“O ellos o nosotros”: El consenso armado que se escuchó en las puertas de Tribunales

Este lunes, mientras la Justicia definía si Ulises Cristiano continuaba detenido por la muerte de Sebastián Nazareno García, de 16 años, un puñado de vecinos y comerciantes se reunió frente a Tribunales, en Tucumán y Brown, para respaldarlo. El Retrato dialogó con varios de ellos antes de conocerse el veredicto. 

A las diez de la mañana de este lunes, con los chicos ya en la escuela y los comercios recién levantando la persiana, la vereda de Tribunales no daba abasto para alojar la indignación que decían sentir quienes sí llegaron. Eran pocos. Ivan del Palacio, administrador de la cuenta robos.mdp y uno de los que había impulsado la concentración no lo negó: “¿Que tendría que haber más gente? Sí, tendría que haber más gente porque esto es algo que nos afecta exactamente a todos”, admitió, aunque enseguida encontró la explicación de manutención que suele acompañar a estas convocatorias flacas: el horario, el trabajo, los chicos, la vida que sigue incluso cuando uno dice que ya no da más.

La misma tensión, entre el hartazgo que se proclama universal y la escasez de cuerpos dispuestos a sostenerlo en la calle, iba a repetirse, con matices, en cada una de las conversaciones de la mañana.

El método de robos.mdp

A del Palacio lo persigue una acusación que él mismo se encarga de administrar con cuidado. Su cuenta, con sus videos de linchamientos y sus fotos de comerciantes saliendo a las trompadas, se la ha acusado de funcionar como fogonero de la violencia que dice combatir. “Nosotros desde Robos MDP nunca promovemos la violencia”, sostuvo. Y enseguida incorporó: “Pueden cuestionar nuestro método, pero los resultados sirven, ¿no? Porque se armó quilombo en la Departamental y de la nada aparecieron patrulleros, aparecieron recursos”.

Toda acción tiene su reacción, resumió, es la fórmula que mejor explica el fenómeno que administra, no incita, dice, simplemente comparte lo que la gente le manda. Si la gente está linchando a un ladrón, él lo sube. Mostrar no es lo mismo que alentar, según del Palacio.

También es comerciante, y afirmó que en una situación similar no hubiera actuado del todo diferente a como hizo Ulises Cristiano. “A mí me vienen a robar a mi comercio, a mi casa, yo estoy con mi familia, yo tengo mi arma, y llega un momento que lamentablemente sos vos o son ellos”. El instinto de supervivencia, cerró, siempre te pone primero a vos.

“El que entra lo voy a prender fuego”

Ese “sos vos o son ellos” no fue una rareza de Del Palacio, fue, casi textual, la frase que se repitió en muchos testimonios. Estela, que tiene un comercio en Independencia y Brown, contó que todos los días le entran a robar algo y que un día uno se cansa. Ella ya se cansó, al igual que muchos de los autoconvocados, y amenazó: “Tengo preparado alcohol y fósforos. Listo. El que entra lo voy a prender fuego”, dijo, con la misma tranquilidad con la que después explicó que no hay un policía en la esquina “ni haciendo compras”. Sobre el adolescente muerto, que tiene la misma edad que uno de sus nietos, afirmó que “los únicos culpables de que ese chico hoy esté muerto son los papás. Por no ocuparse y no hacer las cosas que tenían que hacer”.

Vilma, comerciante de ropa en Acantilados, contó que la sigue “siempre una motito atrás” hasta la puerta de su casa, que le robaron a mano armada con su hija adentro del auto, que la asaltaron motochorros al salir de su domicilio. “Es la vida nuestra. La gente se está armando porque no tenemos quien nos defienda”, planteó, y agregó el dato que de estribillo se repite entre la gente: llamás por un robo y la policía tarda 40 minutos, una hora, “y si vienen”.

Claudio, vecino de Cristiano, lo resumió nuevamente: “O vos o ellos. No hay mucho para pensar, acá no hay diálogo, acá no hay nada, es a ver quién apunta primero y quién pega primero”. David Questa, a unos pocos metros de allí, coincidió casi palabra por palabra, “a mí me pasaría lo mismo. Yo tengo una familia y si tengo que defenderla va a ser contra todo, lo que sea”.

Sebastián Deering, comerciante de la misma zona de Juan B. Justo, donde ocurrió el hecho, sumó su propio inventario de persianas rotas, denuncias que nunca llegan a ningún lado y una carátula judicial que calificó de “bochornosa”. Deering, sin embargo, fue el único que introdujo una fisura en el consenso. A él también le entraron a robar con el arma en la mano, dijo, y decidió no disparar. “No sé si hubiera disparado como él”, admitió, antes de concluir, de todos modos, que a su criterio se trató de legítima defensa.

La hermana

Salomé Cristiano, hermana del comerciante detenido, no fue a hablar de inseguridad en abstracto sino de lo que le tocó vivir desde el domingo 16 de agosto. Los primeros días encerrada en su casa, con miedo de llevar a su hijo al jardín y rumores de amenazas que nunca llegaron a ser denuncias formales pero que igual la obligaron, dijo, a tomar recaudos. Describió a su hermano como un hombre que se levantaba a las tres de la mañana para adelantar trabajo y que, pese a la alarma, los sensores y todas las medidas posibles en el local, veía la persiana forzada cada tanto de todos modos. “No es fácil“, cerró.

Lo que no se dijo

Cuando llegó la noticia del arresto domiciliario, los presentes en la vereda de Tribunales lo celebraron. Pero poco a poco se fue haciendo eco la pregunta: ¿Va a tener custodia? Es ahí cuando se hizo evidente el factor determinante, el que estaba detrás de los carteles, de los aplausos, de la bronca, de las cuentas de Instagram y del por qué muchos de los vecinos no daban el nombre, ahí estaba el miedo. Después quedó lo que queda siempre, el regreso a casa mirando para atrás, la persiana bajando temprano, las alertas en los grupos de Whatsapp.