el Retrato de viajes: Hoy Lucía nos muestra Levi en el corazón de Finlandia

Levi, en el corazón de la Laponia finlandesa, parece salido de un cuento: nieve infinita, bosques blancos, auroras boreales danzando sobre el cielo y un paisaje donde el silencio se vuelve parte de la experiencia. Pero detrás de esa postal soñada existe otra cara: la de una vida cotidiana atravesada por temperaturas extremas, largas noches sin sol, costumbres distintas y una conexión profunda con la naturaleza.

Quien conoce esa realidad desde adentro es Lucia Soulié Di Maio, que vivió allí y hoy comparte cómo es habitar uno de los lugares más impactantes, y extremos, del planeta. Amante de los viajes, la aventura y la fotografía, gran parte de sus experiencias laborales alrededor del mundo estuvieron siempre vinculadas al deporte y la naturaleza. Entre sus trabajos se desempeñó como profesora de esquí, además de realizar actividades relacionadas con escalada, kayak, trekking y mountain bike, combinando su pasión por los paisajes extremos con la vida al aire libre.

“En Levi la dinámica cambia completamente”, cuenta. Desde la forma de vestir hasta la alimentación, las actividades sociales e incluso el sueño, todo se adapta a un clima que puede alcanzar los -40 grados. “Cuando hace tanto frío, los autos muchas veces no arrancan por la batería y, para que el agua no se congele, hay que dejar el grifo apenas abierto durante todo el tiempo”, explica.

A esto se suma un desafío menos visible: la oscuridad. Durante los meses en los que el sol apenas aparece, la vitamina D se vuelve indispensable y la ausencia de luz impacta tanto en el cuerpo como en el estado de ánimo. Diciembre y enero traen el famoso Kamos, término finlandés que define el período en que el sol no logra aparecer sobre el horizonte.

Sin embargo, si algo marcó profundamente a Lucía desde su llegada fue el espectáculo natural que convirtió a Levi en un lugar inolvidable.

“Las auroras boreales fueron lo que más me impactó”, recuerda. Su primer encuentro con ellas ocurrió incluso antes de aterrizar: “Las vi desde el avión. El piloto anunció por micrófono que era una noche muy buena de auroras y nos pidió abrir las ventanillas para disfrutar del show. Fue un momento único y mágico”.

La vida cambia radicalmente según la estación. En invierno, el paisaje permanece cubierto por nieve durante meses, acumulándose constantemente porque las temperaturas se mantienen bajo cero desde noviembre hasta marzo. La oscuridad también juega un rol fundamental, ya que ofrece una oportunidad única para observar las auroras boreales con total claridad.

El verano, en cambio, parece otro mundo. Los lagos dejan de estar congelados, el verde vuelve a cubrir los bosques y el sol puede seguir brillando incluso a las dos de la madrugada. Pero no todo es perfecto: “Lo peor del verano son los mosquitos”, advierte entre risas. “Por los lagos y bosques hay muchísimos y es muy difícil escapar de ellos”.

Cultura, respeto y honestidad

La vida social también tiene códigos propios. Según Lucia, los habitantes de Levi están acostumbrados a convivir con visitantes de todo el mundo gracias al turismo, principal motor económico de la región.

“Son abiertos a los extranjeros, pero siempre manteniendo esa distancia característica de los finlandeses”, explica.

En el día a día también aparece la influencia de la cultura sami, el pueblo originario del norte de Europa. Aunque muchas veces vinculada al turismo, se percibe en paseos en trineos con renos, la vestimenta típica y los comercios dedicados a artesanías y recuerdos tradicionales.

Pero si algo la marcó especialmente fue la escala de valores finlandesa: respeto, igualdad y honestidad.

“Lo que más aprendí fue la honestidad. Hay muchísima confianza. Todo el tiempo que viví en países nórdicos jamás cerré mi casa o el auto con llave. Lo que no es tuyo, no se toca”, resume.

¿Es caro vivir en Levi?

La respuesta es sí. Y bastante.

La comida, el alojamiento y el entretenimiento tienen precios elevados. Con apenas dos supermercados en la zona, los costos son más altos que en otras partes de Europa. Comer en un restaurante puede costar unos 60 euros por persona entre plato principal y bebida, mientras que una cerveza ronda los 13 euros.

El alojamiento es otro punto complejo: la alta demanda encarece la oferta. Hay desde habitaciones sencillas por unos 100 euros la noche hasta exclusivos iglús de cristal —pensados para observar auroras boreales desde la cama— que superan los mil euros.

En cuanto a las actividades, el pase diario de esquí ronda los 48 euros, alquilar el equipo cuesta cerca de 50 euros y excursiones como motos de nieve, trineos con huskies, renos o tours para cazar auroras oscilan entre 160 y 200 euros.

“Un turista promedio puede gastar alrededor de 800 euros por día entre hospedaje, comida y actividades”, calcula.

Uno de los aspectos que más la sorprendió fue el sistema médico privado. “En Levi hay muchos accidentes de esquí y solo existen clínicas privadas. Si no tenés seguro médico, un simple rayo X puede costar 800 euros”.

Sabores de Laponia y rituales del frío

La gastronomía también tiene identidad propia. Se consume mucha carne y el plato más típico es el reno. Entre las especialidades tradicionales aparece el Karelian pie, una especie de pan relleno de arroz.

El alcohol ocupa un lugar fuerte en la cultura finlandesa, especialmente durante el invierno. Bebidas como Mintu, Jalovina, Longero o Salmiakki forman parte de la tradición.

“Para un día de esquí es muy típico llevar un termo con chocolate caliente y Mintu, además de salchichas para cocinar al fuego en los refugios”, cuenta.

Frutas y verduras, en cambio, suelen perder protagonismo debido a las condiciones climáticas y a la dificultad de conseguir productos frescos.

A pesar de la falta de luz invernal, Levi nunca se detiene. Las pistas cuentan con iluminación artificial y muchas experiencias, como las excursiones para buscar auroras boreales, dependen precisamente de la oscuridad.

Las experiencias que no se pueden dejar pasar

Si tuviera que recomendar actividades, Lucía no duda: esquiar bajo auroras boreales, hacer karting sobre hielo, disfrutar de una sauna y sumergirse en un lago congelado, recorrer granjas de renos, realizar tours con huskies y visitar la casa de Papá Noel.

Pero hay una experiencia que, para ella, supera todas.

“Esquiar fuera de pista en el bosque, especialmente después de una gran nevada. Perderme entre árboles vestidos de blanco, escuchar el silencio absoluto y sentir la adrenalina de esquivar troncos mientras avanzas a velocidad… es una sensación de libertad hermosa”.

¿A quién recomendaría Levi? A amantes del invierno, aventureros, cazadores de auroras y familias con niños que quieran vivir la magia navideña en diciembre. ¿A quién no? “A quienes no toleran el frío o prefieren vacaciones cálidas”.

¿Y si tuviera que resumir todo en una frase?

“Live, Love, Levi”

Porque hay destinos que se visitan. Y otros, como Levi, que quedan para siempre en la memoria.

Seguí sus viajes y experiencias en Instagram: @soulielu