El invierno recién comienza, pero en las calles comerciales de Mar del Plata el panorama ya resulta tan frío como preocupante. Las persianas bajas, los carteles de alquiler y las vidrieras que anuncian cierres daefinitivos se multiplican en distintos puntos de la ciudad, reflejando una crisis que dejó de ser exclusiva del microcentro para expandirse a corredores históricos que durante décadas fueron sinónimo de movimiento económico y empleo.
La situación ya no se limita a algunas cuadras del casco céntrico. La avenida Juan B. Justo, conocida durante años como la emblemática “Avenida del Pulóver”, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. Locales que durante décadas formaron parte de la identidad comercial marplatense hoy permanecen cerrados, mientras otros anuncian que bajaran sus persianas, y algunos intentan sobrevivir con liquidaciones permanentes o reduciendo estructuras para sostener costos que parecen imposibles de afrontar.
El fenómeno también golpea con fuerza a otros sectores tradicionales. En la avenida Luro, una de las arterias más importantes de la ciudad, son cada vez más frecuentes las vidrieras pintadas que anuncian cierres definitivos. Allí donde hasta hace poco funcionaban comercios de distintos rubros, hoy comienzan a predominar los espacios vacíos y la incertidumbre.
El centro tampoco logra escapar a esta realidad. Bares, cafeterías y propuestas gastronómicas que surgieron con expectativas de crecimiento desaparecen con la misma rapidez con la que llegaron. Muchos emprendimientos no logran superar el primer año de actividad, atrapados entre el aumento de los costos operativos, la caída del consumo y una demanda que continúa debilitada.
Los comerciantes coinciden en un diagnóstico que se repite casi como un mantra: hay menos ventas, menos circulación de dinero y menos expectativas. A ello se suma un contexto económico que todavía no muestra señales claras de recuperación para el sector comercial. La consecuencia es visible en cada recorrido por la ciudad: locales vacíos, empleados que pierden sus fuentes laborales y propietarios que enfrentan serias dificultades para sostener la actividad.
Los relevamientos más recientes reflejan esta preocupación. Distintos corredores comerciales exhiben niveles de vacancia que en algunos casos duplican los promedios históricos, consolidando una tendencia que se viene profundizando desde hace varios años y que parece haberse acelerado durante los últimos meses.
Más allá de los números, el impacto también es social y urbano. Cada comercio que cierra representa una historia que se interrumpe, una inversión que no prosperó y una porción de la identidad barrial que se pierde. Mar del Plata siempre encontró en su comercio una de las expresiones más visibles de su dinamismo económico. Hoy, sin embargo, la imagen dominante es cada vez mas persianas bajas.
Con la temporada invernal recién iniciada y sin señales concretas de un cambio de tendencia, la preocupación crece entre comerciantes y trabajadores. La ciudad espera una recuperación que todavía no llega, mientras las calles comerciales muestran, día tras día, las huellas de una crisis que ya no distingue barrios ni corredores tradicionales.
