Thiago Vera, el joven de 19 años que quedó gravemente herido cuando un colectivo de la línea 532 se subió a la vereda del Skate Park el 22 de junio, recibió el alta del HIGA el viernes tras 67 días de internación. Este lunes retomó el entrenamiento en casa. Todavía le quedan dos operaciones.
El viernes 29 de agosto, Thiago Vera salió del Hospital Interzonal General de Agudos. Tenía 67 días de internación encima, una traqueotomía, cincuenta de esos días en terapia intensiva y un diagnóstico que el propio equipo médico del HIGA había descrito como impensado de superar. Dos cirugías todavía le quedan pendientes, una en la pierna, otra en la cabeza, donde por ahora solo tiene el cuero cabelludo porque los médicos le extrajeron un buen pedazo de cráneo.
Diego Vera, su padre, lo había anunciado en las redes sociales con la voz tomada: “Vamos a poder estar en casa tranquilos disfrutando de este campeón”, dijo. Este lunes, tres días después del alta, Thiago ya hace ejercicio en su casa, con la meta puesta en recuperarse lo antes posible.
Qué pasó el 22 de junio
El accidente ocurrió un domingo a las 19, cuando una unidad de la línea 532 perdió el control y se subió a la vereda del Boulevard Patricio Peralta Ramos y Rivadavia, en la zona del Skate Park Bristol, embistiendo a varias personas que estaban en el lugar.
Guadalupe Merlos, de 18 años, murió. Otras seis personas fueron trasladadas al HIGA.
Entre los heridos más graves estaba Thiago, cuyo parte médico inicial detallaba traumatismo craneoencefálico grave con hematoma subdural derecho, trauma de tórax cerrado con contusión pulmonar y neumotórax bilateral laminar, y fractura expuesta de fémur izquierdo. Que hoy pueda contar todo eso en primera persona es, según su padre, algo que hace un mes era directamente impensado.
Según puede contar Thiago a el Retrato sobre los instantes previos, en la milésima en que vio el colectivo venir, empujó a su novia para que evitara el golpe. El colectivo apenas la movió a ella y quedó inconsciente un minuto. Después ella lo buscó, lo encontró sangrando de la cabeza. Cuando le preguntaron si sentía orgullo por lo que hizo, ofreció dos versiones: la que le da a su familia, que es un caballero, un héroe, y la suya que “rompe un poco el esquema”. Dice que actuó por valores, como si esos valores formaran parte del instinto, y que hubiera empujado a cualquiera: al entrevistador, a su abuela, hasta a su perro.
El diagnóstico
La recuperación, contó Diego en diálogo con el Retrato, fue muy difícil de anticipar. Cada parte médico de las primeras semanas traía nueva incertidumbre sobre cómo iba a quedar Thiago, neurológica y motrizmente. Los médicos hablaban de tiempos largos para que volviera la conciencia plena y advertían que lo cognitivo y lo motor iban de la mano: si el cerebro no respondía bien, el cuerpo tampoco. Lo que ocurrió en los últimos veinte o veinticinco días fue un cambio que su padre calificó de “terrible”, en el sentido más positivo, y que atribuye al esfuerzo de Thiago, al trabajo de los profesionales y, para quien sea creyente, a algo más.
Por ahora, solo restan dos cirugías, la de la pierna, que deberá esperar a que ceda la infección para poder colocar las placas y la del cráneo, para reemplazar lo que fue extraído. Una lesión en la clavícula queda en un tercer plano, menor en comparación. Después de eso, recién después, empieza la rehabilitación formal de la pierna.
En casa y de a poco
Diego tuvo que reorganizar la habitación porque el cuarto original de Thiago no estaba adaptado para su situación actual. El ritmo del hospital ya está siendo reemplazado por la rutina en casa: entrenamiento por la mañana, comidas compartidas con la familia, películas a la noche. Thiago dijo que trata de hacer de cada comida un momento familiar, que elige películas que le gusten a todos, que ayer vinieron todos sus amigos porque estaban esperando a que estuviera en casa tranquilo para hacer “el quilombo que hagamos”. La novia, que estuvo presente en casi todas las horas que el hospital permitió durante la internación, sigue visitándolo todos los días.
El tema económico aparece detrás como otro de los factores en recuperación. Diego estuvo prácticamente dos meses sin poder trabajar como conductor de aplicación, al igual que Antonella, la madre, que trabaja como cajera. Diego agradeció a quienes siguen colaborando económicamente, porque “todo cuesta hoy, y haber estado dos meses sin trabajar ambos y recién arrancar también todo cuesta”.
“Jamás se cayó todavía”
Thiago, cuando le toca hablar de sí mismo, tiene una lógica que no admite demasiadas vueltas. ¿Para qué decirle que no a los ejercicios, razonó, si el único que sale perjudicado es él? Su padre, que de joven llegó a compartir cancha con Riquelme en Argentinos Juniors, le va sumando veinte abdominales por día a la rutina (ya van 100). Y Thiago sigue adelante. Es de su padre de quien heredó, según admitió él mismo, las buenas costumbres de siempre progresar.
Diego, que pasó junto con Antonella dos meses midiendo cada avance, primero que abriera los ojos, después que apretara la mano, después que caminara con andador, después que llegara a casa, lo describe como alguien que “jamás se cayó todavía”. Ni en el hospital ni en la casa ha habido tiempo para el derrumbe, y tanto Thiago como su familia siguen empujando hacia adelante.
