La Degradación del Liberalismo: De la Libertad Común al Individuo Atomizado

I. El Liberalismo como Arquitectura de la Libertad (Montesquieu y Moreno)
El liberalismo, en sus raíces, no era una exaltación del ego, sino una (propuesta de organización). Montesquieu nos enseñó que la libertad no es ausencia de leyes, sino la existencia de una arquitectura institucional (la división de poderes) que impide que el individuo o el grupo en el poder devore al resto. Para él, el liberalismo era una defensa contra el despotismo.
Por su parte, Mariano Moreno, desde el contexto de la independencia americana, transformó esta semilla en un ¡proyecto de nación!
Para Moreno, el liberalismo era un motor de emancipación: la libertad del pueblo no era un fin individualista, sino el derecho a construir una soberanía propia, ilustrada y educada, frente a la opresión colonial. Aquí, el “individuo” solo tenía valor en tanto era un ciudadano capaz de participar en el destino colectivo.
II. El Giro hacia el Espíritu y la Mediocridad (José Ingenieros)
A principios del siglo XX, José Ingenieros introduce una capa psicológica necesaria. Advierte que las leyes e instituciones (el liberalismo de Montesquieu) son insuficientes si el ciudadano cae en la “mediocridad”. Para Ingenieros, el liberalismo es una “ética de superación”, el individuo debe aspirar a un ideal que lo saque del rebaño. Aunque pone el foco en el individuo, todavía es un individuo que busca el “progreso” de la sociedad mediante la ciencia y la razón. El liberalismo aquí es una brújula moral, no una receta económica de mercado.
III. El Deterioro Actual: Del Ciudadano al Individuo en su Soberbia
Lo que llaman hoy “liberalismo” ex profeso, en la era del poder hegemónico ha sufrido un vaciamiento total. Se ha eliminado la estructura de Montesquieu (la protección contra el poder), la misión de nación de Moreno (la soberanía) y el idealismo de Ingenieros (la superación cultural).
¿Qué queda? El individuo solo en su soberbia.
El sistema ha logrado vender la idea de que “la libertad” es simplemente el derecho a consumir y a competir contra el prójimo. Esta es la versión más pobre y peligrosa del falso liberalismo:
La Soberbia del Consumidor: Se convence al individuo de que él es el único artífice de su éxito (meritocracia extrema), borrando la realidad de las estructuras de poder que lo condicionan.
El Aislamiento como Poder:Al sentirse “libre” por tener acceso a pantallas y bienes de consumo, el individuo se atomiza. Pierde el sentido de pertenencia a una nación o comunidad, volviéndose incapaz de ver que su “soberbia” es en realidad una jaula: mientras él compite con su vecino por migajas, los recursos del país (su patrimonio real) son drenados por mecanismos globales de endeudamiento.
IV. La Pantalla como el nuevo “Centro de la Libertad”
Hoy, la pantalla del teléfono es el centro de esta libertad falsa. No se combate la modernidad, se la habita, pero con una mirada de infiltración. La participación social hoy implica:
1. Hackear el Algoritmo: Entender que el “narcisismo de consumo” es una trampa deliberada.
2. Reconstruir el “Nosotros”: Utilizar la infraestructura digital no para exhibirse, sino para conectar con otros que sufren la misma desposesión.
3. Desvelar la Guerra Neutrónica: La participación social más efectiva es aquella que logra traducir la complejidad de la deuda financiera y el extractivismo en mensajes directos que destruyan el mito de la “libertad individual” y revelen la realidad de la dependencia colectiva.
Conclusión
Hemos pasado de un liberalismo que buscaba “la liberación de la sociedad” a uno que busca la liberación del individuo frente a la sociedad. Ese individuo, embriagado por su propia soberbia de consumo, es la unidad más fácil de controlar. La tarea histórica es recuperar la verdadera libertad, que no es el aislamiento del individuo, sino la potencia organizada de una nación que se sabe soberana frente a los poderes que la intentan consumir.

Por Norberto Ise