(Por Norberto Ise) Ensayo sobre la responsabilidad ineludible del saber, la falsedad del aislamiento urbano y el peligro del experimento gubernamental en Argentina
- La actualización permanente del conocimiento humano
Estamos acostumbrados a estudiar hasta un nivel formal, ya sea secundario, terciario o universitario, concluyendo una carrera de grado, tras lo cual muchos dejan de estudiar. Incluso, al responder a la pregunta habitual en alguna reunión sobre “¿Qué estudias?”, se suele dar el nombre de la profesión obtenida: arquitecto, médico, abogado, economista, etcétera.
Sin embargo, debemos estudiar hasta el día de la muerte, ya que siempre hay que cargar datos como en una computadora. Un cerebro sin datos no sirve; si una computadora deja de actualizarse, nadie se perjudica porque no se modifica el resto de las máquinas. Pero un ser humano que deja de cargar datos, información y conocimiento no solo deja de ser útil para sí mismo, sino que además perjudica gravemente al resto de sus pares por no mantenerse a la altura de las demandas de su entorno.
Este estancamiento intelectual no sería un inconveniente grave si el individuo viviera aislado en una montaña, al margen de la participación social. Pero cuando vive en un país usufructuando los beneficios del sistema urbano, su ignorancia y estancamiento intelectual repercuten de manera directa sobre toda la comunidad.
- La falacia del analfabetismo político y el aislamiento
En este marco, el analfabeto político no se puede dar el lujo de la soberbia al afirmar despectivamente: “No me interesa la política ni votar”. Todo ciudadano tiene la obligación ineludible de capacitarse, conociendo a fondo cómo funciona el sistema republicano, así como los derechos y obligaciones que de él se desprenden.
La idea de mantenerse al margen se sustenta a menudo en una falsa ilusión de autonomía. Se suele pensar en la figura de un ermitaño en una montaña o en un “no país”, pero en la realidad contemporánea dichos espacios ya no existen: nadie queda fuera de cumplir y depender del sistema urbano. Incluso quien decide aislarse físicamente sigue pisando el suelo soberano de una nación, respirando el aire regulado, consumiendo recursos de infraestructuras públicas y recurriendo al Estado en caso de emergencias extremas.
Por lo tanto, la postura de que la política no interesa es un lujo falso que solo podría permitirse quien habita un absoluto aislamiento inexistente. En una comunidad urbana e interdependiente, la indiferencia cívica no es una neutralidad inofensiva; es un usufructo parasitario de los beneficios comunes que subvenciona la propia vulnerabilidad y, sobre todo, la vulnerabilidad ajena.
III. La tragedia del gobernante indocumentado y el experimento nacional
Llevar esta falta de saber a la cúspide del Estado revela la consecuencia más peligrosa del analfabetismo político. Del mismo modo que un profesional desactualizado perjudica a sus pares, la falta de saber técnico, sociológico y político en un mandatario no es una mera excentricidad: es una catástrofe que impacta de lleno sobre toda la sociedad. La gestión de Javier Milei encarna con precisión este peligro al gobernar desde el dogma y el desconocimiento profundo de lo que constituye el equilibrio entre economía, sociedad y Estado.
Gobernar un país complejo no admite la improvisación ni el ensayo a libro cerrado sobre carne viva.
Cuando un gobernante carece de las herramientas conceptuales para distinguir qué edifica y qué destruye el bienestar colectivo, las medidas se transforman en saltos al vacío. El resultado es un desamparo sistemático que vulnera a la Argentina en todos sus frentes:
En lo interno: Pulverizando el poder adquisitivo, desfinanciando la educación y la ciencia, destruyendo el tejido productivo y dejando a los sectores medios y vulnerables a la intemperie bajo la falacia de que el mercado se autorregula en el vacío.
En lo externo: Degradando la estatura geopolítica del país, debilitando su posición negociadora y comprometiendo los intereses nacionales históricos.
Esta impericia manifiesta expone al país a una indefensión cuasi invasora, donde los resortes estratégicos de la nación se desmantelan desde adentro, debilitando su estatus en todos los conceptos internos y externos.
- Convocatoria a juicio político por aclamación popular
Ante la gravedad de este desamparo generalizado y la vulneración sistemática de la patria, la apatía ciudadana deja de ser tolerable. Si el habitante de una república no puede darse el lujo de ignorar su sistema, mucho menos puede permitir que la conducción del Estado sea usurpada por la ignorancia militante y el experimento irresponsable.
Llevar esta argumentación al terreno de la coyuntura argentina actual expone la consecuencia más peligrosa del analfabetismo político y del desdén por el conocimiento técnico: cuando se improvisa desde la cúspide del Estado, el país entero se convierte en un laboratorio de ensayo a cielo abierto. Aunque ya queda claro que es intento de invasión a los intereses geopolíticos, que los ciudadanos no hemos votado, es decir: ¡Las Malvinas son argentinas y la Argentina también!
JUICIO POLÍTICO YA, AHORA MISMO
