En la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia se celebró el tradicional Te Deum por el 210º aniversario de la Declaración de la Independencia, presidido por el obispo de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando SJ.
Participaron de la celebración el intendente Agustín Neme; el presidente del Concejo Deliberante, Emiliano Recalt; legisladores provinciales y locales; rectores de universidades; empresarios, entre ellos Florencio Aldrey; representantes diplomáticos; autoridades militares; además de funcionarios, representantes de distintas instituciones y numerosos fieles.
En su homilía, a partir del Evangelio de la parábola de la moneda perdida (Lc 15, 8-10), monseñor Giobando recordó el 210º aniversario de la Declaración de la Independencia y se detuvo en los conceptos de “Provincias Unidas”, libertad e independencia.
Al detenerse en la expresión “Provincias Unidas” del Acta de la Independencia, monseñor Giobando subrayó que la unidad fue el fundamento del proyecto de Nación nacido en 1816. En ese contexto retomó un pasaje de Evangelii gaudium del papa Francisco y destacó que “la unidad es superior al conflicto”, un principio que -afirmó- sigue siendo indispensable para la construcción de la vida social.
Más adelante expresó que “una de las pocas realidades que nos une por encima de los conflictos es la selección nacional de fútbol, más allá de todas las diferencias sociales, políticas y religiosas: todos somos Argentina cuando juega la Selección”. A continuación preguntó: ”¿Y después del mundial? ¿No habrá más épica, ni lágrimas, ni gritos que nos dejan roncos?”, vinculando esa reflexión con el desafío de la representatividad en los distintos ámbitos de la sociedad
Al desarrollar los conceptos de libertad e independencia, sostuvo que esta última implica también liberarse de “aquellos factores o fuerzas que quieren someter lo mejor de una nación a poderes foráneos concentrados y anónimos que generan dependencia, desmoronamiento social y gravísimas consecuencias en todos los niveles, como son, entre otros, el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas y el trabajo esclavo en todas sus formas”.
En el tramo final retomó la imagen de la moneda perdida y afirmó que “la mujer quiere las diez, no se contenta con las nueve. El 10 es un número simbólico, vaya que lo es en este contexto mundialista. Busquemos la moneda perdida, demos vuelta la casa, en algún lugar está, allí en el fondo de nuestras conciencias”.
Finalmente invitó a renovar el compromiso cotidiano con la Patria al expresar: “No vivamos con modelos prestados, besar la bandera no solamente en un Mundial de fútbol, si no todos los días, con el compromiso de honrar este suelo ‘de diez’. Pongámonos la camiseta”. Y concluyó que “Porque en esta tierra bendecida por Dios se encuentra esa moneda que nos está haciendo falta para constituir de verdad una nación unida, libre e independiente”.
