El cierre de la histórica juguetería Periquita en Catamarca y San Martín disparó la emotividad de los marplatenses, pero el fondo de comercio ya era de la distribuidora Jade mayorista desde 2023. Detrás del símbolo, hay una realidad más brutal en los comercios del centro. Alquileres que se duplicaron de golpe, negocios de décadas al borde del cierre y locales vacíos que se acumulan por cuadra.
Cuando los ventanales de Periquita aparecieron tapados el lunes, las redes se llenaron de recuerdos. Era esperable luego de cincuenta años. La juguetería ya había dejado de ser Periquita hace tres años. Desde 2023, el fondo de comercio pertenece a Jade, la distribuidora mayorista que en ese mismo período expandió su presencia en el centro marplatense a varios locales simultáneos. Lo que el lunes pareció el cierre de un símbolo era, en rigor, una reorganización interna de una cadena que ya controla el espacio. Probablemente de un traslado de la marca de su sucursal en Rivadavia casi Independencia (que se encuentra cerrada ya hace varias semanas) al local de San Martín.
A metros de esa esquina, los comerciantes que llevan décadas en la zona enfrentan una tormenta que no tiene nada de sentimental. Alquileres que se duplicaron en pocos meses, ventas que no repuntan, competencia mayorista que opera con ventajas de escala imposibles de igualar y una incertidumbre que se extiende hacia el invierno y el año electoral. Varios locales históricos ya cerraron. Otros siguen abiertos apenas, con las cuentas en rojo y sin margen de maniobra.
El bloque de FAVA y los aumentos que nadie negoció
Una parte significativa de los locales de la zona pertenece a un consorcio administrado bajo el paraguas de FAVA. La situación cambió drásticamente en noviembre pasado, cuando falleció Sonia Jorgelina Fava, la propietaria del conjunto. Desde entonces, el administrador que gestiona los contratos aplicó subas que, en varios casos, rondaron el 70% de un golpe.
Mariana Loubon y Leonardo Rodríguez llevan casi dieciséis años al frente de El Costurero, una mercería que compraron a sus dueños anteriores y que, en total, acumula casi 35 años en el mismo local. De 700.000 pesos mensuales pasaron a enfrentar una pretensión inicial de un millón y medio. Tras una negociación en la que amenazaron con irse, cerraron en un millón ciento veintiséis mil. “De 700.000 nos lo llevaron a casi un millón doscientos. Cuando le dijimos que nos íbamos, bajó un poco”, relató Leonardo en diálogo con el Retrato.
El local, sin embargo, no pudo pagar. “Hoy deberíamos haberlo pagado y solo le pudimos dar 200.000 pesos. El mes pasado también nos atrasamos. Lo terminamos pagando una semana después del vencimiento”, detalló Mariana. Lo que la terminó de indignar fue la sugerencia del administrador de echar a su empleada de quince años para reducir costos. “¿Cómo la voy a echar? Me genera un costo enorme de indemnización, además de que ella perdería su trabajo”, sostuvo.
La situación se replica en el local contiguo. Perla Di Santo lleva décadas como comerciante en la zona, veintiséis años en Catamarca casi Luro, luego se mudó al bloque actual, y trabaja sola en el local. Su joyería Nácar, especializada en acero quirúrgico a precios accesibles, paga 850.000 pesos por un local pequeño. Antes pagaba 450.000.
Jade por todos lados, ganancia por ninguno
El otro vector de presión no viene de los propietarios sino del mercado. La distribuidora Jade, la misma que absorbió Periquita, opera varios locales en el radio inmediato y acaba de cerrar su sucursal de Rivadavia para mudarse, precisamente, a la esquina histórica de Catamarca y San Martín. No es el único mayorista que avanza sobre la zona.
Pamela, al frente de Smile Equipajes tras 35 años en el mismo local, describe el avance de la marca mayorista: “Jade reventó a todos. Ellos compran a los mismos proveedores que nosotros, pero tienen descuentos por volumen y por tener varios locales. Ahí está el problema”. El golpe no es solo de Jade. A metros de su local, donde funcionaba Casa Tuyen, que no llegó al año, está por instalarse Bella Paloma, otro mayorista de gran superficie. “Yo tuve que negociar con mi importador principal para que me dé mayor descuento porque nos va a reventar a mí, y a las marroquinerías de la zona que tienen muchísimos años”, advirtió.
El resultado de esa pinza es una reducción de márgenes que choca directamente con costos fijos, que no ceden. “Tenemos que asumir los costos de las tarjetas y los bancos para hacer caja todos los días, pero al reducirse la ganancia, eso impide que quede como para pagar los costos fijos”, describió. Pamela paga 3.500.000 pesos de alquiler. Aclaró, sin embargo, que ventas no faltan pero que el número no alcanza para cubrir la estructura. “Este mes se está sintiendo. Desde el lunes, vendí la mitad de lo que vendo siempre”.
