Caos vehicular en la zona céntrica por obras en construcción y doble fila en escuelas

En la teoría, Mar del Plata crece. En la práctica, circular por el centro entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde se convirtió en una prueba de paciencia extrema. El tránsito ya era complicado desde hace años, pero hoy la situación parece haber explotado definitivamente: colegios, obras en construcción, camiones hormigoneros y cortes improvisados convierten cada cuadra en una trampa.

Pasar frente a un establecimiento educativo en horario de ingreso o salida es directamente imposible. Doble fila, triple fila y autos detenidos en cualquier lugar forman parte de una postal cotidiana que nadie controla seriamente. El problema no termina ahí. A ese caos habitual ahora se le suman las obras en construcción que proliferan en la zona céntrica.

Cuando un camión tolva llega para llenar una losa con cemento, la calle prácticamente desaparece. Personal de tránsito corta el paso una cuadra antes y obliga a los conductores a desviarse varias cuadras para retomar el recorrido. Lo que debería ser un trayecto de dos cuadras termina transformándose en una vuelta absurda de ocho o diez. Y si no queda otra que esperar, aparece el clásico “tipo galleta” del tránsito que demora varios minutos más mientras intenta ordenar un desorden imposible.

Nadie discute que las obras generan trabajo ni que la ciudad necesita crecer. Pero también trabaja quien circula: el remisero, el comerciante, el repartidor, el médico, el vecino que simplemente intenta llegar a horario. Hoy pareciera que el tránsito quedó librado a la improvisación permanente.

La pregunta es inevitable: ¿de verdad no existe una forma más organizada de coordinar las obras con la circulación vehicular? Tal vez establecer horarios específicos para los camiones, garantizar una vía libre o reforzar controles en escuelas. Algo. Porque mientras la ciudad construye hacia arriba, abajo, en las calles, el caos ya llegó a un límite difícil de sostener.