El River de Coudet, un equipo sin alma ni respuestas: 4 partidos, 4 derrotas y una crisis que se profundiza

River Plate atraviesa uno de los momentos futbolísticos más preocupantes de los últimos años. El equipo dirigido por Eduardo “Chacho” Coudet volvió a mostrar una imagen deslucida, cayó 1-0 frente a Gimnasia y Esgrima La Plata en el Bosque y confirmó un comienzo de ciclo que ya puede calificarse como un verdadero desastre. Cuatro partidos oficiales en competencias organizadas por la AFA, cuatro derrotas y un funcionamiento que, lejos de mejorar, se deteriora fecha tras fecha.

Lo más alarmante no son únicamente los resultados. River ha perdido identidad, carácter y rebeldía. Es un equipo que monopoliza la posesión de la pelota, pero lo hace de manera estéril, sin profundidad, sin sorpresa y sin capacidad para lastimar a sus rivales. Domina el balón, pero no los partidos. Controla estadísticas, pero nunca el desarrollo futbolístico.

Ante Gimnasia volvió a repetirse la misma historia. El Millonario manejó la pelota durante largos pasajes del encuentro, aunque jamás encontró los caminos para romper la defensa platense. Apenas un remate desviado de Lucas Beltrán y algunos centros sin destino fueron el escaso argumento ofensivo de un equipo que parece jugar sin confianza y sin convicción.

Mientras River acumulaba pases intrascendentes, Gimnasia esperó con inteligencia su oportunidad. A diez minutos del final, un centro de Maximiliano Zalazar encontró completamente solo a Alexis Steimbach, que cabeceó sin oposición para marcar el 1-0. La fotografía del gol resume el presente millonario: una defensa desconcentrada y un equipo incapaz de reaccionar cuando recibe un golpe.

La estadística resulta demoledora. River perdió la final del Torneo Apertura frente a Belgrano, quedó eliminado de la Copa Argentina a manos de Aldosivi, debutó en el Clausura con una derrota como local frente a Barracas Central y ahora volvió a caer ante Gimnasia. Cuatro partidos, cuatro caídas y ninguna señal de recuperación.

El crédito de Coudet comienza a consumirse a una velocidad inesperada. El entrenador llegó con la promesa de un equipo protagonista, intenso y ofensivo, pero la realidad muestra exactamente lo contrario. River juega cada vez peor, transmite inseguridad en todas sus líneas y parece haber perdido el respeto que históricamente imponía en cualquier cancha.

La preocupación ya no pasa únicamente por una racha negativa. Lo verdaderamente inquietante es que el equipo no ofrece respuestas futbolísticas, carece de una idea clara y evidencia una preocupante fragilidad anímica. Los cambios no modifican el desarrollo de los partidos y las individualidades, lejos de levantar el nivel colectivo, terminan absorbidas por un funcionamiento que hace agua por todos lados.

En un club de la dimensión de River, cuatro derrotas consecutivas son una anomalía difícil de tolerar. Si el equipo no reacciona de inmediato, la continuidad del proyecto de Eduardo Coudet comenzará a quedar seriamente cuestionada. En Núñez, la paciencia suele ser un recurso escaso y el crédito del entrenador se consume al mismo ritmo que se multiplican las frustraciones dentro de la cancha.