mundial”, explica al referirse a una ciudad que, por su dimensión y reconocimiento, representaba un desafío diferente.

Fue director de la Orquesta Sinfónica durante cuatro años. Pero el momento que identifica como uno de los más importantes de su vida profesional comenzó en 2016, cuando se incorporó a la Banda Sinfónica Municipal.

Desde entonces, asegura, transcurrieron los que considera “los diez mejores años profesionales de mi vida”.

Su tarea no se limita a marcar el ritmo o conducir desde el podio. Para Ulla, el director cumple un papel semejante al de un director técnico: conduce, enseña, exige y ayuda a desarrollar a los músicos.

A lo largo de estos años pasaron por la banda artistas de diferentes ámbitos. Cantantes, grupos, solistas, músicos populares, jóvenes alumnos del conservatorio y artistas reconocidos compartieron escenario con la institución.

Jairo, entre otros, formó parte de esas experiencias. También pasaron artistas y agrupaciones vinculadas a distintos géneros, demostrando que una banda sinfónica puede convertirse en un espacio de encuentro entre tradiciones musicales diversas.

Ulla defiende una idea central: la Banda Sinfónica de Mar del Plata tiene el nivel suficiente para presentarse en cualquier escenario. Su objetivo es que ese potencial sea reconocido por la ciudad y también por el mundo.

En ese camino aparece ahora uno de los desafíos más importantes de su carrera: la próxima llegada del reconocido compositor y director neerlandés Johan de Meij y el saxofonista de primer nivel, Hans de Jong. Será en 9 de octubre en el Teatro Municipal Colón.

Será una oportunidad artística, pero también una posibilidad de proyección