Un gol para ponerle un cuadro a una pared sin revocar

No podés hacer ese gol, Julián. No podés. Es decir, hay formas más desprolijas de ganar: podés definirlo de otra forma, se me ocurre con un rebote, con una atropellada, con un cabezazo… pero pegarle así, desde ese lugar, colgarla en ese ángulo, es demasiado. Es como ponerle un cuadro a una pared sin revocar.

¿Quién puede aspirar a la belleza cuando estamos contando las monedas para subir al colectivo que nos lleve a la siguiente parada? Qué sé yo. Pero él va y patea. Si así lo hizo siempre. El día que lo descubrieron, el captador Alfredo Alonso lo vio meterle dos bombazos de lejos en la Liga Cordobesa de Fútbol, y así llegó a River, porque en Argentinos Juniors no había cupo en la pensión.

En Kansas, la pelota, entonces, viaja con una fe ciega al ángulo. Ahí donde tejen las arañas. Y lo tiene visto de algún lado a ese gol… ya se lo hizo al Real Madrid, calcado, jugando para el Atlético. Y siendo niño lo metió tantísimas veces, cuando jugaba a pegarle al buzo que colgaba del travesaño. Argentina iba directo a los penales. Los argentinos ya no sabíamos más qué cábala usar. Caía la noche desparramando nervios y oscuridad, hasta que se despertó la bestia de Calchín y rompió el reloj suizo de un pelotazo. Si rompía los jarrones en la casa, un reloj suizo no es nada al lado del reto de una madre.
Toda la tarde estuve pensando esto: que Borges eligió morir en Suiza, pero Messi no, y sus compañeros tampoco. Messi con la ceja cortada quiso un round más, y Julián apareció con toda la cara de buen pibe para rescatar al héroe y meter un gol que se grita con la “o” bien estirada. Porque bastante ahogados veníamos con Cabo Verde y Egipto ya, para que Suiza nos quiera decretar el final.

Los suizos se han dedicado, con maestría durante siglos, a medir el tiempo de los demás. Pero el destino no sabe de números; se escribe a los ponchazos y con el alma. Y el corazón, una vez más, salva al equipo cuando no juega a lo que aprendió. Hay jerarquía, hay potrero y un sueño grande de alcanzar esa cuarta estrella que titila en el firmamento. Y hacia allá vamos.
Es el viaje hacia las estrellas más sufrido de todos. Se siente la gravedad y llueven meteoritos. Ya no está el equipo de Qatar 2022, esta es otra historia. Pero acá estamos, carajeando, peleando como podemos, maradoneando un mundial como en los años noventa. Cansados, contrariados y felices a la vez. Ahora se viene Inglaterra. Mejor dicho: Inglaterra, ahora se te viene Argentina, papá. Poné la pava para el mate… que nosotros no tomamos té.

Adrián Michelena