Jesús José Vega tenía 50 años, vivía en la calle y era una figura conocida en la esquina de San Luis y 9 de Julio. Este jueves fue hallado sin vida frente al Jardín de Infantes Nº 935 “Alfonsina Storni”. Horas antes había rechazado la asistencia del SAME. Su muerte llegó al Concejo Deliberante y expuso una vez más la fragilidad del sistema de contención.
Jesús José Vega fue hallado sin vida en la esquina de San Luis y 9 de Julio, frente al Jardín de Infantes Nº 935 “Alfonsina Storni”, en pleno centro de Mar del Plata. Tenía 50 años.
En el barrio lo conocían como “Jony“. Hacía al menos dos o tres años que frecuentaba esa esquina, donde se ganaba algo cuidando autos. “Cuidaba autos desde hacía muchos años, muchos. La gente trataba de ayudarlo con lo que podía”, contó una vecina. Otros frentistas señalaron que desde la noche anterior se lo había visto mal. “Hoy pasó una patrulla, lo quiso llevar y el tipo se negó”, relató otro vecino de la zona.
La noche anterior, a las 21.30 del 13 de mayo, personal del Departamento de Asistencia Crítica y Urgencias Sociales concurrió a la zona de 9 de Julio al 2762. Vega estaba ahí. Rechazó el traslado al parador y la atención médica. Fue la última intervención registrada.
Una historia larga con el sistema
El Departamento de Asistencia Crítica y Urgencias Sociales lo conoció en 2024, durante recorridas de calle. Ingresó por primera vez al Parador Las Américas el 20 de noviembre de 2024. En una entrevista inicial relató que su pareja e hijos vivían en la ciudad pero había perdido el contacto con ellos como consecuencia del consumo problemático de sustancias. Dijo que recibía tratamiento en el Centro Provincial de Adicciones (CPA) y participaba de dispositivos grupales.
Durante 2025, los episodios se fueron acumulando. En junio y julio fue localizado en 9 de Julio y Catamarca alcoholizado, en ocasiones rechazaba el parador y en otras, cuando el equipo volvía de madrugada, aceptaba ser trasladado. A veces solo aceptaba una bebida caliente y una frazada. El 18 de julio retiró toda su medicación del parador por la mañana, esa noche reconoció haberla cambiado por otras sustancias. El 21 de julio, una ambulancia del SAME determinó que no tenía criterio de internación y lo trasladó al parador, pocas horas después se fue, argumentando que quería comprar cigarrillos. En septiembre rompió vidrios en el parador sin motivo aparente. Avergonzado, no volvió a pernoctar hasta noviembre. Durante 2026 no demandó lugar de permanencia. Se lo localizó en la vía pública en diferentes días.
Desde la Secretaría de Seguridad informaron además que Vega registraba alrededor de 50 procesos penales con ingresos a distintas comisarías por resistencia a la autoridad, disturbios y daños en comercios, y que la Patrulla Municipal le había labrado 51 actuaciones contravencionales vinculadas principalmente al consumo de alcohol y al acampe en la vía pública.
El Concejo lo nombró
La muerte de Vega llegó al recinto del Concejo Deliberante mientras se desarrollaba la sesión de rendición de cuentas del ejercicio 2025. La concejal Melisa Centurión pidió un minuto de silencio. “No podemos naturalizar las muertes de las personas en situación de calle. Si la muerte fuera una celebridad, estaríamos pidiendo un minuto de silencio como lo hemos hecho en muchas oportunidades. No es una persona pública, no es una celebridad, pero es un vecino de Mar del Plata. Un vecino que esta mañana falleció en el olvido, en el abandono”, planteó.
La concejal Vilma Baragiola lamentó el fallecimiento y defendió el trabajo de los equipos municipales, al tiempo que señaló los límites que impone la Ley de Salud Mental al momento de intervenir. “Lo digo porque conozco la calidad de personas que tienen, la gente que está en Desarrollo Social, y particularmente en lo que hace a este tipo de operativo de situación de calle, que está mano a mano con aquellas personas que terminan, lamentablemente, viviendo en la calle. Le ofrecieron poder trasladarlo y no lo aceptó”, sostuvo. Y amplió el marco: “Lamentablemente, en Mar del Plata, desde el año 2022, ha ido creciendo la cantidad de personas en situación de calle, y cada vez hay más”.
Entre 150 y 160 viandas por noche, y siempre falta
Emilio M. Rubio Santos, secretario de la Asociación Civil La Noche de la Caridad, pone números concretos al fenómeno que las instituciones todavía no terminan de censar. Las recorridas nocturnas de la organización, que van a los lugares donde la gente duerme, sin puntos fijos, distribuyeron en los últimos meses entre 150 y 160 viandas por noche. Y aun así, no alcanzan.
“Anoche me tocó salir con mi mujer y en uno de los últimos puntos teníamos una determinada cantidad de viandas para tres personas que estaban ahí, y se nos apareció una señora pidiéndonos comida. Ella vivía en la parroquia Nuestra Señora del Huerto, y nos dijo que detrás del hotel Pino Hue, sobre la Ruta 88, había tres personas con un nene de 12 años durmiendo ahí que no tenían para esa noche. Nosotros justo nos quedamos sin nada. Esta señora se nos puso a llorar, pidiéndonos casi disculpas por pretender llevarle un plato de comida a su hijo”, relató Rubio Santos en diálogo con el Retrato.
La población que asiste la organización es mayoritariamente masculina y adulta. Los casos de niños son excepcionales, aunque no inexistentes. Los adultos mayores concentran la mayor preocupación con la llegada del frío. La organización sostiene el Hogar Hijos de María, en el edificio del ex Hotel City sobre Diagonal Alberdi, con 20 personas alojadas mayores de 60 años bajo guarda provisoria otorgada por la Justicia Federal Penal. “Tras la condición vulnerable que tiene una persona en situación de calle, sumarle la edad avanzada torna a una persona mucho más complicada en cuanto a su estado de salud y sus posibilidades de futuro. Ahí es donde se producen casos lamentables como la muerte”, advirtió.
El invierno que empieza preocupa. “Ya venimos en mayo con fríos que no son habituales. Casi todos los inviernos tenemos alguna persona fallecida producto del frío”, señaló Rubio Santos. Los cajeros automáticos, que funcionaban como refugio nocturno informal, empezaron a cerrar sus accesos con rejas o llaves, quitando uno de los pocos resguardos disponibles. Las zapatillas y las mantas mojadas son el pedido más frecuente en las recorridas.
La organización sostiene su trabajo íntegramente con aportes privados y donaciones. Quien quiera sumarse, con dinero, insumos o tiempo, puede hacerlo a través de sus canales.
