River atraviesa uno de los momentos futbolísticos más preocupantes de los últimos años. La derrota por 1 a 0 frente a Rosario Central en el Monumental no hizo más que profundizar una crisis que parece no tener fondo. El equipo suma cinco caídas consecutivas, no tiene puntos en el Torneo Clausura y, lo más alarmante, perdió toda identidad futbolística.
El gol en contra de Nicolás Otamendi terminó de desnudar un presente desolador para un conjunto que hace apenas unos meses era candidato a pelear todos los frentes. Desde la final perdida ante Belgrano, River no volvió a levantarse: derrotas frente a Aldosivi por Copa Argentina, Barracas Central, Gimnasia y ahora Rosario Central configuran una racha impensada para la historia del club.
Lo más preocupante no pasa únicamente por los resultados. River no genera juego, carece de rebeldía y tiene enormes dificultades para convertir. Hoy parece un equipo incapaz de hacerle un gol “ni al arco iris”, una frase que resume el desconcierto ofensivo que atraviesa un plantel repleto de nombres, pero vacío de funcionamiento.
Los hinchas agotaron la paciencia. Los silbidos al finalizar el primer tiempo se transformaron en una fuerte reprobación contra los futbolistas y, especialmente, contra la comisión directiva. Y allí aparece la gran pregunta que comienza a recorrer los pasillos del Monumental: ¿qué hicieron los dirigentes que decidieron desprenderse de 16 futbolistas de primer nivel para terminar armando un equipo sin respuestas, sin gol y sin personalidad?
La renovación del plantel prometía una evolución deportiva, pero el resultado está muy lejos de lo esperado. Las incorporaciones todavía no logran marcar diferencias y cada partido deja más dudas que certezas. Mientras tanto, continúan llegando nombres como Thiago Almada o Francisco Ortega, aunque el problema parece ser mucho más profundo que la simple llegada de refuerzos.
River necesita mucho más que nuevos futbolistas. Necesita recuperar una idea de juego, liderazgo dentro de la cancha y decisiones coherentes desde los escritorios. Porque la crisis ya no puede explicarse por un mal partido: es el reflejo de una planificación que, hasta el momento, ha fracasado.
El desafío ahora será detener una caída que amenaza con convertirse en una de las peores rachas de la era moderna del club. En Núñez ya no alcanzan las promesas ni los nombres rutilantes: los hinchas exigen respuestas, resultados y, sobre todo, que alguien explique cómo un gigante del fútbol argentino llegó a un presente tan desolador.
