Marplatenses detenidos por Israel que iban hacia la Franja de Gaza denunciaron torturas

 

Victoria Pi de la Serra llegó esta tarde a la Estación Ferroautomotora de Mar del Plata. La abogada relató las condiciones de detención en los barcos cárcel israelíes y en la prisión de Ashdod. Lautaro Rivara arriba en los próximos días, mientras que dos argentinos del convoy terrestre siguen incomunicados en Libia.

A las 14:30 de este miércoles, Victoria Pi de la Serra fue recibida por familiares, compañeros y militantes que habían seguido durante semanas su paradero incierto. La abogada marplatense, integrante de la delegación argentina de la organización Global Sumud, regresó al país junto a la ginecóloga Iara Salerno tras haber sido detenida por fuerzas israelíes mientras navegaba en la flotilla humanitaria que intentaba romper el bloqueo a la Franja de Gaza. El historiador y periodista Lautaro Rivara, el tercer marplatense de la misión, arriba en los próximos días.

Lo que comenzó en abril como una misión de asistencia, con alimentos, medicamentos y profesionales a bordo, partiendo desde Barcelona, derivó en casi un mes de navegación, dos intercepciones y varios días de detención. La flotilla no llegó a Gaza. La ayuda humanitaria quedó varada en las embarcaciones en alta mar.

La intercepción y los barcos cárcel

Pi de la Serra describió ante los medios la secuencia que comenzó en las primeras horas del 18 de mayo. “La intercepción comenzó temprano en la mañana y duró hasta el otro día; el 19 fue el último barco interceptado”, relató. Ya había habido un primer episodio el 29 de abril, con “cierto nivel de violencia”, pero la segunda fue de otra dimensión: “El sionismo tenía preparadas dos embarcaciones cárcel, absolutamente ilegales y clandestinas, con contenedores donde muchos de nuestros compañeros recibieron torturas”.

Las condiciones en esas embarcaciones incluyeron, acceso limitado al agua, pan como única alimentación, baños sin tratamiento químico y una presión psicológica sostenida sobre los retenidos. “Nos arrodillaban, nos amontonaban, nos ponían las esposas. A la gente que tenía algún problema médico, su respuesta era: no es nuestro problema”, describió. Luego los trasladaron al puerto de Ashdod, en la costa israelí, y de allí a prisión, con hombres y mujeres separados.

En la cárcel, detalló, estuvieron esposadas 22 de las 24 horas, “sin agua, sin dejarnos dormir, con gritos, con perros, sin poder ver a los abogados ni a los representantes consulares”. Al salir hacia el aeropuerto tampoco les informaron el destino. “No supimos que nos llevaban al aeropuerto hasta que estuvimos ahí, y nos pidieron que ni saludáramos a los cónsules para no tener problemas”, describió de la Serra.

He visto compañeras a las que por cambiarles las esposas les rompieron las muñecas. He visto compañeras con convulsiones a las que no les daban la medicación porque tenían epilepsia. He visto compañeras a las que les cortaron la circulación porque al pedir que desajusten las esposas se las ajustaban más”. En su propio cuerpo, describió las marcas en las muñecas por los precintos. En otra de las embarcaciones, indicó, la violencia fue mayor: “Los pasaban por uno de los contenedores y los recibían golpeándolos a todos, despojándolos de sus vestimentas. Allí es donde se produjeron las mayores fracturas”.

El regreso y la cancillería

Desde Israel fueron deportados a Turquía en aviones del gobierno turco. Pi de la Serra señaló que fue allí donde pudieron tener los primeros contactos con representaciones consulares, y cuestionó la actuación de la Cancillería argentina durante todo el proceso: “Tuvimos que rogar por un cepillo de dientes. Nos habían despojado de todas nuestras pertenencias: no teníamos dinero, ni documentos, ni posibilidades de mayor cosa. La Cancillería Argentina no jugó ahí ningún tipo de papel”.

La abogada también mencionó el rol que cumplió la presencia internacional en la flotilla para destrabar la situación, entre los tripulantes se encontraba la hermana de la presidenta de Irlanda, lo que llevó a ese gobierno a intervenir activamente en las gestiones diplomáticas.

Dos argentinos aún incomunicados

Antes de abrazar a quienes la esperaban, Pi de la Serra pidió atención sobre un caso que su regreso no debe eclipsar: “Tenemos a 10 compañeros, entre ellos dos argentinos (Paula Giménez y Lucas Aguilera), que están incomunicados y detenidos por no sabemos quién en Libia. Estaban en el convoy terrestre que buscaba exactamente lo mismo que la flotilla: romper el bloqueo a Gaza. No sabemos su paradero, no sabemos cómo están, no sabemos cuándo los van a liberar”.

La organización Global Sumud exige su liberación inmediata y reclama la difusión del caso para generar la presión necesaria.

“Si mañana hay una misión, volvemos”

Consultada sobre sus conclusiones tras la experiencia, Pi de la Serra no dudó: “Ayer en Buenos Aires nos juntamos con toda la delegación argentina y el análisis era ese: si mañana tuviéramos que salir, lo haríamos de nuevo”. Indicó que continuará su trabajo en la coordinación nacional de la delegación argentina de Global Sumud y, en Mar del Plata, en el espacio colectivo MDP con Gaza.