Frutihortícolas alertan: “Vamos a quedar hechos pedazos si no se atiende la crisis”

Ricardo Velimirovich, presidente de la Asociación de Productores Frutihortícolas de General Pueyrredon, describió a el Retrato el escenario financiero que atraviesa el sector. Una temporada con el 80% de las ventas por debajo de los costos de producción, productores sin capital para sembrar la campaña que se viene, y líneas de crédito de emergencia que no llegan a cubrir la crisis.

El cordón frutihortícola que rodea a Mar del Plata es uno de los más relevantes del país y el segundo en tamaño e importancia de la provincia de Buenos Aires, pero actualmente atraviesa, según Ricardo Velimirovich, presidente de la Asociación de Productores Frutihortícolas de General Pueyrredón, una situación inédita en su historia.

Los productores que hasta hace poco tomaban crédito para crecer o incorporar tecnología hoy lo necesitan únicamente para poder seguir sembrando. “Ha bajado tanto el consumo que había producción de más y nunca subió el precio”, sostuvo en diálogo con el Retrato, y explicó que la temporada, que se extiende de diciembre a mayo, cerró con el 80% de las ventas por debajo de los costos productivos. La consecuencia se hizo visible con la llegada del invierno, sin margen para cubrir gastos, los productores tampoco pudieron reunir el capital necesario para comprar insumos de cara a la próxima siembra.

La magnitud de la crisis

Se estiman mil productores en el cordón de General Pueyrredon, que en conjunto explotan más de 14.000 hectáreas distribuidas en una franja de 25 kilómetros que abarca la zona rural de Mar del Plata y las localidades de San Francisco, Laguna de los Padres, San Carlos, Batán y Valle Hermoso. Se trata, en su mayoría, de agricultura familiar sobre superficies menores a las 15 hectáreas, que produce más de 40 especies hortícolas y abastece la mitad del Mercado Central de Buenos Aires, además de las plazas de Córdoba y Chaco.

En plena temporada de verano trabajan 25 mil personas de forma directa, a lo que se suma la periferia de oficios que depende del cordón, como almaceneros, mecánicos, albañiles, regadores y técnicos. El 80% de lo que produce Mar del Plata se vende fuera de la ciudad, lo que constituye un ingreso de capital genuino para la economía local.

“Todos ellos sufrieron el efecto” remarcó Velimirovich, aunque reconoció diferencias según el capital disponible de cada productor. El resultado ya es visible, hay tierras que dejan de sembrarse porque no se pueden pagar los alquileres, lo que implica un retroceso definitivo, ya que esos campos no vuelven al uso frutihortícola. Los casos más extremos incluyen productores que directamente entregaron sus campos como pago de insumos.

El productor que sale perdiendo

Pese a que los precios frutihortícolas no fueron noticia este año por subas abruptas, la brecha entre el productor y el consumidor rondó, en promedio, el 600% anual. “Los que perdieron siempre en esta cadena son los que producen”, afirmó, y graficó que una lechuga que se vende a 200 pesos en el campo llega a los 2.000 pesos en un comercio de Mar del Plata.

Según relevamientos que la asociación realiza junto a la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), cuanto más bajo es el precio de origen, más alto resulta en el punto de venta. Para Velimirovich, la corrección de ese desequilibrio no depende de una política económica, sino de “una cuestión de conciencia comercial de la cadena”, en un sector que, a diferencia de una industria tradicional. no fija su propio precio, sino que queda sujeto a la oferta y la demanda de los mercados concentradores.

Frente a ese cuadro, la asociación buscó líneas de crédito de menor tasa que las comerciales habituales. A través de un vínculo con los microcréditos del Banco Provincia lograron acceso a financiamiento rápido para semillas y plantación, aunque con tasas de entre el 41% y el 46% y montos acotados. “Si la temporada te vuelve a ir mal, en vez de ayudarte te hunde”, planteó Velimirovich, quien reclamó líneas específicas para la producción de alimentos.

Sobre las gestiones ante el Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, el dirigente afirmó que las reuniones mantenidas hasta ahora ofrecieron líneas crediticias que no responden a la magnitud del problema, y sostuvo que la situación del sector “pasó desapercibida” para la cartera provincial.

Las últimas consecuencias

Si en seis meses no aparece crédito, no bajan los impuestos ni repunta el consumo, al sector frutihortícola le sería muy difícil recuperarse, sería cuestión de años de reconstrucción y de reparación económica. “Caerte es más rápido que recuperarte” resume Velimirovich.

El dirigente estimó que, incluso en un escenario favorable, el cordón demorará varios años en recomponer la superficie productiva perdida. Su objetivo inmediato, remarcó, es evitar la pérdida de productores para permitir, a largo plazo, una recuperación que será mucho más lenta que la caída actual.

(Imágenes ilustrativas)