Roberto Maturana exige ante la Justicia la instalación inmediata de sistemas de Oxidación Térmica Regenerativa en las plantas de COOMARPES y AGUSTINER SA. Denuncia que los organismos públicos conocían las emisiones de trimetilamina desde hace años y no actuaron.
Cualquiera que haya pasado por el puerto de Mar del Plata asocia el procesamiento de harina de pescado con el penetrante olor a pescado podrido. Casi como una postal olfativa. El nombre técnico es trimetilamina, un compuesto orgánico volátil que la investigación policial y ambiental acumulada en la causa describe como un “modulador ecológico” con capacidad de generar hipoxia en el agua, alterar la biodiversidad costera y provocar daños crónicos en la salud de quienes lo respiran. En el extenso documento, al que el Retrato accedió, Roberto Maturana exige que se intime a las empresas COOMARPES y AGUSTINER SA a instalar sistemas de Oxidación Térmica Regenerativa (conocidos como RTO) y advirtió que “ya no hay más tiempo de dilaciones”.
Los sistemas RTO destruyen los compuestos orgánicos volátiles sometiéndolos a temperaturas de entre 800 y 850 grados centígrados, convirtiéndolos en dióxido de carbono y vapor de agua con alta eficiencia de recuperación de calor. Maturana sostuvo en el escrito que esta tecnología “existe hace años” pero que las inversiones necesarias para instalarla en el puerto marplatense han sido postergadas de forma sistemática mientras la contaminación persiste.
El fraude de las calderas
Uno de los ejes más duros del documento presentado apunta a lo que Maturana califica como una maniobra de “fraude procesal”. Las empresas habrían comprometido ante organismos ambientales la instalación de termodestructores para mitigar las emisiones, pero finalmente colocaron calderas marca Gonella que, según la presentación, “no cumplen la función de destruir molecularmente los gases y aminas volátiles”. El reemplazo de una tecnología por otra de menor alcance habría sido presentado como cumplimiento de los compromisos asumidos.
El escrito también señala que las plantas continúan operando sin “estanqueidad”, lo que permite la liberación de gases fugitivos hacia el ambiente, y que los sistemas actuales son insuficientes para eliminar los compuestos contaminantes vinculados al procesamiento de harina de pescado.
Lo que dice la investigación policial
El documento incorpora los resultados de una investigación del Departamento de Delitos Ambientales de la Policía Federal Argentina sobre las emisiones de AGUSTINER y COMARPES. Las muestras tomadas no superaron los umbrales legales máximos de toxicidad, pero el informe policial advierte que la trimetilamina es un compuesto que “puede resultar riesgosa tanto para la salud humana como animal, pudiendo ser peligrosa para el ambiente y la biota en forma no directa”.
Los efectos crónicos descriptos en la documentación incluyen irritación y opacidad corneal, uremia, hipertiroidismo con síntomas neurotóxicos y, en escenarios de reacción con nitritos en medios ácidos, la posible formación de nitrosaminas cancerígenas. Sobre el ecosistema costero, el informe es aún más severo: “La presencia sostenida de trimetilamina en un ambiente costero es un indicador de un sistema sometido a una carga excesiva de materia orgánica y a una alteración significativa de sus procesos de renovación”. Y agrega que “su aparición suele anticipar problemas mayores asociados a eutrofización, hipoxia, proliferación bacteriana y cambios estructurales en las comunidades biológicas”.
Organismos públicos en la mira
Maturana no limitó su acusación a las empresas. En el escrito apuntó directamente contra diversos entes de control portuense, encuadrando la presentación como una “violación flagrante” de la Ley de Residuos Peligrosos y de la Ley General del Ambiente.
