El Dr. Federico Álvarez Larrondo, profesor titular de la UNMdP y especialista en derecho y tecnología, analiza la encíclica “Magnifica Humanitas” de León XIV y advierte que la IA ya no es el futuro: “Esto ya pasó, ya está”.
El 25 de mayo, el Papa León XIV publicó Magnifica Humanitas, su primera encíclica. El documento está dedicado a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. El texto llegó acompañado con una señal profética en su presentación, donde estuvo presente uno de los fundadores de Anthropic, la empresa detrás de Claude, pidiendo que alguien desde afuera del sector ponga un freno a una carrera que, según él mismo admitió, ninguna empresa puede detener por sí sola.
Para Federico Manuel Álvarez Larrondo, abogado, doctor en Derecho y profesor titular de la cátedra de Inteligencia Artificial, Tecnología y Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata, el documento no sorprende. Sí le parece oportuno. “Lo que hace León XIV es lo mismo que hizo León XIII en 1891 con la Rerum Novarum”, explicó en diálogo con el Retrato. “En ese momento advertía sobre los impactos de la Revolución Industrial en los trabajadores, cuando todavía no había derecho laboral y las máquinas empezaban a causar daño. Hoy estamos ante una revolución equivalente. Entonces le reemplazaron al ser humano el músculo. Ahora nos están corriendo del cerebro”.
Una tecnología que sus propios creadores no controlan
Uno de los ejes centrales de la encíclica es la advertencia sobre la velocidad e imprevisibilidad del desarrollo tecnológico. Larrondo explica que la IA generativa no fue construida paso a paso, como una obra donde cada etapa se diseña y testea. Fue cultivada. “Se le dio una arquitectura, se la alimentó con todo lo que la humanidad escribió y produjo, y creció sola. Ni aun los que la están diseñando la conocen y la entienden del todo”, afirmó. Los modelos actuales operan mediante cálculo matemático probabilístico, determinan qué palabras siguen a otras dentro de un contexto y construyen respuestas que frecuentemente suenan autorizadas. Pero no comprenden lo que dicen. “Elaboran un discurso brillante con sesgo de autoridad, y entonces uno no se atreve a desconfiar”.
¿Qué pasa con el empleo, donde quedamos nosotros?
La encíclica dedica un capítulo específico al trabajo y al riesgo de desplazamiento masivo de trabajadores. Los datos disponibles muestran señales, si bien no hay aún una reducción generalizada de puestos, sí hay una caída concreta en el ingreso de jóvenes de entre 22 y 25 años, precisamente quienes realizan las tareas más rutinarias, que son las que la IA ya ejecuta mejor. “En los actos de graduación de las universidades norteamericanas, cada vez que va a hablar un CEO tecnológico, los jóvenes silban y abuchean”, señaló el especialista. “Saben que la IA les está cerrando puertas”.
La comparación con la Revolución Industrial tiene un detalle importante que la encíclica también marca. Cuando las máquinas reemplazaron la fuerza física, la respuesta social fue desarrollar el cerebro, es decir, educación obligatoria, escuelas técnicas, universidades. El paso lógico era que las máquinas hicieran el trabajo pesado y los humanos pensaran. “Ahora nos están corriendo del cerebro también. ¿Hacia dónde? No queda mucho más”, planteó Larrondo. Algunos tecnólogos, entre ellos Elon Musk, en el último Foro de Davos, ya hablan abiertamente de un mundo donde trabajar sea un hobby y los ingresos lleguen sin contrapartida laboral. Las pruebas piloto de renta básica universal que corren en varios países son el primer ensayo de una respuesta que todavía no tiene forma definitiva.
La guerra y los (sin) límites
Hay un pasaje especial en la encíclica que se refiere al uso militar de la IA. No es un escenario hipotético para nada. “Lo que sucedió con los ataques en Irán, las operaciones en Venezuela, claramente involucra IA. Es IA que ubica objetivos y propone decisiones a los seres humanos, que todavía hoy son los que dicen sí o no. Pero todo el análisis de campo, el cómo, el cuándo, el de qué manera, hoy lo está haciendo la inteligencia artificial”. La empresa Palantir, principal proveedora de servicios de análisis para conflictos bélicos en Occidente, utilizaba como modelo base a Claude, hasta que la tensión entre Anthropic y la administración Trump por el uso irrestricto del modelo generó una crisis que se resolvió, según trascendió, en una reunión entre Trump y el CEO de la empresa.
Regular sin quedar afuera
La encíclica pide ralentizar el avance de la IA, no detenerlo. Es también lo que los especialistas en regulación están debatiendo sin encontrar respuestas satisfactorias. La Unión Europea intentó regular de manera integral y clasificó la IA en cuatro niveles de riesgo. El resultado fue que las empresas se fueron. Volvieron solo porque Europa concentra los consumidores de mayor poder adquisitivo del planeta. “Si un país como Argentina regula demasiado, un día te bajan la palanca y la gente se conecta igual desde afuera con una VPN. Y además quedás afuera de la carrera”, advirtió Larrondo.
La aparente solución, sería establecer principios rectores generales y regulación específica por área de impacto, antes que grandes marcos normativos de aplicación improbable. Tanto el especialista marplatense como la encíclica plantean lo mismo. Sin embargo, no se sabe cuánto tiempo queda para ordenar algo que, como el propio Larrondo sintetiza, ya dejó de ser futuro: “Esto ya pasó, ya está. La pregunta es si vamos a estar preparados para ese día o si nos vamos a volver todos locos cuando llegue”.
