La noticia cae como una bomba en plena guerra pues todos sabemos que esto “iba a pasar”, sin embargo duele igual, sorprende de algún modo, pero sobre todo deja una sensación de tierra arrasada.
Podré sonar exagerada pero los que han vivido con los Redondos como banda de sonido de sus vidas saben de qué hablo. La muerte siempre impacta, la familiar, la ajena, la elucubración de la propia … y también la de aquellos que con su arte nos han dado la inmensa posibilidad de conmovernos.
Pensaba en la muerte del artista y la finitud de su creación. Será que eso es lo que hay que duelar? Ya no habrá nuevos discos, nuevas canciones, nuevas palabras. Nos habíamos conformado con ya no tener recitales, situación que intuíamos que llegaría algún día después de ese “Mr Parkinson me anda pisando los talones” que en 2016 – con las sierras tandilenses de fondo – nos anunció ni bien abrió su misa pagana.
Recuerdo los rumores, las charlas previas entre presentes, la duda sobre cómo se bancaría el desgaste arriba del escenario … y su frase fue contundente. Dijo lo no dicho, lo que todos rumoríabamos y no queríamos creer. Le puso el cuerpo, encaró de frente y fiel a su estilo nos hizo parte a todos. Fue una fiesta y esa noche aprendí algo: el cómo es más importante que el qué. Unos meses después enterraba a mi mamá, mucho más joven que el Indio.
No creo que haya banda capaz de igualar lo que fueron Los Redondos ni artista que se asemeje al Indio. Tampoco creo que mi historia sea excepcional en esto de cerrar los ojos y repasar en la cantidad de escenas en las que la vida transcurre al ritmo de La hija del Fletero, Tarea Fina, Ella debe estar tan linda, Queso Ruso entre cientos de temas más como el gran Flight 956 que en 2018 marcó un antes y después en mi biografía.

Camino al recital de Olavarria 11 de marzo11/3/2017 ultimo recital en vivo de Él.
Un artista que resuena en miles de personas que poco tienen que ver entre sí, que une lo heterogéneo y no hay que explicar nada porque la sangre que ebulle por los acordes se siente y se comparte.
Recuerdo una anécdota que define bien este sentimiento y me saca una sonrisa cada vez que la evoco. Era 2015 y estaba estudiando en Madrid, en plena clase de Innovación Social, rodeada de alumnos de todos los países latinoamericanos, con profesores europeos y entre ellos un argentino que vivía en Biarritz y daba clases en la universidad. No recuerdo su nombre pero para ejemplificar un caso de estudio habló de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota … silencio general mientras intentaba transmitir lo que sucedía en los recitales … fue como sentir la patria adentro: lo miré y me dijo “sos argentina”. Yo no había emitido palabra. Eso son Los Redondos: el alma que se sale sin tener que decir nada. Eso es arte, conmoverse frente a la expresión de una banda, de un músico, de un artista. Y eso no muere jamás.
Y así quedamos todos sus admiradores porque fanático no le hace honor a lo que se siente que es admiración. Así quedamos … pidiendo si alguien puede decirnos “me voy a comer tu dolor”.
Gracias eternas querido Carlos Alberto Solari, dejaste un legado que muchos llevaremos en la memoria, las letras, los acordes, la magia y esa comunión entre quienes sienten tu arte. Hasta siempre !
N.d R: Lucía Bonifatti , conocida figura social y ligada a la política marplatense, una de las tantas personas que amaban (y seguirán amando) la música y los mensajes del Indio. En ella quisimos compartir el testimonio de uno de los miles de sentimientos que están viviendo aquellos que nunca lo olvidarán
