Pedro González, titular de la Cámara de Expendedores de GNC, detalló el mecanismo detrás de los cortes que afectan a un tercio de las estaciones marplatenses y contrastó la situación local con el colapso que atraviesa La Plata, donde el 87% de las bocas de expendio opera con contratos interrumpibles. El dirigente sostuvo que la solución pasa por una decisión comercial de los propios estacioneros, no por una falla de infraestructura.
Según explicó el presidente de la Cámara de Expendedores de GNC, Pedro González, ante una caída de presión en los gasoductos, las distribuidoras de gas, Camuzzi en el caso de Mar del Plata, priorizan el abastecimiento domiciliario y están obligadas a pedir el corte del denominado servicio interrumpible, la modalidad contractual que utilizan tanto estaciones de GNC como establecimientos industriales que aceptan, a cambio de una tarifa más baja, la posibilidad de quedarse sin suministro en los picos de demanda invernal. “Todo establecimiento que tiene contrato interrumpible sabe que cuando hay temas de alta demanda puede ser que no pueda usarlo”, señaló ante el Retrato.
En Mar del Plata, la restricción afecta a alrededor de un tercio de las estaciones de GNC de la ciudad, una proporción que González calificó como manejable en comparación con el cuadro que atraviesa La Plata, donde 40 de las 46 bocas de expendio operan bajo ese tipo de contrato. “Cuando se produce esto todos los años, La Plata colapsa. Vemos colas, la gente protestando porque no puede cargar GNC para poder trabajar”, describió, y remarcó la preocupación de la cámara por el impacto reputacional que ese colapso genera sobre el sector. Sin embargo, aclaró que ese no es el caso de Mar del Plata.
Un problema de transporte, no de producción
El dirigente situó la causa estructural del fenómeno en la capacidad de transporte del sistema gasífero nacional, que pese a las mejoras de infraestructura de los últimos años continúa sin poder trasladar la totalidad del gas disponible hacia los grandes centros urbanos en los momentos de mayor demanda. “En Argentina, por producción de gas, tenemos gas de sobra. Pero no lo podemos transportar, no alcanzan los caños”, afirmó, y estimó en 20 o 30 millones de metros cúbicos el faltante que se produce en los picos de consumo invernal.
Taxistas, remises y fleteros, entre los más afectados
Sobre el impacto económico de la restricción, González coincidió en que los principales perjudicados son quienes utilizan el GNC como insumo de trabajo, como taxistas, remises, conductores de aplicaciones como Uber y transportistas de mercaderías que estructuran sus costos en torno a un combustible significativamente más barato que los líquidos. “Esos vehículos tienen su estructura de costos basada en un valor de combustible que, si lo tienen que duplicar o más, se les complica”, explicó.
Mar del Plata exhibe uno de los valores más altos de GNC a nivel nacional, en una banda cercana a los 1.100 pesos, solo equiparable al interior de Córdoba. En contraste, el empresario ubicó al Área Metropolitana de Buenos Aires como la zona más económica, con precios de entre 600 y 750 pesos. El dirigente atribuyó esa brecha a decisiones comerciales de los propios estacioneros y no a una cuestión estructural. “Buscan rentabilidad, sobre todo en estas épocas en que Mar del Plata no tiene el envión turístico de la temporada”, indicó, y aclaró que la cámara no interviene en la fijación de esos valores.
¿Cual es la salida?
El presidente de la Cámara remarcó que la solución al problema de fondo no requiere obra de infraestructura alguna, sino un cambio de modalidad contractual que está disponible para cualquier estación que quiera adoptarlo. “Podrían decirle a la distribuidora: Quiero un contrato firme. Y la distribuidora les dice que sí. No hay impedimento”, afirmó. Ese fue el camino que siguió el área metropolitana, donde más del 90% de las estaciones opera hoy con contrato firme, lo que explica que no se registren faltantes pese a estar también bajo un esquema de restricción formal. “No se nota. No habrás visto en ningún noticiero colas en alguna estación de servicio”, ejemplificó.
La contracara de esa estabilidad es un costo más alto, es decir, los estacioneros deben pagar un valor fijo en función de la cantidad de metros cúbicos diarios que contraten, una erogación que muchos prefieren evitar. “En promedio, una estación tipo, en 22 días sin venta, pierde todo lo que se ahorró en el año” aportó Gonzales. Según precisó, la actual restricción ya lleva entre 13 y 14 días. Por lógica, si hubiera una falta de oferta, los estacioneros ya hubieran cambiado su contratación.
El antecedente de La Plata y la respuesta del ENARGAS
González relató que representantes del sector en La Plata se reunieron meses atrás con el entonces interventor del Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS), Carlos Casares, para solicitar una intervención que evitara los cortes. La respuesta oficial, según el dirigente, fue la misma que sostiene la cámara: “Pásense a un contrato firme”. Para González, la persistencia del esquema interrumpible entre los estacioneros más afectados responde a un cálculo económico que, a su juicio, no se sostiene. “Si hicieran los números finos, se darían cuenta de que no están ganando plata, están perdiendo”, concluyó.
