Almaceneros de barrio confirman la caída del consumo y suman a la competencia china

En los locales de la ciudad, dueños y empleados describen el mismo escenario: menos clientes, changuitos más chicos y una carrera de promociones para sostener las ventas frente a la caída del poder adquisitivo. A esto hay que sumarle la competencia de comercios de origen chino, que venden al público al mismo precio al que un almacenero compra la mercadería.

el Retrato recorrió almacenes y despensas del centro marplatense para relevar de cerca el impacto de la caída del consumo. El diagnóstico es el mismo: entra menos gente, se compra menos y se prioriza el precio por sobre la calidad. La tendencia coincide con los datos que releva mensualmente la UCIP, que en agosto volvió a marcar caídas interanuales en las ventas de la ciudad con una caída del 3.8 %.

En La Casita Market, un almacén familiar que abrió hace poco más de un mes tras mudarse de barrio, Viviana, encargada del local y familiar de los dueños, resumió el cambio de ritmo. Ya no importa tanto la calidad, ahora se busca el precio. Contó que el traslado (Antes en Tejedor casi Constitución) se debió a la competencia de comercios de origen chino, que venden al público al mismo precio al que un almacenero compra la mercadería: “No podés competir jamás con ellos”, explicó, y agregó que en el nuevo local hay más paso de gente, aunque también más inseguridad.

Por su parte Andrés Capamadjian, dueño de Despensa Andy, describió un cuadro similar. La plata no alcanza y la gente prioriza la tarjeta y los servicios antes que el resto de los gastos, así que si puede darse “algún gustito” con la comida, lo hace, pero no es habitual. El aumento de la luz y la necesidad de bajar los márgenes para sostener las promociones volvieron la ecuación cada vez más ajustada, según remarcó, y resumió el presente del comercio con una frase que repitió varias veces: “Cuesta, cuesta, cuesta mucho”.

En el Almacén El Reencuentro, Emanuel Sánchez precisó que hasta el día 12 todavía entra gente, después la venta “se cae un montón”, ya lejos del movimiento de fin de semana que había antes. El local, dijo, recurre a carteles y ofertas puntuales para tratar de atraer clientela.

Un diagnóstico parecido surgió en El Mercado de Sabores, con poco más de un año de trayectoria, Lucas Pierrestegui, uno de los dueños, indicó que este último mes “estuvo bastante más flojo”, y que buena parte de la clientela son jubilados que hacen lo que pueden para ver qué llevarse porque no les alcanza. Como ejemplo del ritmo de los aumentos, mencionó el del queso cremoso, que hace dos meses costaba 8.000 pesos y hoy se vende a 11.200.

El peso de los servicios

A la caída de las ventas se suma otro problema: el costo de los servicios. “Mata. Complica porque subió un montonazo”, señaló Capamadjian, y lo puso en la misma bolsa que el alquiler y la competencia como los tres frentes que más ajustan el margen. Pierrestegui coincidió en que la boleta de luz y agua “es un dineral”, aunque aclaró que desde que abrió El Mercado de Sabores, hace apenas un año y dos meses, la tarifa ya venía cara. A esos costos fijos se suman las cargas sociales de los empleados, que en general, los comercios coincidieron que rondan los 500.000 pesos mensuales haciendo que permitirse más de un empleado sea un lujo para muchos.

Como la mayoría de sus colegas, Pierrestegui pone ahora las expectativas en el verano que se viene, aunque sin demasiada certeza: “Esperando al verano a ver si repunta un poco, es la única que queda”.