el Retrato recorrió los puntos más castigados por el temporal del sábado. Tres escenas de una ciudad que aprendió a convivir con el mar, pero que esta vez pagó un precio alto.
La ciclogénesis extratropical que azotó Mar del Plata el sábado 9 de mayo dejó una estela de daños que todavía se contabiliza. Las olas alcanzaron hasta siete metros de altura en el tramo de costa comprendido entre Mar del Plata y Necochea, con ráfagas de viento que rozaron los 100 kilómetros por hora y una alerta naranja del Servicio Meteorológico Nacional que mantuvo en tensión a la ciudad durante toda la jornada. El Retrato salió a recorrer los lugares más golpeados.
Hamburgo: barricadas en los vidrios
La hamburguesería Hamburgo, emplazada junto al Torreón del Monje, se viralizó durante la noche del sábado con imágenes de agua golpeando de lleno contra sus ventanales. Gonzalo Gallardo, dueño de la marca, relató cómo la situación fue escalando de manera imprevista. Durante la primera parte del sábado, el oleaje corría en dirección sur y pegaba de costado, afectando principalmente al Sport Club y al entorno inmediato del Torreón. “Nosotros no teníamos problema”, recordó. Pero cerca de las 9 de la noche, el viento giró hacia el sudeste y todo cambió. “Ahí empezó a pegar de frente. Tomamos la decisión de cerrar”, señaló Gallardo en diálogo con el Retrato.

El local ya venía operando con precauciones desde el viernes, con el salón reducido, la gente apartada de los ventanales. Cuando decidieron desalojar, comenzaron a tapiar con madera. No alcanzó. “Cuando terminamos de poner las últimas mesas y tablas, una ola grande rompió el primer ventanal”, detalló. El recuento final fue de dos ventanales grandes, una puerta trasera y siete ventanas chicas que cedieron ante el embate. El agua que entró quemó tomas eléctricas, una computadora y un televisor.
“Por suerte no fueron más que daños materiales”, dijo Gallardo. El seguro ya pasó, los vidrios se están reponiendo, y el plan es reabrir de noche solo en modalidad take away hasta que la calefacción quede restablecida. “Estaremos reponiendo todo en una semanita más. Y después vamos a intentar hacer una especie de reapertura con algún evento, para recaudar un poco y cambiar un poco la página. Estamos medio tristes ahora”, reconoció.
El muelle resistió, pero no salió ileso
Sobre la costa y Luro, el histórico muelle del Club de Pesca Mar del Plata también recibió el impacto. Rodolfo Murillo, actual presidente de la institución y administrador del muelle, recibió a el Retrato con los operarios todavía trabajando en el lugar.
El diagnóstico fue menos grave de lo que las imágenes sugerían. “Salió bastante bien parado el muelle, evidentemente está bien construido”, afirmó Murillo. Lo que cedió fue la losa del frente, una estructura diseñada específicamente para absorber el impacto antes de que llegue a las vigas y columnas. “Eso hace de fusible”, explicó. “Permite que no sufran ni las vigas ni las columnas. Sufren el embate de la ola, pero no se van con la losa porque no son solidarias”. La estructura portante, en otras palabras, no se comprometió.
El muelle siguió funcionando en su sector comercial durante todo el temporal. Lo que se cerró por seguridad fue la circulación de socios en la zona afectada. Un ingeniero estaba previsto para el día siguiente para evaluar posibles daños colaterales y calcular plazos. “Mañana calculo, a más tardar pasado, podríamos llegar a estar habilitando para los socios ese sector”, anticipó Murillo.
La costa sur: una derrota anunciada
Diego Sánchez Cabezudo, concesionario de los balnearios Rilancó y Balcón del Sur, habló de un proceso de destrucción que lleva años y del que este temporal es solo el último episodio.
“El lugar es irrecuperable ya, dramáticamente irrecuperable”, sostuvo. Su diagnóstico responde a la extensión de la escollera de Necochea en 2008, que interrumpió la deriva natural de arena que va de sur a norte, y desde entonces la playa del sector sur de Mar del Plata no para de retroceder. “Cuanto menos arena hay, el mar entra más atrás, cuanto más atrás entra, más rompe y más se lleva”, describió. La obra que podría haberlo compensado, un bypass permanente de dragado, nunca se ejecutó. “Esa plata se la llevaron para otro lado”, afirmó.
El resultado, según Sánchez Cabezudo, ya excede lo económico: “Hoy las bajadas públicas no existen más en este sector, no hay más acceso público, no hay más escaleras públicas, no hay más playa pública. Se terminó. Ya no hay más ni arena para pelearse”.
La solución que reclama tampoco es nueva, completar los rompeolas previstos desde Acantilados hasta la Restinga, de los cuales solo se ejecutaron cuatro de los ocho originales.
“Que los gobiernos, tanto municipal como provincia y nación, se dejen de joder con la política, que pongan por delante una vez a la gente y a la ciudad”, demandó.
