El empresario gastronómico Alejandro Fuscaldo tiene la perspectiva cotidiana sobre lo que pasa con el consumo, la inseguridad y la imagen de la ciudad. También se refirió a la crisis del comercio local, la inseguridad y el invierno que se viene. “La gente a las 7 de la tarde ya baja todas las cortinas”, advirtió.
El anuncio del ministro bonaerense Augusto Costa sobre el traspaso del complejo Punta Mogotes al Municipio, condicionado a la finalización de un proceso licitatorio y obras de modernización que podrían demorar años, generó reacciones cruzadas en la política local. Para Fuscaldo, el debate tiene una respuesta simple: “De una vez por todas, la Provincia tiene que entregarle el espacio a la ciudad. No hay mejor cosa que lo gestionemos los marplatenses”.
El empresario ilustró la situación con una imagen: “A veces uno va caminando y dicen: la baldosa de este lado es de la Provincia, la del otro lado es de Mar del Plata. El turista, cuando va caminando por la Rambla o por distintos lugares, va caminando por Mar del Plata y no distingue”. Y fue más allá: “Le empiezan a poner carteles sobre qué es provincial o municipal. La Rambla, que ahora la están refaccionando y van a tardar dos años más, está todo pintado, feo, con gente durmiendo en situación de calle y los negocios cerrados. Es la vidriera de Mar del Plata, algo arquitectónico hermoso creado por Bustillo, y está tirado abajo”.
Para Fuscaldo, la oportunidad política ya existió y se desperdició “cuando los tres colores políticos eran del PRO, se podría haber pasado a manos municipales, tanto Mogotes como la Rambla, y no se hizo”.
Sobre el modelo de explotación que debería tener el predio, aclaró que primero tiene que haber buenos proyectos arquitectónicos, espacios verdes, modernización de los balnearios y uso los 12 meses del año. “Hoy pasás durante el invierno y no tiene ningún uso. Mar del Plata ha crecido muchísimo, antes en Punta Mogotes no vivía gente y hoy hay gente todo el año, al igual que en la zona sur. Hay que potenciar esos lugares para tener mayor movimiento”.
Los comercios con persianas bajas
La UCIP (Unión del Comercio, la Industria y la Producción) difundió recientemente un relevamiento que indica que el comercio local resiste con un 92% de los locales activos. Fuscaldo no discutió el número, pero sí lo que muestra la calle. “Cualquiera que va por la zona céntrica o por Juan B. Justo ve persianas bajas”, planteó.
A la ecuación económica se suma otro factor que Fuscaldo vive de cerca como comerciante. “La gente a las 7 de la tarde ya baja todas las cortinas. El que quiere salir de noche tiene miedo, y capaz no quiere ni ir a un restaurante a dos cuadras si tiene que gastar en taxi por miedo. Es un círculo vicioso”, describió.
El impacto sobre la gastronomía es menos gente en la calle, menos clientes, y más presión sobre márgenes que ya están ajustados. “Ni hablar de la gente en situación de calle que a la noche rompe vidrieras para entrar a robar. Todos los días vemos cómo rompen todo, lo cual suma gastos. La policía no da abasto, no se ven patrulleros ni efectivos, y no hacen nada”, señaló.
Sobre la población en situación de calle, Fuscaldo cuestionó los números oficiales: “En los últimos censos hablaban de 500 personas, pero debe haber entre 2.500 y 3.000 como mínimo. Muchos vienen de otras localidades y provincias”. Y descartó las soluciones cosméticas: “Con una mesa de diálogo no se solucionan las cosas. Les decís que levanten los colchones, dan la vuelta y vuelven”.
