“Yo ahora no quiero justicia, quiero la vida de mi hijo”: habla la mamá de Thiago Vera

A dos semanas del accidente de la línea 532, Antonella contó en diálogo con el Retrato cómo transita cada día en la terapia intensiva del HIGA, mientras espera que Thiago, de 19 años, pueda despertar del todo.

Thiago Vera cumplió 19 años y, días después, salió a la calle como cualquier sábado. Terminó en la terapia intensiva del HIGA “Oscar Alende”, entre los heridos más graves del siniestro de la línea 532. Antonella, su mamá, habló nuevamente con el Retrato para contar cómo sigue. Todavía no hay certezas, y cada mejora convive con un nuevo contratiempo.

Un despertar que todavía no llega del todo

Thiago llegó a abrir los ojos, pero el intento de despertar no salió como esperaban: “Se despierta y se quiere arrancar todo, así que volvió a estar dormidito”, relató. Los médicos le realizaron una punción lumbar para descartar una filtración de líquido por una fístula en la cabeza, mientras investigan el origen de los registros de fiebre que viene presentando, posiblemente vinculados a una infección en una de sus piernas que ya requirió dos cirugías de limpieza. “Sigue en estado grave”, resumió.

Antonella describió las secuelas físicas visibles del impacto. Thiago tiene raspones en todo el cuerpo, una mano pelada por el arrastre y una de las piernas, la que no está quebrada, con puntos donde, según contó, se le clavaron vidrios. “Es un Robocop, Thiago”, dijo, y remarcó que hasta los 18 años su hijo nunca había tenido “un punto en el cuerpo”: solo visitas de control, ninguna enfermedad. El despertar completo, explicó, todavía es una incógnita también en el plano neurológico, Thiago ya reconoció a sus padres y hermanos, pero no puede hablar porque tiene una traqueotomía.

El día a día sin ingresos

El accidente también partió en dos la rutina económica de la familia. Antonella es cajera en una cadena de carnicerías de la ciudad y no volvió a trabajar desde el 22 de junio, el día del siniestro. Hoy, la casa se sostiene con lo que genera Diego, el padre de Thiago, manejando por Uber desde las tres de la madrugada, entre otras changas.

En ese contexto, Antonella fue crítica con gestos que consideró vacíos, incluido un llamado del intendente Agustín Neme que decidió no atender: “No considero que estoy en mi mejor momento. Me parece que no se merece que yo le falte el respeto, porque es una figura pública”, explicó, si expresó lo que espera de la dirigencia: “Si quiere ser solidario, que venga y me pague el alquiler, me llene la heladera, pero no desde lo figurado”.

“Quiero la verdad, nada más que la verdad”

Sobre la investigación judicial, que este mismo día avanzaba con la pericia mecánica sobre la unidad involucrada, Antonella fue clara respecto de sus prioridades. “Yo no quiero justicia, yo quiero la vida de mi hijo. Quiero que mi hijo vuelva a ser la persona que fue”, sostuvo, y remarcó que no le interesa una eventual indemnización: “Que ellos se quieran limpiar con un boleto no me interesa”. Dijo no hablar por miedo a represalias, sino por dolor, y pidió que se sepa la verdad sobre lo ocurrido, “caiga quien tenga que caer”.

El reconocimiento a quienes acompañaron

Antonella quiso destacar especialmente a quienes estuvieron presentes desde el primer día. Thiago trabaja en la sucursal local de Coto, y tanto la empresa como el sindicato de empleados de comercio, OSECAC, acompañaron a la familia desde el primer momento con insumos básicos: “Desde un jabón hasta lo que necesite, nunca lo dejaron en banda”, contó..

El otro reconocimiento fue para el equipo de terapia intensiva del HIGA. Pese a las críticas habituales sobre la infraestructura hospitalaria, Antonella remarcó que “la atención del HIGA es excelente”, y contó que le pidió expresamente a la jefa del área no trasladar a Thiago a otro centro mientras siga en terapia intensiva, convencida de que está recibiendo ahí el mejor cuidado posible.

Tres días antes del accidente, Thiago se había comprado una notebook con su primer aguinaldo del trabajo en Coto, para empezar a estudiar programación. “Es su gran logro. Con su dinero, con su trabajo, se compró su herramienta de estudio”, dijo, y no pudo evitar la comparación con el presente, la incertidumbre de cada parte médico, la espera de una evaluación neurológica que todavía no tiene fecha. Antonella elige verlo con optimismo, cada día que pasa, dice, su hijo está “un día más descansando para recuperarse”.