Hallan a trabajadora sexual muerta dentro de una bolsa en un camino de Vivoratá

 

La aparición del cuerpo de una trabajadora sexual dentro de una bolsa en un camino rural de Vivoratá, conmociona no solo a esta localidad, sino a la población marplatense ya que se trataría de una mujer de unos 40 años oriunda de Mar del Plata.

El macabro hallazgo no solo provocó una profunda conmoción entre los vecinos de esa localidad, sino que además reavivó el temor por la creciente inseguridad que afecta a la región. Mientras la investigación judicial avanza para esclarecer el crimen, entre la gente común vuelve a instalarse una pregunta que se repite cada vez con más frecuencia: ¿cuándo terminará esta escalada de violencia que parece no dar tregua?. Una inquietud que, para muchos vecinos, parece no encontrar eco en la dirigencia política ni en funcionarios que, según cuestionan  “viven alejados de la realidad cotidiana”.

El cuerpo fue descubierto el pasado viernes por la noche, semienterrado a la vera del camino Chara Huinca, en las inmediaciones del acceso al Parque Eólico. El hallazgo ocurrió cuando un hombre que paseaba con sus perros observó una bolsa negra junto a una zanja. Al acercarse comprobó que contenía restos humanos y dio inmediato aviso a efectivos de la Patrulla Rural.

El avanzado estado de descomposición dificultó inicialmente la identificación de la víctima. Sin embargo, peritos de la Policía Científica lograron preservar tres dedos de una mano para obtener huellas dactilares, las cuales fueron incorporadas al sistema AFIS. Gracias a ese procedimiento fue posible establecer la identidad de la mujer, aunque el fiscal Ramiro Anchou decidió mantener en reserva sus datos personales.

A partir de esa identificación, los investigadores comenzaron a reconstruir el entorno de la víctima y establecieron que la mujer ejercería el trabajo sexual en la zona.

Si bien la escena donde apareció el cadáver presenta características compatibles con un homicidio, la causa continúa provisoriamente caratulada como “Averiguación de causales de muerte”. Los estudios forenses todavía no permitieron determinar con precisión el mecanismo que provocó el fallecimiento, por lo que el fiscal ordenó nuevas pericias.

Los primeros informes indican que el cuerpo habría permanecido alrededor de quince días en ese lugar. Ahora, la investigación ingresó en una etapa clave: reconstruir los últimos movimientos de la víctima, determinar con quiénes estuvo antes de desaparecer e identificar a la persona o personas que abandonaron el cuerpo en ese sector rural.

Mientras la Justicia intenta responder esas incógnitas, el impacto social del caso crece. El horror del hallazgo volvió a instalar el debate sobre la inseguridad y la violencia que golpean a la región. Para muchos vecinos, la sensación es que los delitos se multiplican y que las respuestas oficiales llegan tarde o resultan insuficientes, alimentando una preocupación que ya forma parte de la vida cotidiana.