El INDEC confirmó la desaceleración del IPC de abril, la más baja en lo que va de 2026. Sin embargo, vecinos consultados en supermercados de la ciudad advierten que el alivio oficial no llega al carrito de compras.
El Gobierno nacional celebró esta semana el dato de inflación de abril. 2,6% según el INDEC, la cifra más baja en cinco meses y casi un punto menos que el 3,4% registrado en marzo. Pero en los pasillos de los supermercados, el festejo oficial no tiene efecto aun. Las góndolas siguen caras, los sueldos no alcanzan y la percepción del vecino dista mucho de los porcentajes que publica el organismo estadístico.
Desaceleración no es baja
Según los economistas, esta baja de la inflación se traduce en que los precios van a aumentar, pero un poco menos que antes. La aclaración no es menor. Desaceleración no significa que los precios caigan, significa que suben más despacio.
El acumulado del primer cuatrimestre del año ya llegó al 12,3%, con una variación interanual del 32,4%. Eso significa que, en promedio, lo que costaba 100 pesos en abril de 2025 hoy vale 132,40. El freno de abril no borra ese recorrido.
El mayor aumento del mes lo registró Transporte, con una suba del 4,4%, impulsada por los combustibles. Le siguieron Educación (4,2%), Comunicación (4,1%) y Vivienda, agua y electricidad (3,5%). Los precios regulados en conjunto treparon 4,7%, muy por encima del promedio general.
En el otro extremo, Alimentos y bebidas no alcohólicas subió apenas 1,5% en abril. Algunas carnes incluso retrocedieron en el Gran Buenos Aires: el asado bajó 1,5% y el pollo cayó 0,9%. Pero esa moderación no fue uniforme: la leche fresca subió 4,8%, el queso cremoso 5,3% y el jabón de tocador 5,7%. La desaceleración existe, pero todavía convive con aumentos relevantes en segmentos sensibles del consumo diario.
Lo que dicen en el súper
el Retrato salió a preguntar directamente en los supermercados y tiendas de Mar del Plata. Las respuestas pintan un mapa más matizado que el que suelen presentar tanto el optimismo oficial como el alarmismo mediático.
Cristina Elena Galliano, jubilada, reconoció el impacto pero señaló dónde lo siente con más fuerza: “Se ve reflejado en las góndolas y en los remedios. Pero te diría que poco.” Para Galliano, son los medicamentos, un rubro que no integra la canasta de alimentos del IPC, donde el golpe se hace más difícil de absorber.
Norma Isabel Caselli, también jubilada, amplió el diagnóstico: “No solo en las góndolas, donde yo creo que se ve es en las estaciones de servicio. Hemos empezado a consumir segundas marcas más económicas, evidentemente nos está empujando el precio.”
Priscila Núñez aportó una mirada más cotidiana. “Hago las cosas en casa, no he visto grandes aumentos”, planteó, aunque reconoció que el aceite “siempre está caro” y que los aumentos en la carne fueron graduales, “de a 100 pesos”. Su estrategia, como la de muchos, es aprovechar las ofertas y las promociones de la Cuenta DNI. “Tengo la fortuna de vivir en la periferia. Cuando voy a la vuelta, al chino, hay una gran diferencia de precios. Lo noto cuando vengo al centro.”
La más contundente fue Vera Bertani, quien cuestionó la narrativa catastrofista: “Está todo caro, como siempre, pero no aumenta una barbaridad. Es alarmista decir que cuando sube la inflación las góndolas explotan de caras. No funciona así.”
Más allá de la percepción de los consumidores, los datos del INDEC revelan una tendencia estructural que preocupa a los analistas. En términos interanuales, los bienes acumulan una suba del 27,4%, mientras que los servicios avanzan al 43,1%. La diferencia refleja el proceso de recomposición tarifaria de precios que habían quedado rezagados durante los años de controles más intensos.
Mientras tanto, los factores de presión sobre la estructura de costos no desaparecieron. El impacto del precio del petróleo y los plásticos sobre toda la cadena productiva sigue siendo un riesgo latente.
