Monseñor Ernesto Giobando presidió la celebración religiosa en la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia ante el intendente interino Agustín Neme, el presidente del Concejo Deliberante y representantes de las fuerzas armadas y de seguridad. Su homilía fue un diagnóstico social de alto voltaje.
Mar del Plata celebró este lunes el 216° aniversario de la Revolución de Mayo con un programa que arrancó a las 9.30 con el izado de la bandera en la plaza San Martín al compás de la Banda del Ejército, continuó a las 10 con el Tedeum en la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, y cerró con el acto oficial y un show de danzas folclóricas encabezado por el intendente interino Agustín Neme.
En primera fila de la ceremonia religiosa estuvieron Neme, el director de Multimedios La Capital Florencio Aldrey y el presidente del Concejo Deliberante, Emiliano Recalt, junto a concejales de distintos bloques, dirigentes políticos, empresarios y representantes de las fuerzas armadas y de seguridad.
La Patria por encima del gobierno
La homilía del obispo diocesano, Monseñor Ernesto Giobando abrió su mensaje con un mensaje claro para los dirigentes. Arrancó con los próceres de Mayo y trazó una línea hacia el presente. Recordó que aquellos hombres y mujeres “no pensaban en sus glorias personales, sino en los inmensos sacrificios que implicaba la conformación de una nación que empezaba a amanecer”. Y desde ahí fue a la figura que organizó todo su mensaje: la Patria como madre.
“La Patria es más que el gobierno que la administra. Ella no está al servicio de los gobiernos, son los gobiernos y sus funcionarios los que están al servicio de la Patria, de sus hijos e hijas y de sus más nobles intereses”, dijo Giobando frente a las autoridades presentes.
A continuación apuntó directamente al juramento institucional. “Las fuerzas de seguridad y las autoridades elegidas por el voto democrático juran por Dios y por la Patria. Es un juramento de lealtad, de patriotismo, de honradez, de valores cristianos, de sacrificio, hasta dar la vida por la Patria si fuera necesario”, sostuvo “No se puede hacer gancho en este juramento. No debería haber excepciones. Y si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden”.
Jubilados, trabajadores y fractura social
Giobando se detuvo en las “llagas abiertas” del presente. Señaló la distancia que separa “las altas esferas de las decisiones políticas, económicas y judiciales” de los ciudadanos comunes, y enumeró a quienes carga con las consecuencias: “Los que no llegan a fin de mes y pasan horas y horas fuera de sus hogares, los jubilados que tienen cada día una comida más miserable y un pastillero más vacío”. También nombró a los trabajadores suspendidos, a los emprendedores en dificultades y a los pobres e indigentes que aparecen tanto en las periferias como en el centro de las ciudades.
“Las diferencias son cada día más extremas y más humillantes, provocando resentimiento y fractura social. Y eso no es justo”. Retomando conceptos del Papa Francisco, alertó sobre “la globalización de la indiferencia y la cultura del descarte” y convocó a construir una “cultura del encuentro” que no deje a nadie afuera. “Eso se llama amistad social”, dijo, y añadió: “Creo que en Mar del Plata vamos dando pasos hacia una amistad social que sea justa para todos”.
Giobando cerró su mensaje invocando a la Virgen de Luján y convocando a los marplatenses a sentarse en una misma mesa: “La mesa del diálogo sin insultos, la mesa de las negociaciones sin arreglos espurios, la mesa del taller y de las empresas con jóvenes aprendices y buenos profesionales, la mesa de la familia compartiendo el pan ganado con el sudor de la frente”.
