La Jornada Técnica “La Papa, de Argentina al Mundo” reunió a más de 500 participantes en la Sociedad Rural de Balcarce, en una convocatoria que además de poner en valor a la producción papera y su potencial, permitió visibilizar el trabajo solidario que desarrolla desde hace una década el Banco de Alimentos Balcarce.
Javier Fornieles, ingeniero agrónomo y colaborador de la institución, destacó en entrevista con el Retrato el crecimiento alcanzado y explicó cómo funciona una organización que tiene como principal objetivo rescatar alimentos que, por distintas razones, quedarían fuera del circuito comercial.
Fornieles recordó que el concepto de los bancos de alimentos nació en Estados Unidos alrededor de 1960, con la finalidad de recuperar productos que la cadena comercial no iba a utilizar para luego destinarlos a personas que los necesitan. En Argentina, en tanto, los primeros bancos surgieron a partir de la crisis de 2001.
En Balcarce, el Banco de Alimentos nació en 2016 y actualmente cuenta con alrededor de 30 voluntarios, distribuidos en doce grupos de trabajo. La organización no tiene personal rentado y todas las tareas son desarrolladas de manera voluntaria.
“Somos nuevitos”, señaló Fornieles al referirse a los diez años de trayectoria de la institución, aunque remarcó que el trabajo desarrollado permitió consolidar una estructura capaz de responder a las necesidades de numerosas organizaciones sociales de la ciudad.
El sistema de distribución tiene una particularidad: el Banco de Alimentos no entrega mercadería directamente a personas individuales, sino que trabaja con instituciones que tienen contacto directo con sectores vulnerables.
Actualmente son 22 las instituciones que reciben alimentos del Banco de Alimentos Balcarce y, a través de ellas, se alcanza a entre 1.500 y 1.700 personas. Fornieles explicó que existen otras instituciones en la comunidad que también requieren asistencia, aunque en el caso de Balcarce la cantidad de organizaciones que quedan fuera de la cobertura es reducida en comparación con lo que sucede en grandes ciudades.
“En Balcarce tendríamos que atender a quien nos lo pide casi todos”, explicó ante el Retrato . En cambio, señaló que en ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mar del Plata existen listas de espera que pueden llegar a incluir a tantas instituciones como las que actualmente son asistidas.
Frutas, verduras y una tarea que depende del mercado
Uno de los principales desafíos del Banco de Alimentos está relacionado con el rescate de frutas y verduras, que constituyen los productos con mayor nivel de desperdicio dentro de la cadena alimentaria.
Según explicó Fornieles, aproximadamente el 40% de las frutas y verduras producidas termina desperdiciándose a nivel mundial, muchas veces por cuestiones comerciales, estéticas o vinculadas a la volatilidad de los precios.
En ese sentido, los bancos de alimentos de Balcarce, Mar del Plata y Tandil trabajan conjuntamente con el denominado Nodo, instalado en el cinturón hortícola marplatense, que funciona como un centro de rescate y permite distribuir los productos entre distintas instituciones.
El mecanismo de recuperación varía de acuerdo con el producto. Los bancos concurren a mercados, lavaderos de zanahorias, centros de procesamiento y también trabajan con productores que cuentan con excedentes.
Muchas veces, los alimentos que son descartados presentan condiciones perfectamente aptas para el consumo. Una zanahoria que creció dividida en dos, por ejemplo, puede ser rechazada comercialmente pese a conservar todas sus propiedades. Lo mismo ocurre con productos que presentan pequeñas imperfecciones visuales.
Fornieles relató el caso de un productor hortícola marplatense que recientemente envió un camión de espinaca que había sido rechazado en Buenos Aires porque las puntas de las hojas presentaban una coloración amarronada.
“Muchas veces pasa por lo estético. El productor o el consumidor no quiere ese producto y no llega a la góndola”, explicó.
En el caso de la papa, el volumen recuperado es particularmente variable. La cosecha se concentra entre marzo y septiembre u octubre, pero además el nivel de rescate está directamente relacionado con el precio del producto.
“Si la papa vale, el rescate es muy bajo. Cuando la papa no vale, te llaman: ‘Tengo camiones de papa porque no los puedo vender’”, explicó Fornieles, quien remarcó que esta característica vuelve muy difícil planificar de antemano la cantidad de alimentos que podrá recuperarse.
El desafío, además, es logístico. Cuando un productor comunica que dispone de varios camiones de papa para donar, el Banco debe encontrar rápidamente dónde almacenar, distribuir y utilizar esa mercadería.
Pero no todos los productos pueden recuperarse. Alimentos como aceite o harina, por ejemplo, prácticamente no generan desperdicios dentro de la cadena comercial y, por lo tanto, deben ser adquiridos.
En ese punto, Fornieles destacó la importancia de jornadas como la realizada en la Sociedad Rural de Balcarce: “Nos ayudan a comprar alimentos que no conseguimos obtener vía rescate”.
Finalmente, frente al contexto social y económico actual, el colaborador del Banco de Alimentos fue contundente al reconocer que la institución no puede cubrir todas las necesidades existentes.
“Nosotros somos un granito de arena en esto, nada más”, sostuvo. Y agregó que, aunque el impacto es importante dentro de la comunidad balcarceña, resulta imposible abarcar la totalidad de la demanda existente.
Con diez años de trayectoria, una estructura sostenida exclusivamente por voluntarios y una red de 22 instituciones, el Banco de Alimentos Balcarce continúa transformando excedentes en asistencia y demostrando que detrás de cada alimento recuperado existe también una oportunidad de convertir el desperdicio en solidaridad.
