Mar del Plata y un doble desafío: reducir la siniestralidad vial y combatir el delito sobre dos ruedas

Antes de los motochorros, de las picadas ilegales y del ruido de los escapes modificados, hay una realidad que golpea con fuerza a Mar del Plata: los siniestros protagonizados por motociclistas se convirtieron en una de las principales causas de muertes en el tránsito.

Las estadísticas reflejan una problemática que no deja de crecer y que preocupa tanto a las autoridades como a los vecinos. En los primeros meses del año, la mayoría de los accidentes fatales registrados en la ciudad tuvieron a una moto involucrada.

El fenómeno ya no puede analizarse únicamente desde la óptica del tránsito. Las motocicletas también aparecen asociadas a hechos de inseguridad, robos cometidos por motochorros y una elevada cantidad de vehículos que circulan sin documentación, patente o medidas mínimas de seguridad.”

Durante 2025, el Municipio secuestró cerca de 6.000 motocicletas en distintos operativos de control. Sin embargo, lo más llamativo fue que apenas entre un 5 y un 10% de esos rodados fueron recuperados por sus propietarios con la documentación correspondiente. El resto continúa acumulado en los playones municipales, generando un serio problema de espacio y logística.

En lo que va de 2026, las cifras siguen una tendencia similar. Ya rondan las 3.000 motos secuestradas, lo que demuestra que los operativos continúan, aunque el problema parece no encontrar una solución definitiva.

La enorme cantidad de motos abandonadas abrió un nuevo debate: la posibilidad de compactarlas y venderlas como chatarra. La medida permitiría liberar espacio en los depósitos municipales y evitar que miles de vehículos permanezcan durante años sin ser reclamados por sus dueños.

Más allá de esa posible decisión administrativa, el verdadero desafío continúa siendo la prevención. Cada jornada se registran accidentes protagonizados por motociclistas, muchos de ellos con consecuencias gravísimas. La combinación de exceso de velocidad, maniobras imprudentes, falta de casco, ausencia de controles técnicos y circulación irregular conforma un escenario de alto riesgo.

Pero el problema no termina allí. La inseguridad también encuentra en las motos un vehículo ideal para el delito. Los denominados motochorros actúan con rapidez, sorprenden a sus víctimas y desaparecen en cuestión de segundos. No distinguen edades ni horarios: jóvenes, jubilados, trabajadores o estudiantes pueden convertirse en blanco de un robo en plena vía pública.

Los vecinos reclaman una mayor presencia policial y controles permanentes en los distintos barrios. Si bien el Municipio y las fuerzas de seguridad realizan operativos diarios, la sensación es que todavía resulta insuficiente frente a una problemática que crece y se reinventa constantemente.

La moto, por sí sola, no representa el problema. El verdadero conflicto está en quienes la utilizan sin respetar las normas de tránsito o como herramienta para delinquir. Mientras tanto, las estadísticas de accidentes fatales continúan encendiendo una señal de alarma que exige respuestas inmediatas.

Mar del Plata enfrenta así un doble desafío: reducir la siniestralidad vial y combatir el delito sobre dos ruedas. La compactación de miles de motos abandonadas puede convertirse en una solución para los depósitos municipales, pero difícilmente alcance para resolver un fenómeno mucho más profundo. La clave seguirá estando en controles más estrictos, educación vial, sanciones efectivas y una presencia permanente del Estado para evitar que las motocicletas continúen protagonizando tragedias y alimentando la inseguridad cotidiana.