¡Insolito! Los trapitos más aliados que los patrulleros con los comerciantes del centro

el Retrato recorrió distintos comercios del centro de Mar del Plata para relevar, en primera persona, cómo atraviesan los trabajadores del rubro la inseguridad en la zona. El resultado fue un mosaico de testimonios que tiene como denominador común la sensación de que la policía no está, y de que son ellos mismos, junto a los trapitos y los grupos de WhatsApp del sector, quienes se cuidan entre sí.

Caminar el centro de Mar del Plata y preguntar por seguridad no lleva mucho tiempo hasta que aparece la misma respuesta: no hay policía. De comercio en comercio, entre Rivadavia, Córdoba, San Luis, San Martín y Catamarca, comerciantes y empleadas de distintos rubros, indumentaria, cotillón, librerías, kioscos, tabaquerías, coincidieron en un diagnóstico compartido, “es una ciudad liberada”.

“No vemos a nadie caminando”

La ausencia de patrullaje fue, sin excepción, el primer reclamo. Yamila Gutiérrez, de AlfisJeans, contó que en su cuadra prácticamente no circula la policía. “No vemos a nadie. Ni caminando ni en auto. Veremos de vez en cuando, no sé, una vez por semana”, describió. Giselle Arenas, de la tienda de ropa Musuika, en Rivadavia y Córdoba, coincidió en el diagnóstico: “La policía no hace absolutamente nada. No se si es una operación política porque es tan alevoso lo que está pasando y que la policía no haga nada que ya es sospechoso”, planteó, y agregó que el poco patrullaje que consiguen dura apenas un par de días después de un reclamo formal en la comisaría.

Nicolás Gutiérrez, uno de los dueños de la casa de electrónica QWERTY, en Rivadavia y Mitre, recordó que hace unos meses la policía se había comprometido a pasar todos los días y que un efectivo en bicicleta hacía firmar un cuaderno como constancia del recorrido. “Pasaban, hacían el recorrido y se iban. No pasaron más después, ni siquiera eso”, relató. Ludmila Cuelli, de la casa de ropa interior Sofía, en San Luis casi San Martín, describió una escena similar al momento de volver a su casa de noche: “Salgo y me voy caminando y no veo a nadie. Está todo oscuro”, dijo.

Los trapitos, según la cuadra

Sobre el rol de los trapitos, ninguno de los comercios visitados tuvo quejas, al contrario, varios los describieron como una forma de cuidado informal que reemplaza al Estado en ese punto.Giselle Arenas definió al trapito de su cuadra como “un genio” que avisa cuando ve una cara sospechosa, aunque aclaró que la dinámica cambia de una esquina a otra: “En otros lugares, como Catamarca entre Rivadavia y San Martín, es una pelea constante”, señaló. Ludmila Cuelli coincidió, el suyo, Diego, trabaja hace años en la zona y avisa cuando detecta a alguien sospechoso. Yamila Gutiérrez, por su parte, matizó que la relación depende de las “juntas” que se arman alrededor de cada trapito: “Hay uno que te abre el auto, el otro que viene y pasa”, explicó, sobre las dinámicas menos virtuosas que también existen.

Cerrar más temprano

Adelantar el cierre se convirtió en una medida de seguridad de costumbre. Ludmila Cuelli contó que su local baja la persiana a las 19.30 y que a los pocos minutos ya no queda nadie en la cuadra. Yamila Gutiérrez, en cambio, remarcó que su comercio es de los últimos en cerrar, a las 20.30, y que eso las deja particularmente expuestas: “Ya cerraron todos a las 8 y nosotros quedamos solas”, dijo. Tanto en AlfisJeans como en Musuika y Sofía, quienes cierran a esa hora son mujeres, sin presencia masculina en el equipo.

Cuando el delito ya tiene nombre y cara

Otro punto en común fue la sensación de que los responsables de los robos son conocidos, e incluso identificados por su nombre en los grupos de WhatsApp del sector, sin que eso derive en consecuencias. Nicolás Gutiérrez explicó que, tras un robo a su local que los obligó a cambiar la persiana de reja por una de chapa, los mismos responsables reaparecieron días después caminando por otra sucursal de la cadena, en la zona de Güemes.

Juan Pablo Valentini, de la quiniela y tabaquería Jockey Club, en la peatonal San Martín y Córdoba, fue en la misma línea: “Están todos identificados, filmados, con fotos, y siguen estando. Sabe la comisaría, sabe quiénes son y cómo llegan”, sostuvo, y aclaró que su reclamo apunta a una respuesta institucional: “No estoy diciendo métanlo preso. Reténganlo en un lugar donde tengan cuidado. Que no siga perjudicando a la gente”, planteó.

Giselle Arenas relató, en ese sentido, un episodio de violencia vecinal contra dos jóvenes que habían intentado robar en su cuadra, a los que, según su descripción, otros vecinos golpearon en la calle. “Es que igual lo van a largar, así que por lo menos que no se la lleve de arriba”, concluyó al respecto.