La otra cara de Mar del Plata: crece la cantidad de personas que viven en la calle 

Mientras las cifras oficiales hablan de 431 personas en situación de calle en Mar del Plata, la realidad cotidiana parece mostrar un escenario cada vez más complejo y preocupante. El relevamiento realizado por la Secretaría de Desarrollo Social del Municipio refleja un incremento del 29% respecto del año anterior y un número que duplica al registrado en 2022. Sin embargo, para quienes recorren diariamente la ciudad, la sensación es que el fenómeno se ha profundizado y que hoy resulta imposible ignorarlo.

Lo que hasta hace algunos años era una escena que se observaba principalmente durante la noche, hoy puede verse a cualquier hora del día. Personas durmiendo en veredas, protegidas apenas por una frazada o algunos cartones, forman parte de un paisaje urbano que golpea la sensibilidad de vecinos y visitantes.

Uno de los casos más visibles se encuentra sobre la avenida Independencia, entre 25 de Mayo y Luro (a escasas 4 cuadras de la Municipalidad), donde funcionó durante años una conocida entidad bancaria. Allí el ingreso del edificio como refugio improvisado. A pocos metros conviven colchones, bolsas con pertenencias y residuos acumulados, reflejando una realidad que parece haberse naturalizado.

La misma postal puede encontrarse en otros sectores de la ciudad. En la Diagonal, frente al edificio donde durante décadas funcionó la Liga Marplatense de Fútbol, también hay personas durmiendo a media mañana sobre la vereda, soportando las bajas temperaturas que caracterizan este invierno.

Otro punto que evidencia esta problemática es la esquina de Paso y Tucumán. Allí, en una vivienda en venta, en su porche, se transformó en refugio para quienes no tienen otro lugar donde pasar la noche. Frazadas colgadas, ropa secándose y algunas pertenencias personales muestran que no se trata de una permanencia ocasional, sino de personas que encontraron allí un espacio para sobrevivir.

La situación contrasta con el informe difundido oficialmente por el Municipio. Si bien existe un programa de la Secretaría de Desarrollo Social destinado al abordaje de personas en situación de calle, la magnitud que ha adquirido el problema hace pensar que los recursos disponibles resultan insuficientes frente a una demanda que no deja de crecer.

Mar del Plata transita además una temporada de vacaciones de invierno con escaso movimiento turístico. Comerciantes, hoteleros y trabajadores vinculados al sector coinciden en que la actividad se encuentra muy por debajo de otros años. En ese contexto, la ciudad también parece recibir a personas que llegan buscando nuevas oportunidades o que permanecen aquí luego de la temporada estival sin haber logrado acceder a una vivienda ni a un empleo estable.

La crisis económica, el aumento del costo de vida, la imposibilidad de afrontar un alquiler y la pérdida de puestos de trabajo conforman un escenario que empuja a muchas familias a situaciones de extrema vulnerabilidad. Algunas encuentran contención en familiares o amigos, pero otras no tienen esa posibilidad y terminan viviendo literalmente en la calle.

Desde distintos sectores sindicales y sociales vienen advirtiendo sobre el deterioro del tejido económico y laboral. En ese marco, sostienen que cada vez son más las personas que quedan excluidas del mercado de trabajo y que encuentran enormes dificultades para reconstruir un proyecto de vida.

Más allá de las comparaciones con otras grandes ciudades del país, los marplatenses miran con preocupación lo que ocurre en su propio territorio. Porque detrás de cada colchón sobre una vereda, de cada frazada tendida en una entrada o de cada persona que busca refugio del frío, hay una historia de exclusión que interpela a toda la sociedad.

La imagen de personas durmiendo en las calles de Mar del Plata ya dejó de ser una excepción para convertirse en una realidad cotidiana. Una realidad que duele, que preocupa y que plantea el desafío de fortalecer las políticas públicas y el compromiso social para evitar que la ciudad siga naturalizando una de las expresiones más duras de la pobreza.