Se van las vacaciones de invierno y dejan un sabor agridulce para Mar del Plata

Las vacaciones de invierno llegan a su fin en Mar del Plata con un balance que dejó más preocupación que alivio entre los sectores vinculados al turismo. Si bien la ciudad volvió a ser uno de los destinos elegidos por miles de visitantes, la actividad estuvo lejos de los niveles esperados y confirmó un escenario que empresarios y comerciantes vienen advirtiendo desde hace meses: la falta de poder adquisitivo condicionó el movimiento turístico y redujo considerablemente el consumo.

Los niveles de ocupación hotelera oscilaron entre el 25% y el 45% durante todo el receso invernal. El comienzo de las vacaciones fue particularmente flojo, con establecimientos que apenas alcanzaron un cuarto de su capacidad, mientras que recién sobre la segunda semana y durante los fines de semana largos se registró un leve repunte que permitió acercarse al 40% y, en algunos casos puntuales, al 45%.

La realidad económica volvió a ser el principal factor que explicó este comportamiento. Desde el sector hotelero y gastronómico coincidieron en que el turista llegó con un presupuesto ajustado, redujo las noches de estadía y priorizó las salidas de un solo día o escapadas de fin de semana. Las reservas de último momento también fueron una constante, reflejando la incertidumbre de muchas familias al momento de decidir un viaje.

“No hay guita” fue la frase que más se escuchó entre comerciantes, gastronómicos y prestadores turísticos para resumir una temporada invernal que estuvo muy por debajo de las expectativas. La pérdida del poder adquisitivo quedó reflejada en restaurantes con mesas vacías durante gran parte de la semana, comercios con ventas moderadas y hoteles que no lograron completar sus plazas.

En ese contexto, la costa marplatense volvió a transformarse en el principal atractivo. Tanto residentes como visitantes aprovecharon los días de buen tiempo para recorrer la rambla, las playas y los espacios públicos, mientras que la zona portuaria concentró buena parte del movimiento turístico gracias a su oferta gastronómica y recreativa. Estos sectores fueron los más concurridos, especialmente durante los sábados y domingos.

La postal más repetida fue la de una ciudad con importante circulación de personas en los espacios abiertos, pero con un consumo contenido. Muchos optaron por caminar, tomar mate frente al mar o recorrer los tradicionales paseos costeros sin realizar grandes gastos.

El cierre de las vacaciones de invierno deja así un sabor agridulce para Mar del Plata. La ciudad mantuvo su capacidad de convocatoria como destino turístico, pero la crisis económica volvió a imponer sus límites. La presencia de visitantes existió, aunque el bolsillo marcó el ritmo de una temporada que confirmó que el turismo sigue sintiendo el impacto de la caída del consumo y que la recuperación del sector todavía aparece como un desafío pendiente.