Los ex combatientes marplatenses, entre el respaldo a la causa y la desconfianza

El Centro de Ex Combatientes Malvinas de Mar del Plata respondió con cautela a la cadena nacional que el presidente Javier Milei brindó el jueves 3 de septiembre, en la que anunció sanciones a empresas petroleras que operen en las islas, la construcción de una base naval en Tierra del Fuego y un proyecto de ley de Defensa de la Soberanía Nacional. Fernando Álvarez, presidente de la institución, coincidió con el reclamo de fondo pero advirtió sobre el riesgo de que cualquier gobierno, del signo que sea, utilice la causa Malvinas con fines electorales.

El mensaje presidencial, de unos 15 minutos y grabado en Casa Rosada con todo el Gabinete detrás, además del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y la senadora Patricia Bullrich, llegó en medio de una serie de declaraciones ambiguas de Donald Trump sobre el histórico apoyo de Estados Unidos a Gran Bretaña en la disputa por las islas. Milei anunció que inhabilitará para operar en el país a las empresas que exploten recursos naturales en Malvinas sin autorización argentina, con sanciones de entre cinco y veinte años. Sumada además la creación de una base naval en Ushuaia, con una inversión estimada en 300 millones de dólares  y el envío al Congreso de un proyecto que crearía un Consejo de Seguridad Nacional con facultades extraordinarias sobre Defensa, Economía e Inteligencia.

Más expectativa que anuncio

Fernando Álvarez, presidente del Centro de Ex Combatientes Malvinas de Mar del Plata, concluyó en diálogo con el Retrato, que “se generó más expectativa de la que finalmente se dijo”. Lo calificó como un punto de partida antes que como una definición cerrada, aunque remarcó de entrada el único terreno en el que, según él, no hay grieta posible: la soberanía sobre las islas no se negocia. Aclaró, eso sí, que el centro marplatense, que esta semana cumplió 42 años de vida institucional, sostiene una postura deliberadamente apartidaria frente a cualquier anuncio vinculado a Malvinas, venga de donde venga.

Para Álvarez, Malvinas ocupa un lugar poco habitual en la política argentina, la cual definió como una causa nacional que no divide. Existe un respeto, planteó, que debería ser el piso desde el cual discutir cualquier medida sobre los recursos del Atlántico Sur, la Antártida y el reclamo de soberanía frente a un Reino Unido al que calificó llanamente de país colonialista.

La advertencia sobre el uso político de la causa

Consultado puntualmente sobre si el anuncio puede leerse como una jugada política, una lectura que se aplicó tanto a este discurso de Milei como al de Cristina Fernández de Kirchner en 2012, Álvarez prefirió creer que se está actuando de buena fe. Aunque reconoció que ningún partido resigna la oportunidad de capitalizar un tema candente para sumar votos.

El centro que preside, contó, les abrió las puertas históricamente a dirigentes de todos los colores que se acercaron a sacarse una foto con la causa, y no fueron pocas las veces en que, ya en funciones de gobierno, esos mismos dirigentes dejaron de atender el teléfono. Por eso, aunque no descartó que algo similar ocurra esta vez, eligió dar el beneficio de la duda: “no tengo el diario del lunes”, resumió.

Un aliado sin gratuidades

Sobre el rol de Estados Unidos y de Donald Trump como sostén externo del reclamo, Álvarez consideró positivo cualquier respaldo, pero no se hizo ilusiones sobre su origen. La potencia que hoy maneja buena parte de la economía y la política mundial no actúa por afecto hacia la Argentina, sino en busca de sus propios réditos, y todo apoyo de ese tamaño termina exigiendo algo a cambio.

Puso como antecedente el actual enclave chino en el sur del país, al que los propios argentinos no pueden acceder, para ilustrar que negociar con potencias siempre implica ceder algo. Por lo pronto, sobre lo anunciado en la cadena nacional, prefirió esperar, lo dicho hasta ahora son títulos, dijo, y falta ver cómo se desmenuzan y qué hay detrás de cada uno.